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Quien siembra populismos, recoge tempestades

Da igual que sea Trump o Podemos. Así acaban siempre los populismos: con violencia. El populismo no es una ideología, es una forma de hacer política que se distingue por un discurso agresivo contra un sistema en el que el establishment o la casta, ya sea Washington o las cloacas del Estado, engaña a los de abajo, al verdadero pueblo, en una conspiración constante.

Los populistas siempre han estado ahí, pero tienen su oportunidad en momentos de crisis. Es entonces cuando esos movimientos políticos crecen porque hay gente desesperada y los medios de comunicación ven en ellos algo espectacular, fuera de lo común por sus palabras, su demagogia y su histrionismo.…  Seguir leyendo »

Desde mi escaño en el Congreso de los Diputados puedo ver pequeños detalles que suelen escapar a la crónica parlamentaria porque suceden fuera de la tribuna de oradores.

En una ocasión, el diputado de Podemos Diego Cañamero, que dice representar a los jornaleros andaluces, regaló tras su intervención un manojo de espárragos a la entonces presidenta del Congreso Ana Pastor. Posteriormente, el autoproclamado portavoz del campo andaluz se dirigió a su escaño. Su discurso había reivindicado las ayudas a los jornaleros y la dignidad del trabajo en los extensos olivares de Andalucía. El camino a su escaño pasaba cerca de los de ERC.…  Seguir leyendo »

Mediaba la segunda legislatura de Aznar cuando Zapatero, aupado al liderazgo socialista contra pronóstico en 2000, mostró su verdadero rostro. El hoy lobista del régimen de Maduro reveló por fin a Caperucita que su boca era tan grande para comerse mejor la fértil democracia española. La primera y descarnada etapa del lobo va del «Nunca máis» al «Pásalo» del 13-M, hitos, como la gala de los Goya del «No a la guerra», que jalonan la visita del PSOE a un añorado escondite moral: la gradual deslegitimación de media España. Que Aznar se impusiera un límite de dos legislaturas fue algo virtuoso sobre el papel, sin contexto, pero debilitó fatalmente a una derecha aún unida bajo las mismas siglas.…  Seguir leyendo »

1. ¿Qué tienen en común… Woody Allen, Lolita, Camille Paglia, Los Rolling Stones, J.K. Rowling, El humor incorrecto, Sam Harris, Las miradas lascivas, OnlyFans, Louis C.K., Los Conguitos, Roman Polanski, Loquillo, Luis Alberto de Cuenca, Los piropos, La libertad de cátedra, Michel Houllebecq, Lo que el viento se llevó, La presunción de inocencia, Steven Pinker, La conquista de América, El porno, Graceland, Jane Austen, La revista Quillette, El club de la lucha, Donald Trump, Occidente, Bret Easton Ellis, Winston Churchill, o Quentin Tarantino?

2. Nada, salvo el hecho de haber sido escogidos por el progresismo, más conocido como "la izquierda", en uno u otro momento 100% aleatorio y en base a razones tan caprichosas como insensatas, como símbolo de todo aquello que está mal del viejo mundo y que debe ser incinerado en la pira de la opinión pública como ritual de purificación en su camino hacia la nueva moral.…  Seguir leyendo »

La máxima inquina la reservan los comunistas a los anarquistas. Les molesta desde su chulería a su libertad, individual y colectiva. De ahí que su política con ellos sea muy simple: aniquilarlos, como hicieron con el POUM durante la guerra civil española e hizo Stalin con todos sus agentes al regresar, temeroso de que se hubieran contagiado del virus español. Con los socialistas, en cambio, sienten algo muy distinto: rivalidad, antagonismo, odio incluso si son socialdemócratas al considerarles «lacayos del capitalismo». Con buenas razones: se disputan el mismo electorado, la clase trabajadora, y comparten símbolos -la bandera roja, el puño en alto-, profetas -Marx, Engels, Lenin-, principios -el materialismo histórico, las contradicciones del capitalismo-, e incluso el nombre: no olvidemos que el primer Estado marxista-leninista se llamaba Unión de Republicas Socialistas Soviéticas, no «Comunistas».…  Seguir leyendo »

Sostiene Fernando Savater que «entre las muchas definiciones de democracia hay una que me gusta más que otras: es el régimen político en el que la culpa de lo que pasa la tienen los ciudadanos». En efecto, la culpa de la catástrofe que amenaza en la actualidad a España la tienen los ciudadanos, y no la incompetencia que diariamente, desde hace casi cinco meses, demuestran cada uno de los ministros, empezando por el presidente del Gobierno del PSOE y por el presidente del Gobierno de Podemos, de lo cual se deduce que es mejor tener un solo presidente que dos, porque en este caso los errores se multiplican doblemente.…  Seguir leyendo »

Había superado contrariedades, era un resistente y consiguió embaucar a muchos ciudadanos durante años, no se detenía ante nimiedades éticas y, pasito a pasito, engañando y no cumpliendo lo que prometía, había cambiado el sistema con la complicidad de su socio, ahora jefe del Gobierno. Su socio tuvo siempre las ideas claras sobre lo que quería y cómo lo quería, y él no tenía ideología alguna; seguía el adagio de Marx, Groucho, claro, sobre la accidentalidad de las ideas según las circunstancias y a quién se dirigiesen.

