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¡Qué decepción! O, mejor dicho, no es una decepción sino la confirmación de que, una vez más, el Gobierno ha dejado tirados en la cuneta a los autónomos de este país. Ya sean personas físicas o jurídicas, empleadores o trabajadores individuales, los autónomos suponemos esa clase de segunda a la que se le pidió arriesgar durante la crisis de 2008.

Se nos pidió apostar por nuestros talentos, poner en marcha nuestros negocios, confiar en nuestras capacidades, no esperar a que otros nos contratasen, sino que se nos instó a "hacer realidad sus sueños" poniendo en valor todo lo aprendido.

Muchas de esas personas eran y son trabajadores con muchos años de experiencia a sus espaldas, que venían de grandes empresas y multinacionales incluso, abocadas a realizar expedientes de regulación, trabajadores con muy alta cualificación y un conocimiento profundo de sus profesiones que, de la noche a la mañana, tuvieron que reinventarse y vencer el miedo para seguir.…  Seguir leyendo »