A merced de los lobos

Dentro del sistema financiero existe un reducido grupo de profesionales dedicados a invertir dinero de manera arriesgada con el único objetivo de lograr elevadas rentabilidades en el corto plazo. Esta es la finalidad de los hedge funds, de muchos departamentos de los bancos de inversión y de alguna área, mucho más reducida, con menos medios y más restricciones, de algún banco comercial global.

Quienes se dedican en serio a esto se concentran en Wall Street y en Londres. Su actividad es perfectamente legal y normalmente muy bien remunerada pues su retribución está ligada a los resultados de sus operaciones, aunque cuando les va mal suelen ser carne de despido. Este tipo de inversión es el lado más salvaje del capitalismo, especulación pura y dura donde todo vale con el fin de lograr elevadas rentabilidades, aunque signifique hundir empresas o incluso países.

Un alto directivo de un banco internacional me contaba no hace mucho que la naturaleza depredadora de estos profesionales es tan marcada que su presidente visitó recientemente al presidente de un determinado país y en medio de la reunión les pasaron una nota indicando que la bolsa local se había colapsado por movimientos especulativos precisamente de la unidad de inversiones del banco en cuestión.

El bochorno del banquero fue grande pero la única queja a «sus chicos» se debió a no haber coordinado sus acciones con su agenda para no hacerle pasar un mal trago. No es que no tengan corazón, es que en su trabajo no lo necesitan.

El modo de actuación de estos profesionales se asemeja mucho al de los lobos. Aunque existen lobos solitarios con estrategias individuales muy concretas en general atacan unos pocos por delante y luego acude el resto de la manada por lo que las oleadas de especulación se suelen concentrar en ciertos activos, al menos temporalmente. Y nunca se quedan hasta devorar totalmente la presa pues prefieren que otros inversores menos experimentados rebañen el cadáver ya que el riesgo se incrementa exponencialmente con el tiempo. Lo importante de una inversión especulativa es materializarla y alguien debe comprar el activo que se ha inflado para poder lograr la buscada plusvalía.

Como todo animal depredador solo atacan aquello que ven a su alcance, esquivando los objetivos difíciles y centrándose en el más débil. Esta especulación ha encontrado en la deuda soberana un excelente caladero pues el nivel de endeudamiento unido a la debilidad económica hace que sea razonable pensar en riesgos de impago.

Y se han centrado en la deuda europea porque la casi crónica falta de decisión política se lo pone muy fácil. La deuda norteamericana se encuentra técnicamente peor que la europea pero nadie se ha creído que Republicanos y Demócratas llegasen a forzar el impago de la deuda norteamericana.

Además, para mover el precio de la deuda norteamericana hace falta muchísimo dinero, mientras que para alterar el precio de la deuda helena con unos cientos de millones bien apalancados es más que suficiente. No hay que buscar ideología o patria al dinero, simplemente es un juego de probabilidades de éxito, similar al ataque de los lobos a crías o animales enfermos.

La estrategia de inversión especulativa en deuda europea es relativamente sencilla, hay que extender las dudas ampliando los spreads todo lo que se pueda con la tranquilidad de que el impago no se producirá. Y si se ve que es posible, entonces huir. Como en un tsunami, cuando los especuladores profesionales se retiran de un mercado quiere decir que la gran ola se acerca. Y su señal es mucho más precisa que cualquier rebaja de rating de las devaluadas, aunque escuchadas, casas de rating.

Las decisiones de hace unos días de los políticos europeos sobre la deuda fueron un avance, pero no han ahuyentado a los especuladores de manera definitiva. Algunos se han retirado unos días para ver la firmeza de las decisiones o para evaluar cómo puede afectar a los CDS la declaración de impago selectivo de las agencias de rating (que por cierto ojalá les cueste mucho dinero, aunque seguro que ya habrán pasado la patata caliente a alguna entidad incauta que habrá pensado que este derivado era el negocio de su vida) o, incluso, otros se habrán ido unos días a una isla paradisíaca.

Pero siguen ahí. Ahora van a por España e Italia, pero lo de menos es quien, lo importante es cuanto se gana. La única salvación para que esta especulación no acabe con nosotros es que haya otras víctimas más fáciles, entre ellos y nosotros.

Muchas veces nos cuestionamos el riesgo moral de socializar las pérdidas y que el contribuyente reponga lo que particulares o gobiernos manirrotos han derrochado. Pero, en general, la intervención pública es necesaria, porque queremos vivir en una sociedad ordenada y moderna donde el sistema financiero es parte fundamental de la misma.

Lo que parece increíble es que tantos nos dejemos manipular por tan pocos que se esconden tras normas y leyes perfectamente conocidas. Olvidemos la demagogia contra bancos y banqueros «normales» y centremos la demanda social en acorralar ciertas actividades especulativas. Los lobos siguen acechando.

José Antonio Bueno, socio de Europraxis.

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