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La novela histórica

Nací el año de la Primavera de Praga, cuando los checos, con las manos desnudas, se enfrentaban a los tanques soviéticos reclamando libertad. Podía haber dicho que lo hice el año del Mayo del 68, pero cada cual elige el acontecimiento histórico con el que se identifica. Durante la Transición, mi padre, bajo la luz de una lámpara de pie, leía enfebrecido a Robert Graves en una habitación tachonada de libros mientras fumaba y en el tocadiscos sonaba zarzuela. En ocasiones, si algún párrafo le gustaba mucho, lo leía en alto con su voz radiofónica, con una cadencia de contador de mitos, como años más tarde haría con Memorias de Adriano, otra de sus predilecciones.…  Seguir leyendo »

El fascismo y el nazismo tuvieron su juicio en Núremberg. Un juicio más simbólico que efectivo, pues allí los acusados eran una mínima parte de los responsables de una de las más grandes catástrofes de la historia del mundo. Otros culpables huyeron, desaparecieron los más y muy pocos fueron posteriormente capturados. Diferentes Estados los protegieron, fundamentalmente a los científicos, a quienes incorporaron a sus proyectos nucleares y del espacio. Pero Núremberg juzgó y condenó a uno de aquellos sistemas totalitarios. ¿Dónde un Núremberg para el mundo soviético y, fundamentalmente, para la etapa estalinista? Millones de personas fueron sacrificadas sin sentido, familias enteras, y aún nadie hoy en la nueva Rusia, ni siquiera en Occidente, las ha recordado y reivindicado de forma oficial.…  Seguir leyendo »

Traté apenas en persona a Martín de Riquer —que acaba de morir, poco antes de cumplir cien años—, pero lo leí mucho, sobre todo en mi juventud, cuando, entusiasmado por la lectura del Tirant lo Blanc, me volví devoto de los libros de caballerías. Descubrí la gran novela catalana en la maravillosa edición que hizo de ella Riquer en 1947 y en 1971, cuando vivía en Barcelona, le propuse hacer una edición de las cartas y carteles de desafío de Joanot Martorell (El combate imaginario), lo que me permitió visitarle. Recuerdo con gratitud esas dos tardes en su casa repleta de libros, su amabilidad, su sabiduría, su prodigiosa memoria y la desenvoltura con que se movía por una Europa de caballeros andantes, ermitaños, trovadores, magos y cruzados, mientras acariciaba su eterna pipa y le brillaban los ojitos de alegría con aquello que contaba.…  Seguir leyendo »

Aristóteles, en el capítulo 9 de su Poética, escribe acerca de la Historia y la Poesía: «La misión del poeta no es tanto contar las cosas que realmente han sucedido cuanto narrar aquellas cosas que podrían haberlo hecho de acuerdo con la verosimilitud o la necesidad. El poeta y el historiador se distinguen en que el historiador cuenta los sucesos que realmente han acaecido, y el poeta los que podrían acaecer. Por eso la Poesía es más filosófica que la Historia y tiene un carácter más elevado que ella, ya que la Poesía cuenta sobre todo lo general, y la Historia lo particular».…  Seguir leyendo »

La literatura suele ofrecer reflexiones sobre los vacíos teóricos y los desasosiegos prácticos asociados a la condición humana y a las relaciones de poder. La epopeya clásica Gilgamesh y El rey Lear de Shakespeare son dos de las obras que mejor muestran las consecuencias de la falta de sabiduría práctica del gobernante y del difícil camino para alcanzarla. Se trata de dos personajes al principio poderosos: ambos son reyes, pero se encuentran desconcertados tras las consecuencias de sus propias acciones. Una situación de la que les será muy difícil alejarse. Para ello necesitarán emprender un viaje hacia terrenos que hasta ese momento les eran desconocidos y que, al final, les harán ser, a la vez, más sabios, más tolerantes y más infelices.…  Seguir leyendo »