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Náufragos del socialismo

En nuestro país, o en lo que va quedando de él, vivimos en un tiempo emocional en el cual, cada vez más, los ciudadanos van incrementando su aversión hacia la política. Siempre la hubo, pero su crecimiento durante estos últimos años, por su trascendencia, es nuevo. Sentir repugnancia ante determinados actos políticos, reiteradamente infamantes, se ha convertido en un elemento esencial de nuestra supuesta "cultura" democrática. Y no es para mejor. Descubrir que hay asesinos de primera y de segunda es aún incluso peor que darse cuenta de que hay ciudadanos de primera y de segunda, según a la comunidad que se pertenezca.…  Seguir leyendo »

Que Patxi López haya ascendido hasta las cumbres del sanchismo tiene un punto de evidente patetismo. Sobre todo porque lo único que tiene acreditado el nuevo portavoz es su capacidad infinita para malograr oportunidades y expectativas.

Lo hizo en el País Vasco, cuando pudo haber forjado una alianza firme con el PP para, por primera vez en democracia, hacer frente de forma efectiva al nacionalismo y a la izquierda aberzale.

Prefirió Anoeta y, luego, Ayete.

Que haya conseguido sobrevivir a la quema más o menos periódica a la que el presidente del Gobierno somete a su Ejecutivo y su partido a nadie puede sorprenderle.…  Seguir leyendo »

Matar al PSOE

Nunca en mi vida he pertenecido al PSOE (ni a ningún otro partido político) pero he trabajado con el PSOE como subsecretario, primero, y secretario de Estado de Defensa, después, desde el primer gobierno de Felipe González (diciembre de 1982) hasta julio de 1987, en que renuncié voluntariamente al puesto; era ministro Narcís Serra, con quien no tengo ninguna relación de parentesco aunque presumo de tener con él una muy buena relación de amistad.

Con esos antecedentes, creo que el PSOE ha sido un pilar esencial de la Transición política, desde la dictadura a la democracia, y Felipe González, la persona a quien se le debe el haber introducido a la izquierda en el 'sistema'.…  Seguir leyendo »

Habiendo llegado el odio político al extremo de negarle la vacuna a policías y guardias civiles, el resto de bajezas puede no impresionar. Aunque debiera, pues la normalización de la barbarie es una señal de alarma. Nos dice que la democracia liberal entra en riesgo de putrefacción. No se trata de la conveniencia de indignarse, de enfadarse mucho y manifestarlo durante doce segundos, quien pueda ante una cámara y quien no con un tuit, o con un par de «hay que ver» a la vecina en el ascensor. Se trata de reparar en cada hecho inadmisible, y también en la película que forman la sucesión de hechos hermanos.…  Seguir leyendo »

Nadie va a parar esto

La pregunta es pertinente: ¿nadie va a parar esto? Es decir, ¿nadie va a parar la degradación de la dignidad política en España practicada a golpe de ocurrencias de saldo y prontos primarios?

Me dirijo naturalmente al Partido Socialista Obrero Español. Y lo hago porque quienes figuran como sus actuales socios de Gobierno, el podemita zarandeado por las urnas (recuérdese: Galicia y País Vasco), el separatista catalán condenado por el Tribunal Supremo y los amigos de los terroristas, vascos no serían más que una nota a pie de página en la historia contemporánea de España si el PSOE no los hubiera metido en el texto principal del relato.…  Seguir leyendo »

Frente a la afligida constatación de que «de todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España/ porque termina mal», «como si el hombre, / harto ya de luchar con sus demonios, / decidiese encargarles el gobierno / y la administración de su pobreza», Jaime Gil de Biedma expresaba en los 60 su conmovida esperanza: «Quiero creer que nuestro mal gobierno / Es un vulgar negocio de los hombres / Y no una metafísica, que España / Debe y puede salir de la pobreza, / Que es tiempo, aún para cambiar su historia/ Antes que se la llevan los demonios».…  Seguir leyendo »

