2010: año santo compostelano

En el Antiguo Testamento, durante el año de jubileo, que tenía lugar cada 50 años, cesaban muchos trabajos, se restituían a sus primeros dueños todas las posesiones vendidas, se daba libertad a los siervos y se perdonaban todas las ofensas. Las cosas volvían a su estado primigenio (Levítico, 25, 8sg.; Ezequiel, 46, 7). Jubileo -del hebreo Jobel- toma el nombre del cuerno o bocina que los sacerdotes hacían sonar el año 49, que precedía al año jubilar.

El primer jubileo de la historia de la Iglesia lo concedió Bonifacio VIII en el año 1300. A partir de esa fecha, se celebraba cada 100 años. Clemente VI, en 1342, estableció que se celebrara cada 50; y Pablo II, en 1470, estableció su celebración cada 25. El jubileo no es otra cosa que un año santo durante el cual, los fieles, bajo ciertas condiciones, pueden lograr la indulgencia plenaria. «Indulgencia es la remisión de la pena temporal por los pecados ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1471).

En la Iglesia todos los fieles están unidos, como los miembros del cuerpo humano. Unos a otros se favorecen y ayudan mutuamente, ejerciendo cada cual la facultad y virtud que tiene en común beneficio de los demás. Así, los fieles se favorecen comunicándose los bienes espirituales, como miembros vivos unidos en este cuerpo místico de la Iglesia, con Cristo como su cabeza. La comunión de los santos se puede definir como la comunicación entre los miembros que pertenecen a Cristo, que se hace visible en el misterio salvífico. La comunión de los santos es la unión que existe entre todos los miembros de la Iglesia que están en el cielo, en el purgatorio y en el mundo.

Se llama así porque todos los fieles están obligados a la santidad y porque ayuda a santificarnos. Todos los fieles participan de la sangre de Cristo, del precio de su redención, de los sacramentos, de la fe, de la palabra de Dios, de las promesas del Evangelio. Estos bienes son comunes a todos. El tesoro de la Iglesia consiste en los méritos acumulados por los santos, de los cuales ella tiene el depósito para que todos se beneficien.

Se trata de una comunión interior e invisible, con la que se participa de todos los bienes espirituales que hay en la Iglesia, como son los méritos de Jesucristo, el fruto de los sacramentos, el sacrificio del altar, las indulgencias, oraciones, virtudes y demás obras buenas tanto públicas como privadas que hacen los verdaderos fieles. El dogma de la comunión de los santos establece la posibilidad de la intercesión de unos miembros por otros, y el gran precepto del amor convierte esta posibilidad en obligación. Los santos que están en el cielo pueden orar por los que aún son viandantes en este valle de lágrimas.

Según el marxismo, cuando la dictadura del proletariado haya triunfado, la tierra será un paraíso en el que todos podrán disfrutar de todo: porque todo será común. En la actualidad, las multitudes se acercan a ese sentimiento cristiano de la comunión de los santos en los partidos de fútbol, en los grandes conciertos, en las manifestaciones por una causa que los participantes creen justa, en los mítines políticos preelectorales o en los actos de aclamación al líder del partido. En los campos deportivos o en una sala de conciertos abarrotada, todos se sienten partícipes del mismo tesoro, todos disfrutan del éxito del equipo, todos vibran con los mismos acordes del ídolo. Cuando los ecologistas hablan de la repercusión de la mínima acción en el funcionamiento del planeta están recordando la doctrina de la comunión de los santos aplicada a la repercusión de nuestras acciones.

A lo largo de la Historia, se han cometido muchos abusos con las indulgencias. Ello provocó que dentro de la Iglesia surgieran numerosos movimientos de protesta. Lutero, el 31 de octubre de 1517, fijó en la puerta de la iglesia de la Universidad de Wittemberg una lista de 95 tesis sobre las indulgencias y materias similares. A base de resaltar algunos abusos, exponía sus ideas sobre las indulgencias. Lutero aparecía, así, como el nuevo paladín de la reforma contra las corruptelas y los abusos que se daban dentro de la misma Iglesia. Las tesis luteranas corrieron como la pólvora por Alemania.

Juan Tetzel, encargado por Roma de publicar las indulgencias concedidas por el pontífice León X, dio a conocer en enero de 1518 106 tesis, que llamó antítesis, en las que oponía a la doctrina de Lutero la doctrina ortodoxa sobre las indulgencias. Pero todavía hizo una defensa más hábil el profesor de la Universidad de Ingolstadt Juan Eck, quien compuso una serie de anotaciones a las 95 tesis de Lutero. Éste reaccionó no tanto contra el abuso económico que suponía el exceso de las indulgencias, sino contra el principio que las fundaba. Su tesis es que el hombre no puede hacer nada por su propia salvación porque es un puro don de Dios.

