Domingo, 19 de octubre de 2008

Are we there yet? Well, almost. Op-Ed editors asked four writers from swing states to file occasional dispatches about the campaign. Here is their second round of reporting.

A Crash Course in Democracy

Waving political placards in Florida traffic jam.

Talk of the Town

Virginia takes it politics one candidate at a time.

Sticker Shock

In Colorado, mountains of campaign ads.

The Top Banana

Will Michigan’s Poles shift toward Barack Obama?

I live on a dangerous intersection. Longtime residents claim that in the 1920s the woman who owned our house strolled the lawn in the morning in her negligee. Now despite the installation of a traffic light, cars still end up inches from our oak, their hoods steaming, broken glass thrown along our curb.

The drivers have been teenage girls in swimsuits, businessmen eating a fast-food lunch, harried mothers heading home from school drop-off in their pajamas. Even a former professor of mine confessed to a nasty wreck in front of my house. Thankfully, no one in the years we’ve been living here has been seriously hurt.…  Seguir leyendo »

Not too long ago all anyone was talking about around here was Sarah Palin. And it wasn’t just the Republicans. She was all my Democratic friends could talk about, too.

I didn’t think this focus boded well for Barack Obama’s campaign. The more people talked about her, even in a negative light, the more credence they gave her and the whole Republican campaign. You never fixate on the opponent unless you feel threatened, unless you’re truly worried.

With the economy reeling, our obsession with Ms. Palin has waned a bit. But I’ve noticed another phenomenon. Everyone is still talking about the same person.…  Seguir leyendo »

The clock-radio ignites, and your mind rises from dreams to the sounds of a woman saying, in the tone of the hostess at an intervention, “We can’t afford John McCain.” You kill the radio and shamble through your routine of bathroom, breakfast cereal, shirt, pants and shoes while the television gives you ads announcing things like, “Obama worked with terrorist Bill Ayers.”

As you drive through your suburban neighborhood, some blocks are nearly devoid of yard signs but others bristle with them; it’s as if, once an outpost is established, the neighbors all feel obliged to declare themselves.

Creeping with the rush-hour traffic, you listen to more radio ads, and the vehicle in front of you carries an oval magnet with the slogan, “Veterans for McCain,” which sits uneasily in your mind beside the circular “Veterans for Obama” sticker you saw the day before, like a Venn diagram with no overlap.…  Seguir leyendo »

Our swing state finally swung, and no one was more surprised than we were.

My friend Marian was stunned to see so many Obama signs in Detroit suburbs that typically vote Republican. Marian has long been my guide to voting patterns in this state, particularly among Poles, a key Michigan voting bloc (of which he is a member). Alongside die-hard union Democrats in cities like Hamtramck, there are Poles who still blame Franklin D. Roosevelt for handing their homeland to Stalin at Yalta and Poles who fled Detroit in the ’70s and ’80s and would never vote for a black candidate because they blame a string of African-American mayors, including the recently deposed Kwame Kilpatrick, for their city’s devastation.…  Seguir leyendo »

Will the war on credit outspend the war on terror? Or will one crash bring an end to another? Washington, London, Baghdad and Kabul last week saw concerted moves by the West to disengage from its seven-year war on militant Islam. When it comes to stupefying public spending, even super-policemen cannot walk and chew gum at the same time.

The cost of the Iraq and Afghanistan wars still far outstrips that of the credit crunch rescues of the past fortnight. Joseph Stiglitz, the economist, has put the cost of Iraq alone at $3 trillion, although he did impute the value of lives lost and other investment opportunities forgone.…  Seguir leyendo »

Christina Lamb is an excellent journalist. When she comes to fear that our work in Afghanistan is Mission Impossible (News Review, last week), it is important to take note. Like her, I have flown with our troops across barren Afghan terrain, seen the difficulty of coordinating the international effort, heard from Afghans their frustrations with government corruption. But it is also important that we do not leap to the wrong conclusion. Her article describes setbacks and successes. I recognise many of the points she makes. So what should we learn? My answer is that we should learn from mistakes, build upon successes and use the coming winter lull in fighting to plan the next phase of the campaign.…  Seguir leyendo »

