2012: perspectivas económicas

En el incierto mundo en que vivimos se insinúan, sin embargo, algunas certidumbres por lo que se refiere al futuro inmediato. Ninguna casa de apuestas londinense aceptará una apuesta como la de quién será elegido presidente de Rusia el próximo mes de marzo, ya que todo el mundo sabe el resultado. A menos que pierdan el testigo en el camino, los jamaicanos ganarán la prueba de relevos 4x100 en los Juegos Olímpicos. Cabe estar menos seguro sobre quién será el próximo presidente francés el próximo mes de mayo (para no hablar de la elección del presidente islandés en las mismas fechas) o sobre si se avanzará en la unificación política europea. Y hoy por hoy, resulta incluso muy arriesgado hacer conjeturas sobre las elecciones estadounidenses en noviembre.

El 2011 no ha sido un buen año para Estados Unidos. Se creía que tras la recesión del periodo 2008-2010 llegaría una recuperación económica, pero esta fue levísima. La verdad es que –con razón o sin ella– se echan las culpas al partido y al presidente en el poder cuando la economía va mal. Y a ello se debe que la expresión “¡es la economía, estúpido!” se convirtiera en la frase empleada con mayor frecuencia en el lenguaje político estadounidense. Si es así, las perspectivas republicanas deberían calificarse de magníficas, pero no lo son porque no han propuesto un programa convincente ni han presentado candidatos que susciten admiración.

Los republicanos se hallan divididos entre una corriente principal relativamente sensata y moderada y una estridente ala extremista (especialmente chillona en años electorales). Lo propio puede aplicarse a la política exterior y a la semejanza entre los extremistas demócratas y republicanos que coinciden en afirmar que Estados Unidos debería optar por el aislacionismo, distanciándose de los conflictos del mundo exterior. Aunque es un fenómeno llamativo, no es nuevo; se experimentó en diversos momentos históricos. Por ejemplo, en 1940, cuando ambos extremos coincidieron en adoptar la postura de que Estados Unidos bajo ningún concepto debía involucrarse en la Segunda Guerra Mundial. Fue menester Pearl Harbor para modificar esta postura.

Si se admite que la economía reviste suma importancia, ¿qué perspectivas ofrece el 2012? Los departamentos de estudios de las grandes empresas estadounidenses han trabajado a toda prisa para preparar sus pronósticos con numerosas estadísticas y gráficos. Se muestran prudentes y, aunque admiten que podría suceder cualquier cosa, coinciden en afirmar que resultan improbables tanto una grave depresión económica como una recuperación espectacular. The Economist cree que en otras crisis el menor gasto público se compensaba mediante un aumento de las exportaciones, pero en este caso la depresión es mundial. Sin embargo, el desapalancamiento privado estadounidense ha mejorado en grado considerable; el término desapalancamiento, que no se empleaba hasta fecha reciente fuera del mundo financiero, se ha puesto muy de moda últimamente. Significa, sencillamente, saldar las deudas. Pongamos algunos ejemplos. Wells Fargo solía ser el banco de los cowboys en el Lejano Oeste y sigue siendo en la actualidad uno de los cuatro mayores bancos del país. Sus expertos están de acuerdo, en general, con los pronósticos de The Economist y se muestran tal vez algo más optimistas con relación a las exportaciones estadounidenses a los países en vías de desarrollo. Goldman Sachs no cree que haya a la vista otra recesión en Estados Unidos, pero resulta más probable un crecimiento inferior que lo contrario, debido a una ligera restricción superior del gasto público en unión de otros factores. Los analistas coinciden en afirmar que la situación en Europa (la zona euro) ejercerá un inmediato impacto sobre la economía estadounidense. Moody’s, destacada agencia de calificación, junto con Standard and Poor’s, ha trabajado en el sector durante más de un siglo, igual que su homóloga, y calculó en un principio que habría un crecimiento del 3% en el 2012, estimación probablemente exagerada, y subsiguientemente la rebajó al 2%, que sigue siendo superior a lo estimado para la mayoría de los países de la zona euro.

¿Cómo afectará la situación económica, sobre todo el índice de paro, a la política estadounidense? La tendencia general es inequívoca. En la actualidad, el paro se halla por debajo del 9% en Estados Unidos; Obama ha pronosticado que puede bajar al 8% en el 2012... Hay una especie de sabiduría popular que dice que ningún presidente estadounidense ha resultado reelegido cuando el paro superaba el 7%. Pero la sabiduría popular puede equivocarse. Roosevelt y Reagan, de hecho, fueron reelegidos cuando el paro superaba el 7%. Todo depende de la oposición a que ha de hacer frente el presidente; por otra parte, los republicanos no constituyen, ahora, un rival muy convincente. Acusan al presidente y a los demócratas de incitar al país a la guerra de clases. No se trata de un eslogan muy atractivo en momentos de creciente desigualdad en materia de renta, cuando la clase media –cuyo apoyo necesitan– pasa más apuros que en mucho tiempo.

Por Walter Laqueur, consejero del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington.

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