En Suiza, en enero de 1523, Zuinglio presentó 67 tesis, en las que proclamaba la suficiencia de la Sagrada Escritura, rechazando los sacramentos y el purgatorio y se expresaba en tonos más radicales que Lutero. Por lo tanto, negado el purgatorio, la cuestión de las indulgencias es una bagatela. Calvino llevó las ideas de Lutero sobre la libertad -mejor dicho, sobre la falta de libertad- hasta el extremo. Ésta es sólo un concepto; en realidad, el hombre no es libre sino que está determinado. Calvino es un defensor acérrimo de la predestinación: la influencia que Dios ejerce sobre la voluntad la mueve como una predeterminación que no permite ver el movimiento de la voluntad.

Uno de los medios, cumpliendo ciertos requisitos, por los que los fieles pueden obtener indulgencias es a través de la peregrinación. Se trata de un viaje hecho por motivos religiosos a un lugar consagrado. El primer centro de peregrinación fueron los Santos Lugares que había pisado Jesús. Después, Roma, como cuna de la Iglesia y escenario donde perdieron la vida miles de mártires cristianos. Hasta allí acudían los files para besar las reliquias y tocar los lugares y objetos que ellos habían pisado y tocado.

A partir del siglo X, Santiago de Compostela se convirtió en lugar de grandes y permanentes peregrinaciones para rezar ante la tumba del apóstol Santiago. En la actualidad, también son lugares de peregrinaciones multitudinarias y en cualquier época del año -especialmente el día de la fiesta de la advocación- los sitios de apariciones de la Virgen. Los dos más emblemáticos en este momento son Fátima, en Portugal, y Lourdes, en Francia.

Millones de personas se dirigen con devoción el sábado o el domingo por la mañana a visitar los museos en donde se custodian las camisetas, las botas, la pluma, las zapatillas, el cráneo… de sus ídolos. Es indudable la similitud con el sentimiento que experimentan millones de adolescentes que quedan extasiados cuando logran tocar a su cantante favorito, rozar al futbolista por el que suspiran. Igual que cuando los asistentes a la procesión del santo milagrero le pasan el pañuelo por los pliegues de su manto o por las arrugas de la cara.

Los enfrentamientos, rencillas y discusiones por la adquisición de este o aquel futbolista para el equipo de nuestros amores reproducen la lucha secular que mantuvieron las iglesias particulares por la posesión de las reliquias de los santos. Las iglesias se peleaban por los santos que hacían milagros; hoy las aficiones lo hacen por los futbolistas que hacen otros milagros: marcar goles.

La búsqueda encarnizada de restos se puede comparar con la búsqueda de reliquias o la conquista del Santo Grial. La devoción por los museos y la veneración dentro de ellos de los más pequeños y a veces inciertos testimonios del pasado, ¿qué es si no? Hoy los coleccionistas se pelean por adquirir las bragas de Madonna que salen a subasta, los calzoncillos del cantante de turno, la tierra que pisó por última vez Maradona en el campo de Barça, la guitarra de un ídolo del rock…

En la actualidad, tenemos infinidad de ejemplos de peregrinaciones. Como las que protagonizan todos los que el sábado o domingo por la tarde van a los campos de fútbol a ver a su equipo -aunque juegue a cientos de kilómetros de su casa-; los que siguen el calendario de su conjunto musical para asistir a sus conciertos; los turistas que tienen como obligación todos los veranos, o en cualquier otra época del año, visitar los lugares que cualquier persona que se precie está obligada a conocer…

Ya desde el comienzo de las peregrinaciones, una de las razones fundamentales por las que muchos se ponían en camino era que los pueblos no podían tener más relaciones que las fomentadas por la religión. Eran el único modo de viajar con seguridad porque los peregrinos eran considerados como personas sagradas. Peregrinaban obispos, reyes, príncipes, monjes y gente del montón. El origen de las Cruzadas está en las peregrinaciones a Jerusalén.

El 2010 es el año santo jacobeo. Los católicos podrán ganar las indulgencias inherentes a la peregrinación al jubileo si peregrinan a Santiago y cumplen los requisitos ordenados por la Iglesia. Pero, en todo caso, no importa quién se sea para experimentar la magia del Camino y sentir resonar los pasos de millones y millones de personas que lo hicieron antes que él.

Manuel Mandianes, antropólogo del CSIC y escritor.