En una propuesta bastante más entretenida que las novelas en las que trataba de describir los «tropismos» humanos, Nathalie Sarraute publicó en los años cincuenta un ensayo titulado La era de la sospecha, en el que, para justificar su tesis de que era imperativa una reforma radical del género narrativo, sostenía que una profunda desconfianza había caído sobre la novela: los lectores ya no creían en esos narradores intrusos que se interponían entre ellos y la historia que contaban; tampoco en los personajes movidos por los hilos del titiritero-novelista, ni en esos argumentos tradicionales que simulaban la vida valiéndose de las deleznables palabras.…  Seguir leyendo »

La economía española atraviesa su peor momento desde el Plan de Estabilización de 1959, aunque la población aún no lo sienta en toda su magnitud. Lo más grave es que nuestros dirigentes están desnortados limitándose a tomar medidas contra la crisis financiera, cuando lo que debería preocuparles es que nuestra capacidad productiva potencial se haya reducido. Somos más pobres y deberíamos asumirlo. Nos enfrentamos primordialmente a una crisis interna que requerirá un ajuste macroeconómico durante los próximos años, y no a un shock macroeconómico exterior.

¿Por qué hemos llegado hasta esta situación? Porque, una vez en la Unión Monetaria, España ha conocido unas tasas de inflación superiores a la eurozona y condiciones monetarias demasiado laxas.…  Seguir leyendo »

La historia del pensamiento económico en el siglo XX es algo parecida a la del cristianismo en el XVI. Hasta que John Maynard Keynes publicó su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero en 1936, la ciencia económica -al menos en el mundo anglosajón- estaba completamente dominada por la ortodoxia del libre mercado. De vez en cuando surgían herejías, pero siempre se suprimían. La economía clásica, escribía Keynes en 1936, «conquistó Inglaterra tan completamente como la Santa Inquisición conquistó España». Y la economía clásica decía que la respuesta a casi todos los problemas era dejar que las fuerzas de la oferta y la demanda hicieran su trabajo.…  Seguir leyendo »

El Dow Jones se dispara; no, se desploma; no, se dispara; no, se…

No importa. Mientras el maniacodepresivo mercado de valores domina los titulares, la historia más importante son las lúgubres noticias que llegan sobre la economía real. Ahora está claro que rescatar a los bancos es sólo el principio: la economía no financiera tiene también una desesperada necesidad de ayuda.

Y para proporcionar esa ayuda vamos a tener que dejar de lado algunos prejuicios. Está políticamente de moda despotricar contra el gasto estatal y pedir responsabilidad fiscal. Pero ahora mismo, un mayor gasto estatal es justo lo que el doctor receta, y las preocupaciones sobre el déficit presupuestario deben ser dejadas en suspenso.…  Seguir leyendo »

Como delegado español del Capítulo Europeo de Salvamento Eficaz, Superzapi pasó la segunda semana de octubre en vilo. Por dos veces había sido elegido por los ciudadanos para el cargo, tenía fama de ser un ratón más listo que el hambre y siempre se había sentido orgulloso de lo que esa Sociedad de abnegados Rescatadores, creada bajo el paraguas, o más bien entre los desagües, de la ONU, aportaba a la Alianza de Civilizaciones. Nadie como él había predicado el nuevo credo: ¡roedores del mundo, uníos! Pero una cosa era decirlo y otra hacerlo. Sobre todo cuando las señales de alarma -Superzapi estaba tan tenso que sus cejas parecían acentos circunflejos- balbuceaban a punto de activarse y nadie era capaz de predecir cómo responderían los plenipotenciarios ratoniles al mayor reto planteado en la era de la globalización.…  Seguir leyendo »

HA irrumpido hace poco en el Congreso, en su primer pleno de septiembre, el inquietante asunto de una reforma ¿hacia peor? de la Ley del Aborto de 1985, que había retirado de su programa el Partido Socialista, antes de las elecciones de marzo. Para resituarnos en el tema, hemos de recordar que esa ley contempla tres supuestos para despenalizarlo: la violación de origen, la malformación del feto y el riesgo para la salud física o síquica de la madre.

