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Contra el odio

Bandas de rubicundos jóvenes airados asaltan a viejecitas musulmanas que aguardan el autobús, otros salvajes similares manosean y –si pueden– violan a moritas con pañoleta y todo, azuzados por párrocos trabucaires empeñados en ofrecerles el Paraíso a precio de ganga, mientras círculos más exquisitos perpetran sangrientos atentados allende: comandos de bávaros, suecos o leoneses meten bombas en el metro de El Cairo, en los simpáticos ómnibus rurales de Gran Cabilia, en los cines de Casablanca. Su justificación siempre es la misma: lo hacen por Dios para doblegar a los infieles y llevarlos al buen camino. En el ínterin, flotillas de pateras zarpan atestadas de bretones, murcianos, hamburgueses (y hamburguesas) desde el cabo de Gata, Zahara de los Atunes, Fuengirola… En el mar de Alborán las humanitarias Armadas de Argelia, Marruecos y Túnez ayudan a llegar a las playas a los inmigrantes que, no por hambreados, han renunciado al rencor.…  Seguir leyendo »