2007 puede ser un año de cambios

Por Mário Soares, ex presidente y ex primer ministro de Portugal. Traducción de Carlos Gumpert (EL PAÍS, 09/01/07):

2006 ha sido un pésimo año para Occidente. Y no sólo para los Estados Unidos, sino para la Unión Europea también. Como es obvio, hubo en muchos aspectos progresos destacables, sobre todo en los ámbitos de la ciencia, de la tecnología, de las artes y de la cultura en general. Pero 2006 marcó el inicio del descrédito de Occidente, en un mundo multilateral en acelerada transformación, debido a los tremendos errores geoestratégicos cometidos por los Estados Unidos -en Irak, en Afganistán, en la “guerra” contra el terrorismo global- y dadas asimismo las graves omisiones de la Unión Europea y la parálisis, preanuncio de decadencia, en la que se ha visto inmersa desde que aceptó meter en el congelador su Tratado Constitucional. Sin olvidar a Israel, infeliz país, al que Occidente permitió embarrancarse en su conflicto con Palestina y lanzarse a una invasión del Líbano de devastadoras consecuencias.

Lo más grave de todo, en cualquier caso, fue la perdida de autoridad moral del Gobierno de Bush, por no respetar los derechos humanos e ignorar deliberadamente las reglas del Derecho Internacional y de la Convención de Ginebra, así como por su tentativa de marginar a las Naciones Unidas y de desligarse sintomática y peligrosamente del Protocolo de Kioto. Y ello a pesar de los dramáticos llamamientos de Al Gore, quien tuvo el gran mérito de situar en la agenda mundial, irrecusablemente, la urgente necesidad de encontrar soluciones para los gravísimos problemas ecológicos que afligen al Planeta, por culpa del hombre.

En cualquier caso, se dieron a finales de 2006 grandes señales de esperanza. Las que se derivaron de los resultados -clarísimos- de las elecciones norteamericanas del 7 de noviembre, que supusieron una condena, sin paliativos, de la política global del presidente Bush. En el plano de la política exterior, claramente; pero también en clave interna, dado el déficit financiero de la nación, insostenible a largo plazo, el agravamiento creciente de las desigualdades sociales, la incapacidad de gestión del territorio, como se demostró en el desastre Katrina, el aumento de los casos de corrupción, etcétera.

Con todo, la mayor dificultad para los próximos tiempos reside en la circunstancia de que a Bush le quedan aún, al frente del Gobierno de EE UU, dos años de mandato. Por más que estén condicionados. Es verdad que se verificaron en seguida, después de las elecciones, consecuencias positivas: la dimisión y sustitución de Donald Rumsfeld y del representante de los Estados Unidos en las Naciones Unidas, John Bolton (a lo que Bush se vio forzado); y la divulgación del informe del republicano James Baker y del demócrata Lee Hamilton, que resultó mucho más severo para Bush -en la apreciación de las políticas y en las recomendaciones- de lo que se hubiera podido pensar.

¿Cómo será la convivencia de Bush, en 2007, con un Congreso mayoritariamente hostil a su política, sabiendo que la opinión pública es también extremamente crítica y que el propio partido republicano empieza a tomar sus distancias, en relación al presidente? Es difícil de prever. Pero es muy probable que George Bush haya empezado a morir, políticamente, el 7 de noviembre de 2006. Pero aún está vivo y puede seguir haciendo grandes estragos.

Por lo tanto, 2007 puede ser un año de cambios. ¡Ojalá sea así! Más rápidos o más lentos, en consonancia con la relación de las fuerzas internas en los Estados Unidos y en la Unión Europea, su principal aliada. Porque, no lo olvidemos, las opciones que se plantean en los Estados Unidos son extraordinariamente complejas: una economía dominada por la especulación financiera, con su base productiva en pérdidas; asediada por las potencias emergentes, que empiezan a ser altamente competitivas; envuelta en varias guerras externas, sin soluciones a la vista que no sean terriblemente traumáticas; con una opinión interna dividida, falta de fe, que condiciona a los dos principales partidos. No resulta nada fácil encontrar una base consensual que suscite una nueva dinámica y abra un nuevo ciclo. ¡Haría falta un gran presidente, a la altura de Franklin Roosevelt..!

La Unión Europea parece haber percibido, por fin, que debe sacudirse rápidamente su entumecimiento y avanzar, definiendo una política autónoma respecto a los Estados Unidos, así como impulsando de nuevo los lazos de su alianza en un plano de igualdad. Resultaría esencial para un nuevo equilibrio en Occidente, cara al mundo.

Alemania parece empeñada en aprovechar su presidencia para dar un gran relanzamiento a la Unión, en un plano institucional y político de construcción europea. La seguirá la presidencia de Portugal, que en convergencia estratégica con España, espero, podría conferir a la Unión la contribución ibérica de nuestro humanismo universalista, asomados como estamos al Mediterráneo y al Atlántico, con particulares responsabilidades en Latinoamérica y en África. Si el núcleo duro europeo no avanza en dirección hacia una Europa política y social, a semejanza de lo que se hizo con el euro y el espacio de Schengen -dejando a los Estados miembros que no nos quieran o no nos puedan acompañar inmediatamente, la puerta abierta para acuerdos futuros- la Unión Monetaria, como mero espacio de libre comercio, tenderá a desintegrarse. Lo que resultaría trágico para la Unión y para el mundo.

Ya veremos, pues, lo que nos reserva el 2007. Kofi Annan, que demostró ser hombre de paz y de buena voluntad -y se batió por los Objetivos del Milenio, por la Alianza de Civilizaciones a la vez que se mantenía firme ante la guerra de Irak, con la que nunca estuvo de acuerdo, no lo olvidemos- fue sustituido por un asiático, el surcoreano Ban Ki-Moon.

A éste le corresponderá confrontarse con la ejecución del sanguinario dictador Sadam Husein. que tuvo lugar en la madrugada del 30 de diciembre de 2006. Siempre he sido contrario a la pena de muerte, en todas las circunstancias. En el caso en cuestión, se trata de un error de consecuencias imprevisibles, pero que no augura nada bueno, ni para Irak ni para la paz en Oriente Próximo. Sadam Husein, de dictador odioso, se transforma así en un mártir para los suníes y en bandera de lucha contra americanos y europeos, así como entre suníes y chiíes. Es lamentable. Los defensores de la guerra preventiva ya tenían suficientes culpas. Irak está sumido en el caos. No era necesario que se añadiera ésta también.

Así va el mundo, con Rusia, China e India, al acecho, sin prisa alguna, mientras Japón y Alemania recuperan sus economías (significativamente) e Iberoamérica está inmersa en un rápido proceso de cambio (positivo) y en ella hay un nuevo coloso emergente, Brasil.