Eso de la salud síquica vino a convertirse, en las lúgubres clínicas abortistas, mediante tretas y añagazas de profesionales indignos, en un coladero integral para el 96 por ciento del millón cien mil abortos practicados en España de entonces a hoy.…  Seguir leyendo »

En los años noventa, tras la caída del muro de Berlín, predominaba una representación del mundo: la idea de que la globalización, con fuerza inaudita, barre todo a su paso: los estados, las sociedades…, además de hacer caso omiso de las fronteras y los países. Esta visión de un planeta sometido a las fuerzas de la economía y la rentabilidad como valor supremo empezó a mostrar señales de debilidad con los atentados del 11-S. Lo cierto es que la entrada en la era del terrorismo global ha motivado posibilitar o visualizar el regreso de estados y países. EE. UU., que configura sus alianzas de acuerdo con una geometría variable, ha entrado en guerra contra el terrorismo en Afganistán, en Iraq (de modo especial), y los bienintencionados han empezado a aludir al papel central del Estado y a la vitalidad propia de un país para reafirmar la existencia de un vínculo – y no de una oposición- entre los progresos de la globalización y el dinamismo de los estados nación.…  Seguir leyendo »

El gran Federico Fellini, entre sus maravillosas obras, dirigió, hace ya veinticinco años, una extraordinaria película titulada E la nave va….El argumento era claro: una nave va de crucero, llena de experiencias vitales muy distintas, cada una con su propia lógica, y de tremenda importancia para cada uno de los personajes. Pero, durante el trayecto sucede algo trascendental: estalla la Primera Guerra Mundial. Y todo, de inmediato, se subordina a tamaño acontecimiento. Como es natural. Sin embargo, las diferentes trayectorias personales siguen su curso, más o menos afectadas por el gran cataclismo.

Las catástrofes son terribles – y desde luego, la Primera Guerra Mundial lo fue- y suelen dejar innumerables cadáveres, pero existen otras tendencias que se superponen y acaban determinando el devenir de la historia.…  Seguir leyendo »

Se irá. Tranquilamente. Volverá a los placeres de su rancho, su mundo neofascista formado por predicadores exaltados y hombres de negocios corruptos, por políticos e ideólogos mediocres que han destruido, en el espacio de ocho años, el prestigio, el renombre e incluso la imagen de los Estados Unidos de América en el mundo. George Bush, escribe Lluís Bassets en su excelente libro La oca del señor Bush, habrá sido «el presidente más impopular desde que hay medios para medir la popularidad del presidente». Y tras un análisis despiadado de Bush, añade: «Y quienes se ocupan de analizar el pasado para saber cómo seremos todos nosotros cuando definitivamente seamos pasado, aseguran también que este presidente ha hecho todo lo posible para que los futuros libros de historia le reconozcan como una calamidad».…  Seguir leyendo »

Baltasar Garzón vuelve a apostar fuerte en el viejo desafío entre derecho y justicia. «Siempre –dice– tiene que prevalecer el derecho de las víctimas», aunque para ello tenga que tensar el derecho hasta extremos que muchos juristas juzgan inaceptables. Habla de derecho y piensa en la justicia.

Invoca la competencia de la Audiencia Nacional en asuntos de rebelión contra el orden establecido para llamar a capítulo al general Franco y demás espadones de 1936 y así pedirles cuentas por un acción criminal que iniciaron entonces y sigue activa: la desaparición de víctimas. Los golpistas no querían solo matar sino hacerlas desaparecer y mientras sigan desaparecidas, dice el auto, no se podrá decir que aquello ya pasó.…  Seguir leyendo »