Domingo, 22 de mayo de 2011

It’s a warm evening in the summer of 2010. I am leaving a cafe in the very center of Moscow when I notice my car is missing its license plate. I know what this means: I am being followed.

Because the senior officers in the F.S.B. (the main successor to the Soviet K.G.B.) don’t trust their agents, they demand not only an account of the subject’s movements but additional proof, in the form of a license plate, that the observation is being carried out, that the report is not made up, that the target is indeed being followed. It would be silly to pretend that I am not afraid.…  Seguir leyendo »

On the evening of May 1, we learned that Osama bin Laden had been killed. The following dawn, I left my house in the Bay Area to catch a bus to Oakland International Airport. I flew to Indianapolis for a scheduled visit with my son, John Walker Lindh, at the federal prison in Terre Haute, Ind.

I love my son. I enjoy our periodic visits and our weekly telephone calls, but this visit felt different. “If Bin Laden is dead,” I kept thinking, “why can’t John come home?”

A convert to Islam, John was found, unarmed and wounded, in a warlord’s fortress in northern Afghanistan in December 2001.…  Seguir leyendo »

Comprendo bien que millones y millones de españoles se hayan despertado esta mañana con el dedo en el gatillo con la misma mezcla de sentido de la inminencia y nerviosa incredulidad que debieron de experimentar los soldaditos bolivianos que en la última escena de la película Butch Cassidy and the Sundance Kid cercaban la plaza del pueblo apuntando con sus rifles al lugar en que se habían guarecido malheridos aquellos dos legendarios bandidos yanquis.

Y no me vengan con que el esfuerzo de imaginación que hay que realizar para ver a Zapatero encarnado por Paul Newman, y no digamos a Rubalcaba interpretado por Robert Redford, es excesivo, pues seguro que la verdadera catadura de los salteadores de caminos en los que se inspiró George Roy Hill para rodar esa saga/fuga aún se alejaba más de los dos iconos de Hollywood.…  Seguir leyendo »

Nada mejor que volver al ejemplo de Monsieur de Montaigne en tiempos de elecciones, que suelen ser tensos y a veces beligerantes, irracionales y violentos, y nada mejor que hacerlo de la mano de Jorge Edwards que, en su último libro, La muerte de Montaigne, traza una delicada y seductora imagen del célebre autor de los Ensayos. No se trata de una novela, ni de un ensayo, sino de una crónica que se vale también de aquellos géneros, e incluso de la historia, para recrear, con comentarios personales y, a ratos, pinceladas de fantasía, la vida, la obra, y, sobre todo, la sabia serenidad con que supo encarar la vida y los desórdenes de la política el Señor de la Montaña.…  Seguir leyendo »

Hojeaba su pasaporte cuando sonó el teléfono. La voz se oía entrecortada, lejana, pero alcanzó a escuchar a un amigo radicado en Canarias que le gritó: «¿Ya lo sabes? ¡Ahora los cubanos podrán viajar como turistas!». Dos segundos después la llamada se cayó y volvió a quedarse con el azulado documento frente a los ojos, repleto de visas para entrar a innumerables países, pero sin un solo permiso para salir del suyo. Con algo de esperanza se encaminó rumbo a la oficina de inmigración y extranjería de su municipio. Ella no es ni inmigrante ni extranjera, pero solo en ese lugar podrían entregarle el ansiado salvoconducto para saltarse la insularidad.…  Seguir leyendo »

Hace unos días, en Washington, Obama, el que acabó con Osama, explicó su visión para un Oriente Próximo transformado. La semana que viene, en Londres, pronunciará un gran discurso sobre Europa y las relaciones transatlánticas. Se producirá en medio de una gira europea que incluye una visita al lugar natal de su tátara-tátara-tátara-tatarabuelo, Moneygall, en Irlanda; toda la pompa y circunstancia de una visita de Estado a Reino Unido, como invitado de su majestad la reina; la reunión del G-8 en Deauville, Francia; y dos días en Polonia, donde seguro que los genealogistas de la Casa Blanca podrán encontrar alguna tátara-tátara-tátara-tataratía, por ejemplo en la pequeña ciudad de Ustrzyki Dolne, para impulsar el voto de los estadounidenses de origen polaco, además de los de origen irlandés, en 2012.…  Seguir leyendo »

Cuando apareció en España la última novela de Orhan Pamuk, El Museo de la Inocencia, los pilares de ejemplares en librerías fueron catedralicios. Pamuk no es un autor de bestsellers, pero el éxito sin precedentes —no había ocurrido lo mismo con ninguna de sus novelas— de un libro como Estambul hacían que El Museo… de Pamuk —encima, nobel reciente— se considerase un éxito de ventas antes incluso de su edición española. Y si digo antes es porque durante un año —desde su aparición en Turquía, supongo— los periódicos trataron de la creación de su Museo de la Inocencia con algo más que cierta frecuencia.…  Seguir leyendo »