Lunes, 2 de febrero de 2004

Por Antón Costas, catedrático de Política Económica de la UB (EL PAÍS, 02/02/04):

Confieso que tengo simpatía por Josep Lluís Carod Rovira. Representa una entrada de aire fresco en la política catalana, encerrada demasiado tiempo en un establishment que, por el momento, ya no podía dar más de sí. Por eso defendí que la participación de Esquerra en un gobierno con los socialistas y antiguos comunistas era una solución novedosa y sofisticada, como requieren los tiempos actuales, y no representaba ningún peligro de aventurerismo para la vida política catalana y española.

Quizá por esto me he quedado, como muchísimos ciudadanos de este país, perplejo por su iniciativa de reunirse, en el momento en que ostentaba la condición de conseller en cap, con ETA.…  Seguir leyendo »

Por Juan Goytisolo, escritor (EL PAÍS, 02/02/04):

Quienes ingresamos en los colegios religiosos en la década miserable de los cuarenta y crecimos en el erial de la mortífera conjunción de Iglesia y Falange -cimentada por muchos deudos y allegados de los que hoy nos gobiernan-, no aprendimos cosa en las aulas que nos ayudara a comprender y reflexionar: sólo un fárrago de preceptos inútiles, nociones y reglas ajenas al tiempo, nombres y fechas carentes de contexto, presuntos saberes que no tardarían en volatilizarse y caer en justiciero olvido. Cuanto descubrí con provecho fue extramuros: en la biblioteca que perteneció a mi madre o en la trastienda de las librerías abastecidas de obras impresas en Buenos Aires o México.…  Seguir leyendo »

Por Pilar Rahola, periodista (EL PERIÓDICO, 02/02/04):

Lentamente el caso Carod va convirtiéndose en los muchos casos que encierra. Sin duda, a estas alturas, Josep Lluís Carod-Rovira ya sabe que en las formas habitan los demonios, y que los suyos se han despertado de golpe. El resultado es una suma de descrédito personal, de inestabilidad institucional, de recelo entre partes, de daño a terceros y de regalo de lujo a los enemigos.Defiendo a Carod en el acoso y derribo que ha sufrido por parte de lo más cavernoso de la España irredente, como defiendo su voluntad pacifista. Pero la defensa no puede ir más allá con el cúmulo de errores que acumula un gesto que promete atormentar las aguas catalanas.…  Seguir leyendo »