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La degradación cívica que desde hace tiempo sufre Barcelona, progresivamente sometida a una abstracción publicitaria que ha terminado por postrarla ante el turismo, en detrimento de sus vecinos, se ha agravado en la última legislatura con la adhesión económica y espiritual de la ciudad al proceso soberanista. Tras el escaparate de hoteles de lujo y fachadas de Gaudí, llora la ciudad sitiada de 1714, cuyo imponente memorial, el mercado del Born, incuba las ruinas de la historia custodiado por una senyera cuyo mástil mide, créanlo o no, 1.714 centímetros. Por desgracia, el traspaso que se ha escenificado en el Ayuntamiento no augura ningún cambio en ese sentido, sino todo lo contrario.…  Seguir leyendo »