El presidente se sentía feliz aquella noche. La jornada había sido grata. Se inició con un desayuno en Palacio, a donde había trasladado su residencia al día siguiente de proclamarse la nueva normalidad.…  Seguir leyendo »

Este Gobierno ha cumplido ya cien días y casi todo es un dislate. España debió de portarse muy mal el año pasado bajo el «gobierno» de Sánchez, pues los Reyes Magos a primeros de enero le trajeron carbón, mucho carbón: un conjunto de personas carentes de conocimiento, faltos de experiencia, sin oficio, poco más que revoltosos universitarios iban a conformar, hace ahora cien días, el primer Gobierno socialcomunista de España, desde la Guerra Civil, hace más de ochenta años.

Tras las elecciones de noviembre y pese a la promesa de no aliarse con los comunistas porque le quitaban el sueño, optó por echarse en sus brazos para resolver los múltiples problemas que tenía pendientes.…  Seguir leyendo »

Asegurarse la impunidad del rebaño

El escritor Stefan Zweig, errante apátrida tras desmembrarse el imperio austrohúngaro, describió como nadie, en medio de la devastación, que no había posesión más deseable que el sentimiento de seguridad. Reparó en ello al observar cómo fenecía aquel «mundo de ayer» arrastrando con él a aquel ideal común de vida. Es difícil no tener esa percepción al comprobar como el bifronte Gobierno socialcomunista que copresiden Sánchez e Iglesias instrumentaliza la lucha contra el Covid-19 para acelerar sus planes liberticidas y depauperar la economía de un país cuyas fuentes de riqueza ciegan como quien siembra los campos de sal.

En estos meses de pandemia, todo lo que tocan lo pudren.…  Seguir leyendo »

Cómo destruir una economía

No trataré aquí de las indeseadas consecuencias económicas del confinamiento. Me ocupa la vocación destructora del Gobierno. Voluntaria y deliberada. Síganme.

Una España sin turismo y sin automoción sería un país pobre, parecido al de principios de los sesenta. Solo que entonces soplaba una brisa de promesa. Todo se valora en comparación con algo, y en esos años aún se recordaba el hambre de los cuarenta. Hoy, regresar allí sabría a rayos. Sería una caída, y siempre compararíamos con los días de vino y rosas.

Un país que perdiera la cuarta parte del PIB, que es lo que pesan los citados sectores, en modo alguno podría sostener el colchón de bienestar social que los jóvenes dan por descontado, como el florecimiento de los almendros.…  Seguir leyendo »

En el terreno de las equivalencias gramaticales, nacionalidad es a nacionalización lo mismo que normalidad es a normalización. Del mismo modo que sociedad es a socialismo lo mismo que pueblo a populismo.

La aleación del socialismo de resistencia con el populismo de persistencia en un momento de crisis profunda ha permitido que lo normal se sustituya por un discurso radical en el que no cabe la disidencia. El \"No hay Plan B\" de Sánchez es una versión moderna y paupérrima de esa radicalidad muy próxima al paroxismo de \"El Estado soy yo\", una visión autocrática del poder a caballo entre el cesarismo y el mesianismo.…  Seguir leyendo »

Lo político está siendo tomado por un tipo de mentira con la que no se puede convivir. Los espacios que ocupa se pierden, las estancias quedan condenadas. Nada que ver con la dosis de engaño al pueblo, o demagogia, de cualquier sistema político real.

En los regímenes totalitarios la mentira es estructural. Se funde con la verdad en una comunión monstruosa, y puede durar décadas porque a los sometidos se les inocula un virus moral o mortal. Así, quien desea sobrevivir siguiendo a la naturaleza se ve obligado al compromiso, y quien no está capacitado para tragar es eliminado. De ahí la trascendental y dolorosa observación de Viktor Frankl acerca de la rápida muerte de los mejores bajo el nazismo.…  Seguir leyendo »

Cien días con sus cien noches

Parece que fue hace mucho tiempo, pero apenas son poco mas de 100 días. No es demasiado tiempo para olvidar que la causa inmediata de este Gobierno fue la necesidad de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de cubrir sus respectivos fracasos en las elecciones generales de noviembre de 2019. Ante el imperativo de sobrevivir a la exigencia de rendición de cuentas, a Sánchez se le pasó el insomnio que le provocaba la sola idea de tener a Unidas Podemos en el Ejecutivo e Iglesias archivó sus alusiones a la «cal viva» con la que combatía a los socialistas recordando los años de la guerra sucia.…  Seguir leyendo »

