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La publicación, el pasado 5 de noviembre, de una orden ministerial del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática por la que se da curso al “Procedimiento de actuación contra la desinformación”, aprobado por acuerdo del Consejo de Seguridad Nacional en su reunión del 6 de octubre, ha desatado una gran polémica por la ambigüedad de su redacción. El Gobierno ha dicho que ha sido malinterpretada, que solo es un procedimiento frente a las “campañas de desinformación” impulsadas por potencias extranjeras (se piensa, especialmente, en Rusia, aunque no se diga) que no afecta a los medios de comunicación nacionales, y que la prueba es que en ella no se prevé ningún tipo de infracciones ni sanciones administrativas.…  Seguir leyendo »

Al poder político siempre le ha complacido controlar la información que se difunde públicamente para conseguir o mantener apoyo social y para evitar la desafección de posibles oyentes o lectores que puedan formarse la impresión de que sus gobernantes actúan de forma ilegal, inapropiada o simplemente equivocada. La ingente cantidad de recursos públicos que se invierten en medios de comunicación -televisión y radio- controlados por distintas administraciones (estatal y autonómicas) en España es significativa del altísimo coste del concienzudo esfuerzo de los políticos por conformar la mente de una ciudadanía, que sostiene con los impuestos su propio adoctrinamiento, en algún caso tan sectario y descarado que insulta no ya la inteligencia, sino el sentido común (el cual los populistas y nacionalistas radicales pretenden adormecer primero, para extirparlo después, sin quejido ni protesta).…  Seguir leyendo »

El jefe de gabinete de la presidencia del Gobierno es un currante. Yo creo que no debe dormir a causa de todo lo que hace, coordina, controla, juzga, inspira. Pero también le va la marcha, ya que recientemente ha añadido a sus tareas e inclinaciones la dirección de un nuevo comité contra la desinformación, de modo que ya está la derecha enarbolando el fantasma de la censura con el “Ministerio de la Verdad” en la boca. Yo creo que luchar contra las fake news es un asunto de Estado. Otra cosa (y muy delicada) es quién es el que tiene que luchar y cómo.…  Seguir leyendo »

Fue hermoso mientras duró

«Desinformación» es un concepto caprichoso. Casi todo lo que difundieron en su día el gobierno y los medios del Régimen sobre el Covid fue estricta desinformación. Los listos dirán que muchas cosas solo se saben ahora. Pero lo cierto es que Simonilla desalentó el uso de mascarillas por razones espurias, como él mismo reconoció y yo no me cansaré de recordar. Tan cierto como que en el programa de Íker Jiménez se ofreció -¡a priori!- información verdadera sobre el riesgo de contagio por aerosoles, entre otras aportaciones relevantes para la salud pública.

Como el propio periodista ha apuntado, de haber estado entonces vigente la censura de Sánchez y Redondo, los que estaban en lo cierto habrían sido acusados de desinformar.…  Seguir leyendo »

Ayer en el BOE se aprobó un procedimiento contra la desinformación por el Consejo de Seguridad Nacional. Hace meses se supo que se identificaban noticias falsas y bulos que provocarían estrés social y desafección hacia el Gobierno o que la Guardia Civil barre las redes en busca de mensajes no delictivos capaces «de intoxicar, causar desasosiego y manipular a la opinión pública» con la «creación de clima contrario a la gestión de la crisis». Además, el CIS cuestionó si hay que mantener la libertad de difusión de noticias e informaciones o establecer prohibiciones.

Aunque sorprenda, esto no es nuevo, forma parte de la agenda de Seguridad Nacional contra las «amenazas híbridas».…  Seguir leyendo »

El Diario de la Rioja publicó en julio de 1931 una noticia que le costó 250 pesetas de multa, lo equivalente a la mitad de un salario mensual. Fue tachada de falsa por el gobernador civil, cargo político que tenía facultades en la República para controlar y sancionar lo que publicaban los periódicos. La falsedad radicaba en que la reseña de una sesión municipal, escrita por un redactor presente en el acto, no se ajustaba a la “versión oficial” que había levantado el secretario del Ayuntamiento, única verdadera según establecía la autoridad. El incidente no fue insólito, era lo habitual (y así lo recojo, perdonen la autocita, en mi libro La Prensa en la Segunda República española de 2006, trabajado en los archivos oficiales y hoy agotado) porque los gobernadores debían perseguir lo que reputaban información falsa, tendenciosa o derrotista, o sea, las fake news de entonces.…  Seguir leyendo »