Sánchez y los presupuestos de una ambición

Con el descuido del que dejaba caer la ceniza del cigarro sobre el deslustrado atuendo de viejo payés al que pocas cosas pueden asombrar, Josep Pla coligió –tal vez como gran lección de su oficio de gran cronista de su época– que era mucho más difícil observar que pensar. No le faltaba un ápice de razón a quien, como anotó en su Cuaderno gris, se tenía por un hombre a contracorriente de su tiempo. Malhumorado contra esa fatiga de la memoria que lleva al género humano a facilitar cíclicamente la aparición de aventureros de la política, advierte sin éxito en sus Notas del crepúsculo: «Si algún día se encuentran con un orador que les garantice la felicidad, el bienestar, la solución de todos los problemas gratis; si algún día se encuentran con algún cura laico, de dulce palabrería...…  Seguir leyendo »

La máxima inquina la reservan los comunistas a los anarquistas. Les molesta desde su chulería a su libertad, individual y colectiva. De ahí que su política con ellos sea muy simple: aniquilarlos, como hicieron con el POUM durante la guerra civil española e hizo Stalin con todos sus agentes al regresar, temeroso de que se hubieran contagiado del virus español. Con los socialistas, en cambio, sienten algo muy distinto: rivalidad, antagonismo, odio incluso si son socialdemócratas al considerarles «lacayos del capitalismo». Con buenas razones: se disputan el mismo electorado, la clase trabajadora, y comparten símbolos -la bandera roja, el puño en alto-, profetas -Marx, Engels, Lenin-, principios -el materialismo histórico, las contradicciones del capitalismo-, e incluso el nombre: no olvidemos que el primer Estado marxista-leninista se llamaba Unión de Republicas Socialistas Soviéticas, no «Comunistas».…  Seguir leyendo »

La quimera

En una oligarquía impera la arbitrariedad particularista. Sánchez se adaptó a ese molde con rapidez asombrosa. Lo arbitrario le define. Decide por sí y ante sí. Opera por capricho, nepotismo y amiguismo. Comprende -¿cómo no iba a hacerlo?- que compartir poder significa compartir antojos y favores con el socio. Precisemos: no es que lo comprenda, es que carece de otro concepto del poder. En ese sentido, nuestro presidente de Gobierno es el menos europeo de los mandatarios continentales. Circula por él la corriente atávica del abuso, que ha sido durante casi toda la historia la inclinación normal del poderoso. Un primitivo sentido del mando fatalmente ligado a la simpleza.…  Seguir leyendo »

Somos testigos diarios de cómo el gobierno Sánchez-Iglesias destroza nuestra democracia y, a la vez, nos hemos resignado a dar por hecho que, para los tres próximos años, son inevitables. Está arraigando, a la vez que la irritación, una cierta sensación de impotencia frente al desastre provocado, con un coste insoportable para la sociedad española. Pero, la resignación no es un argumento.

Se puede estar cometiendo el error de creer que el viejo partido socialista sigue en pie, que no podría admitir tanta irresponsabilidad. Se ignora que Sánchez, de la mano del publicista Iván Redondo, ha convertido al PSOE en una organización populista, enmascarada tras el utilitario trampantojo “nosotros, la izquierda”.…  Seguir leyendo »

El 'Valls' de Arrimadas con Sáncheztein

Abraham Lincoln tenía muy claro que «una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse», al igual que tampoco puede perdurar «un Gobierno mitad esclavo, mitad libre». Es justo lo que ocurre en esta España caótica en manos de un presidente como Pedro Sánchez que está resultando un desastre sin paliativos y cuya nefanda gestión no presagia nada bueno en el terreno económico y social. Como ya lo ha sido en el sanitario con sus más de 40.000 muertos mal contados a causa del coronavirus.

Todo ello tras llegar a La Moncloa aliado a quienes persiguen desgarrar España y encabezar un Consejo de Ministros de cohabitación en el que, tras su abrazo con quien dijo que nunca pactaría para evitarse el insomnio, se inclina por el populismo de Podemos.…  Seguir leyendo »

Este Gobierno no es de progreso. No hablo solo de que esté asentado en la soberbia, la mentira y el desmentido como pilares de su discurso, sino de los ejes de su política.

El progreso de la vida humana -ni siquiera de este país- no puede estar marcado por la hemorragia reglamentista, la resurrección del nacionalismo, el estatismo, el recorte de las libertades, la voracidad fiscal y un más que evidente espíritu autoritario. Si a esto añadimos el feminismo y el ecologismo como excusas para la ingeniería social, para avanzar hacia algún tipo de socialismo del siglo XXI, el retroceso se completa.…  Seguir leyendo »