Viernes, 17 de septiembre de 2004

K. S. Karol es periodista francés especializado en cuestiones del Este (EL PAIS, 17/09/04).

Me acuerdo de Beslán por haber estado hospitalizado allí durante la II Guerra Mundial, en 1942. Entonces era una pequeña y bonita ciudad, muy tranquila, encerrada en su circo de montañas. Todas las nacionalidades caucasianas estaban representadas en ella, pero, en aquella época, no se experimentaba ninguna xenofobia, ningún racismo. La forma de hablar hacía las funciones de tarjeta de visita. Un caucasiano que se expresaba en un ruso perfecto sólo podía ser de Osetia. Un amigo me había dado una explicación: instalados sobre una montaña que abre el camino hacia Georgia -la famosa vía militar de Vladikavkaz a Tbilisi aún existe-, los osetios tenían más contacto con los rusos y manejaban mejor su lengua.…  Seguir leyendo »