2013: el año en que lo peor no pasó

Realmente, el 2013 ha pasado muy deprisa. Parece que fue ayer que se acuñó un nuevo término para expresar el gran temor ante el año que viene. Recordemos aquella fobia, la triscaidecafobia, la fobia al número trece: ¿qué cabe esperar de bueno de un año acabado en 13? Pero, como reza un viejo proverbio francés, no siempre sucede lo peor. Este año no ha habido ninguna guerra importante, no ha estallado una catastrófica crisis económica global.

Hace un año, la señora Clinton acababa de dimitir como secretaria de Estado porque según parece quería ser candidata a la presidencia en las próximas elecciones. Dije entonces que era bastante popular, pero dos años son mucho tiempo en política y podía ser que tanta popularidad no durara. Sonó derrotista, pero fue un pronóstico correcto. El partido en el poder en EE.UU. (como en la mayoría de otros países) se enfrentaba a decisiones impopulares. A final del año, el apoyo a los demócratas había menguado. Aún puede ganar, pero esto ha dejado de ser cosa cierta. Tratar de obtener el grado de apoyo de millones de personas más en EE.UU. en la reforma sanitaria había constituido un error. La idea de base era buena, pero el momento, no. El Obamacare podría haberse logrado sólo con una importante reforma en el servicio de salud estadounidense, que a lo largo del tiempo se había revelado demasiado caro.

Hubo negociaciones febriles y se llegó a algún tipo de acuerdo por lo menos durante unos meses. En octubre parecía que el cierre de los servicios y las dependencias públicas era la culpa de los republicanos. Pero sólo unos meses después, en diciembre del 2013, cambió de nuevo el talante de la gente; entonces la creencia generalizada era que los demócratas eran los responsables porque el Obamacare había sido una propuesta mal preparada.

La situación económica ha mejorado ligeramente. A principios de año se había pensado que el paro no bajaría por debajo del 8%. Pero lo hizo y con una disminución significativa. El rendimiento económico también había mejorado, pero sólo por relativamente algo más; se trataba de una situación mejor que en la mayoría de los países de Europa y en Rusia, pero eso no era decir mucho.

La actividad bursátil funcionó muy bien. El Dow Jones superó por un tiempo los 16.000 puntos por primera vez en muchos años. ¿Cuál fue la razón? Otra burbuja conducente a otra crisis. O tal vez era que había signos positivos en el horizonte, como una reanimación del sector o de las nuevas tecnologías de extracción de petróleo a fin de obtener más crudo abundante y barato y convertir a EE.UU. en un país exportador en lugar de importador de petróleo haciendo a Europa mucho menos dependiente de las importaciones procedentes de Rusia y de Oriente Medio. En pocas palabras, hubo una moderada recuperación de la grave crisis del 2010-2011.

La inminente crisis europea dio marcha atrás; fue evidente que la Unión Europea no se desmoronaría y que el euro no sería abolido. Pero eso no equivalía en absoluto a decir que el continente hubiera salido de la crisis. No se habían adoptado medidas políticas encaminadas a una colaboración lo más estrecha posible entre los países europeos para impedir una repetición de la crisis del 2011-2012. Las fuerzas antieuropeas adoptaron la faz de países más fuertes como Francia y el Reino Unido. Las elecciones alemanas dieron lugar a la vuelta al poder del partido de Merkel (pero sólo en cooperación con los socialdemócratas); en Francia, las elecciones trajeron la victoria de la oposición socialista, pero el país en su conjunto salió más débil, porque ninguna de las partes parecía tener una respuesta a los graves problemas del país. Hubo un problema importante; los beneficios aumentaron, pero los salarios bajaron. Y esto significó problemas económicos y políticos, tal vez problemas importantes en los días venideros.

Oriente Medio siguió siendo el centro de los conflictos mundiales. La primavera árabe, que había dado pie inicialmente a muchas esperanzas, se convirtió en el escenario de una serie de enfrentamientos civiles y los nuevos gobiernos que emergieron parecieron apuntar a instituciones más democráticas y a más libertad. Pero hubo más desorden que nunca empezando por una guerra a gran escala que provocó miles de víctimas en Siria. En general, el nuevo gobierno surgido no resultaba menos represivo que aquellos a los que había sustituido. En Egipto, un golpe militar se opuso a una dictadura religiosa, pero su carácter no fue menos autoritario. No se logró ningún avance en las negociaciones de paz entre Israel y los palestinos. La única evolución aparentemente positiva fue un acuerdo temporal entre Irán y las potencias mundiales, encaminado a frenar el proceso de fabricación nuclear perseguido por Teherán. Pero no fue en absoluto claro y evidente si este acuerdo sería de importancia duradera o si era sólo una etapa más en la proliferación nuclear.

El 2013 termina como había empezado, en un clima de gran incertidumbre. No ha pasado lo peor, pero tampoco se ha producido ningún avance significativo hacia una mayor estabilidad y paz. ¿Qué puede traer el 2014? ¿Cuál puede ser el papel de China y de Rusia en las relaciones internacionales en los próximos meses? ¿Son en absoluto posibles los pronósticos? Sobre ello me extenderé en un próximo artículo.

Walter Laqueur, consejero del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington

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