Sánchez y el flautista Iglesias

Al cabo de cien días de nefanda gestión del Gobierno socialcomunista, cabe poner del revés el merecido elogio de Churchill a los heroicos aviadores que libraron la Batalla de Inglaterra frente a la Alemania de Hitler y concluir que nunca tan pocos hicieron tanto daño a tantos en tan poco tiempo al supeditar la salud de los españoles a sus postulados ideológicos. Primero, desatendieron 40 días las advertencias sobre el letal Covid-19, lo que favoreció su masiva propagación y dejó inerme al sistema de salud convirtiendo a España en el lugar del mundo con mayor tasa de fallecidos y de sanitarios infectados.…  Seguir leyendo »

Cuando escribo estas líneas hay 128 muertos por Covid-19 en Grecia, con casi once millones de habitantes. En Portugal han fallecido 854 afectados, con una población de algo más de diez millones. En España, las víctimas mortales ascienden a 22.224, sobre cuarenta y siete millones de almas. Esa es la cifra oficial. La realidad es peor. A quien desee conocerla le basta con aplicar la sencilla operación que aquí apuntó Joaquín Leguina: compárese el número de muertes con las del año pasado para el mismo período relevante.

Aun dando por bueno el incorrecto conteo oficial, las cifras son desoladoras. Deberíamos compararnos con Alemania o Corea del Sur, pero hagámoslo con Grecia y Portugal para intuir las dimensiones del fracaso de nuestro Gobierno y de sus expertos.…  Seguir leyendo »

No hay que ser un agudo analista político para darse cuenta de que la actual legislatura nacional está finiquitada. La emergencia provocada por la pandemia mundial del coronavirus ha dejado desarbolado el mandato de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. No hay proyecto legislativo que el Gobierno de coalición no tuviera en el morral que no se vaya a ver radicalmente afectado –o simplemente arrinconado en el fondo del cajón– por el efecto de esta mortal epidemia.

Todos los españoles han cambiado sus prioridades en estas últimas semanas, al igual que lo ha hecho de manera drástica nuestra vida familiar, laboral y social.…  Seguir leyendo »

Ambición de césar en una España confinada

Con gran carga de ironía, el disidente soviético Vladimir Bukovsky, 12 años en campos de trabajo y prisiones psiquiátricas por defender los derechos humanos en la URSS, refería que cuando la prensa soviética daba cuenta del hallazgo de algún alimento perjudicial para la salud sus compatriotas colegían que lo que se les anunciaba es que pasaba a ser racionado por la incompetencia para obtenerlo. Tan interiorizada estaba la mentira oficial que hasta Gorbachov persuadía a Margaret Thatcher de que los rusos eran tan difíciles de complacer que, disponiendo de un pan mejor, se empecinaban en comer uno bastante peor con algo de sal.…  Seguir leyendo »

En el desgarramiento terrible producido por el coronavirus, habría que distinguir dos conceptos. Uno, el de su «inabarcabilidad»: todos los países se han visto sobrepasados por una patogenicidad inesperada; y el otro, el de su responsabilidad gradual: no es lo mismo que escaseen los respiradores que ser cooperadores necesarios con la expansión de la epidemia.

Sánchez accedió al Gobierno de aquella manera y con cada engaño se ha ido desvirtuando un poco más. Paradójicamente, cuánto más controla los medios, más nos traslada su agobiante certidumbre de que solo sabe resistir. En esta crisis ha protegido sus responsabilidades, a modo de coartada, compartiéndolas con la autoridad sanitaria cuando no debería ser así.…  Seguir leyendo »

El padrecito Stalin, con 20 millones de víctimas sobre su conciencia, sentenció cínicamente que, mientras que una muerte es una tragedia, un millón es estadística. El sucesor de Lenin olvidaba que ese millón de cadáveres encerraba un millón de tragedias, como apostilla el gran escritor británico Martin Amis en su estremecedor Koba, El Terrible, donde recrimina la complicidad de la izquierda totalitaria –entre ellos, su padre– con las atrocidades del sátrapa. Atendiendo a la dolorosa invisibilidad de los casi 12.000 fallecidos oficialmente en España por el coronavirus, recobra lúgubre vigencia el aforismo estalinista. Más cuando las víctimas de la pandemia agonizan en soledad y en soledad son sepultados envueltos en una mortaja de ausencia bajo el mármol frío del Registro.…  Seguir leyendo »

Si un virus se propaga a través de gotículas respiratorias expulsadas por la nariz y la boca no parece aventurado suponer que cualquier protección facial será de utilidad para contener el contagio, en la doble vertiente de la salvaguarda personal y de evitar que un portador de la enfermedad contamine a un individuo sano. De hecho, la adecuada dotación de mascarillas (cubrebocas o barbijos, como se dice en los países hispanoamericanos) y otros equipos de autopreservación ha sido en los momentos álgidos de la emergencia la reclamación más candente de los profesionales sanitarios, conscientes del peligro al que los somete el permanente contacto con pacientes infectados.…  Seguir leyendo »