A Javier Gómez de Liaño

Por Rafael Vera (EL PAIS, 10/11/04):

Te contesto, «amigo» Javier (perdona que te tutee, siempre ha sido así), sin haber leído tu carta, porque el mero hecho de escribirla es un acto, por tu parte, de valentía personal y de recuerdo hacia mi persona, lo que agradezco. Intuyo su contenido (el título lo dice todo [A Rafael Vera, imagen de una época], y me temo que, una vez más, pretendes abofetear a otros en mi cara. Siempre he estado presto a colaborar, en estas y en otras tareas, con los jueces de la Audiencia Nacional. Tú lo sabes, y alguna prueba tienes de ello. Menos mal que no tengo ningún caso pendiente a juzgar por ti (parece que a pesar del indulto «total» que te concedió el Gobierno todavía no has regresado a la carrera judicial, para frustración de los que te esperábamos), porque tus palabras no me servirían ni para recusarte por animadversión. ¡Qué experiencias he vivido, con los jueces, en esta cuestión!

Con respecto al título de tu carta (no voy más allá), decirte que me siento muy orgulloso de haber podido trabajar en una época apasionante de las postrimerías de la transición, con sus errores y todo, para llevar a este país a la libertad. Igualmente estoy satisfecho de la buena relación que, en materia antiterrorista, mantuvimos. ¡Faltaría más! Te repito, por si no te lo comentó en su día Mª Dolores (yo así se lo dije), que lamenté tu condena y me alegré de tu indulto. Sólo me separa de ti una cosa: que la prevaricación de un juez es un delito muy grave. No me atrevo a comparar, pero de esto ya hablaremos otro día.