Domingo, 11 de noviembre de 2012

Thomas Arnold Kemp was executed this past April through lethal injection. He stole $200 from a college student in Tucson in 1992 and then murdered him. It took seven minutes for Mr. Kemp to die. His last words: “I regret nothing.”

Really?

I have been thinking about Mr. Kemp and death and regret, perhaps obsessively. Regret incites us to review and reflect on our actions; when we miss the mark, regret  generates disappointment and grief. Regret would not have kept Mr. Kemp alive. But it might have kept him decent.

Regret is an essential part of repentance in Jewish law, and, as a rabbi and Jewish educator, I find myself thinking about regret each year before Yom Kippur.…  Seguir leyendo »

In 2008, at a zoo in Münster, Germany, a gorilla named Gana gave birth to a male infant, who died after three months. Photographs of Gana, looking stricken and inconsolable, were ubiquitous. “Heartbroken gorilla cradles her dead baby,” Britain’s Daily Mail declared. Crowds thronged the zoo to see the grieving mother.

Sad as the scene was, the humans, not Gana, were the only ones crying. The notion that animals can weep — apologies to Dumbo, Bambi and Wilbur — has no scientific basis. Years of observations by the primatologists Dian Fossey, who observed gorillas, and Jane Goodall, who worked with chimpanzees, could not prove that animals cry tears from emotion.…  Seguir leyendo »

Puede ser una casualidad histórica o no, pero tres de los cuatro grandes Estados occidentales con más tensiones secesionistas adoptan la forma de monarquía parlamentaria. Es el caso del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, cuya soberana, Isabel II, encarna la más alta magistratura de otros quince estados, entre ellos Canadá, de tal manera que, aunque con distinta intensidad, está concernida tanto por Escocia como por Quebec. Y es el caso de Bélgica, en el que reina Alberto II, árbitro eficaz y discreto de las aspiraciones de flamencos y valones. Y es caso de España, donde la denominada Monarquía prosaica –título de un ensayo de Miguel Ángel Aguilar Rancel y Óscar Hernández, un tanto academicista pero certero en señalar la vulgaridad con la que el sistema ha tratado y trata a don Juan Carlos, en parte por su propia forma de entender la Corona– tiene un reto con el proceso secesionista de Catalunya.…  Seguir leyendo »

Desde que una mañana de agosto de 1864 Lincoln se dejó llevar por su endémica melancolía y escribió que «es sumamente improbable que esta Administración sea reelegida», el fantasma de convertirse en presidente de un solo mandato ha desazonado a cada inquilino de la Casa Blanca. Lincoln guardó su escrito en un sobre lacrado y, sin llegar a enseñárselo, pidió a los siete miembros de su gabinete que lo firmaran por fuera. No era un juego de niños pues el texto reconocía que «la Unión» -ese activo de los norteamericanos que Obama antepuso en la madrugada del miércoles a todo lo demás- no podría ser ya preservada sino «entre el día de la elección y el de la inauguración».…  Seguir leyendo »

Si en nuestra época, la de las grandes compras y fusiones de obras sujetas a derechos de autor por compañías multinacionales, musicales, editoriales, cinematográficas o de tecnologías de la información, en esta era del videojuego, del enlace y de la visibilidad de las aplicaciones de nuevos dispositivos y de nuevas formas de distribución de las ideas del conocimiento, nos preguntaran: ¿quién ostenta el mayor patrimonio de derechos sobre las obras y contenidos vinculados a la propiedad intelectual? Quizá nos vendría a la cabeza el nombre de personas de inmensa riqueza o de empresas que lideran el mundo del entretenimiento, la edición o la tecnología de la información.…  Seguir leyendo »

La deriva secesionista, transformada en desafío, ha explicitado abruptamente, en un contexto económico adverso, las disfunciones constitucionales, políticas y financieras del Estado de las Autonomías, así como las insatisfacciones sociales, y hasta psicológicas, de una ciudadanía desorientada, insatisfecha y entristecida. Una formulación, la de las autonomías, novedosa entre las formas de distribución territorial del poder, más allá del uniformizador Estado centralizado y de la inoperante Confederación de Estados, que pretendía resolver la cuestión pendiente de nuestro modelo de organización territorial. Frente a las pretensiones, de unos, de suavizar los rasgos centralizadores del Estado unitario heredado del franquismo, al hilo de una descentralización administrativa, con la traslación del menos ambicioso Estado integral (II República) o Estado regional (Constitución italiana), y las aspiraciones, de otros, de implantar un modelo federal, estigmatizado entonces, tras el cantonalismo de la I República, y el cainismo frentista de la II, se esbozaba una regulación novedosa.…  Seguir leyendo »