Domingo, 9 de octubre de 2011

«Voy a contar cómo fue al quemadero el inhumano que tantas vidas infelices consumió en llamas; que a unos les traspasó los hígados con un hierro candente; a otros les puso en cazuela bien mechados, y a los demás los achicharró por partes, a fuego lento, con rebuscada y metódica saña. Voy a contar cómo vino el fiero sayón a ser víctima…».

Reconozco que utilizar las primeras líneas de la novela corta de Galdós Torquemada en la hoguera para abordar la situación en la que se encuentra el ministro de Fomento y portavoz del Gobierno es cargar un poco la suerte.…  Seguir leyendo »

En general, las disputas internas del Partido Socialista francés provocan bostezos de aburrimiento. Peleas entre egos -siempre los mismos-, palabrería constante y, sobre todo, la penosa sensación de que sus dirigentes no han atravesado una frontera desde el siglo pasado. Pero, de repente, justo cuando la derecha muestra abiertamente sus dudas sobre las posibilidades de Nicolas Sarkozy de salir reelegido en la primavera de 2012, resulta que el PS ha conseguido modernizar nuestra vida política. Algo de lo que se siente no poco orgulloso y de lo que cada uno de los aspirantes a la candidatura proclama ser el padre (o la madre): por primera vez, el candidato que defienda sus colores en las elecciones presidenciales, será designado por votación popular.…  Seguir leyendo »

Hace por lo menos tres décadas que no leía un Premio Goncourt. En los años sesenta, cuando trabajaba en la Radio Televisión Francesa, lo hacía de manera obligatoria, pues debíamos dedicarle el programa La literatura en debate, en el que, con Jorge Edwards, Carlos Semprún y Jean Supervielle pasábamos revista semanal a la actualidad literaria francesa. O mi memoria es injusta, o aquellos premios eran bastante flojos, pues no recuerdo uno solo de los siete que en aquellos años comenté.

Pero estoy seguro, en cambio, que este Goncourt que acabo de leer, HHhH, de Laurent Binet -tiene 39 años, es profesor y esta es su primera novela- lo recordaré con nitidez lo que me queda de vida.…  Seguir leyendo »

Cuentan algunos autores que cuando el candidato a presidente de los Estados Unidos Adlai Stevenson libraba su campaña frente a Dwight Eisenhower, una señora le dijo admirada, después de una reunión, «cualquier persona pensante le votaría», y que él replicó: «Señora, no es suficiente, necesito una mayoría». Esta anécdota suele aducirse a cuento del descubrimiento de que, a la hora de votar, las emociones resultan ser decisivas, mucho más que el cálculo racional de lo que interesa. Los economistas que se empeñan en aplicar modelos de utilidad para comprender y gestionar la realidad ni se enteran de lo que pasa ni son buena guía para actuar.…  Seguir leyendo »

La salida de uno o más países de la unión monetaria o la reconstitución de una zona euro restringida a unos pocos estados en torno a Alemania eran hipótesis extravagantes hace apenas un año y en cambio son ahora escenarios que los mejores analistas financieros sopesan a diario. Pensar lo imposible se ha convertido en una norma de elemental prudencia. Y es que no estamos, como en Estados Unidos, ante una grave crisis de deuda conjugada con la amenaza de una nueva recesión, sino que en Europa se añade además el cuestionamiento de la moneda única y, en definitiva, del propio proceso de integración que hizo del euro su buque insignia.…  Seguir leyendo »

Al paso que se extiende la crisis de la deuda, europeos y estadounidenses se han dado mutuamente buenos consejos; consejos, por lo demás, no valorados en gran medida. Hace tan sólo un año el presidente Obama solía conversar por teléfono con sus homólogos europeos, a los que intentaba persuadir de la conveniencia de adoptar alguna decisión (fuera la que fuese) en relación con la amenaza de la crisis. En julio, cuando Washington hacía frente a problemas financieros acuciantes, los líderes europeos ofrecieron desinteresadamente consejo. Pero los consejos no solicitados alcanzaron la cima el mes pasado a propósito de la crisis griega.…  Seguir leyendo »

Ha producido malestar entre los y las feministas la sentencia de un juez que no considera un insulto grave que el marido tache de zorra a su mujer. Al contrario, lo considera un elogio habida cuenta de la astucia que, según los fabulistas, caracteriza al citado animal. Ni considera una amenaza que asegure que le va a construir una caja de madera. Según el magistrado, no tiene por qué ser un ataúd. En un país donde la violencia de género cuesta anualmente la vida a un elevado número de mujeres, parecería conveniente no frivolizar con las palabras que pueden ser un indicio de posibles derramamientos de sangre.…  Seguir leyendo »

Friday morning, Liberian peace activist Leymah Gbowee — along with her country’s president, Ellen Johnson Sirleaf, and Yemeni activist Tawakul Karman — was awarded the Nobel Peace Prize. A decade ago, this moment would have seemed unthinkable. But Gbowee’s triumph, like last spring’s Arab

uprisings, is a powerful reminder that in the 21st century world, change often comes from the bottom — not from a country’s armies but its people.

In 2001, Liberia was in the grip of a civil war that had been going on for years and that had decimated the country. More than 100,000 people had died, many of them children, and countless women had been raped.…  Seguir leyendo »

How are insurgents able to continue launching deadly attacks in Afghanistan 10 years into the U.S.-led war there? Part of the blame — perhaps even the bulk of it — lies with Pakistan’s army and its powerful intelligence arm, the Inter-Services Intelligence agency, known by the acronym ISI.

For decades, Pakistan has conducted a proxy war in Afghanistan through Islamist insurgent groups that it has created, nurtured and supplied. There is considerable evidence that these groups are managed not by «rogue» ISI elements, as has sometimes been asserted, but by the agency itself. The ISI is a disciplined military institution that answers to the orders of the military command, a point former Pakistani dictator Pervez Musharraf often emphasized.…  Seguir leyendo »

En este mes, hace veinticinco años, me senté enfrente de Ronald Reagan, en Reykjavik (Islandia) para negociar un acuerdo que redujera –y al final podría haber eliminado en 2000– los pavorosos arsenales de armas nucleares que tenían los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Pese a nuestras diferencias, Reagan y yo compartíamos la firme convicción de que los países civilizados no debían hacer de esas bárbaras armas el eje central de su seguridad. Aunque no logramos hacer realidad nuestras mayores aspiraciones en Reykjavik, no por ello dejó de ser la cumbre, en palabras de mi ex homólogo, “un importante punto de inflexión en la búsqueda de un mundo más seguro”.…  Seguir leyendo »