Abandonar la guerra a las drogas

La democracia directa suiza permite a los ciudadanos que hayan reunido suficientes firmas en una petición desafiar las leyes y políticas gubernamentales en referendos a nivel nacional. Después de una serie de muertes por SIDA en la década de 1980, los suizos se vieron cara a cara ante un problema que ha destruido millones de vidas en Estados Unidos, Rusia, América Latina, la Unión Europea, el sur de Asia y otras regiones. Los usuarios de drogas por vía intravenosa -especialmente los adictos a la heroína – han convertido espacios públicos en Zúrich y otras ciudades y pueblos suizos en “parques de uso de agujas”. El SIDA ha demostrado ser ciego a la riqueza.

Los suizos no han respondido con el tipo de abandono que el gobierno de Rusia ha mostrado hasta ahora hacia sus epidemias de VIH y consumo de heroína: más de dos millones de usuarios de drogas y, se estima, un millón de personas con VIH, de los cuales sobre el 60% se infectó por compartir agujas contaminadas . Tampoco reaccionaron con una “guerra a las drogas” o financiación masiva de más policía y más cárceles, y sentencias obligatorias de prisión.

Esa guerra se ha perdido por completo. EE.UU. ya encarcela a más personas que cualquier otro país, en gran parte como resultado del gran aumento de condenas por drogas, con un número desproporcionado de presos afroamericanos e hispanos. La guerra contra las drogas ha permitido a los cárteles de la droga obtener mayores ganancias que nunca y transformar comunidades enteras en América Latina en feudos. El dinero de la droga está corrompiendo a los gobiernos democráticos y las instituciones policiales de todo el mundo. La violencia relacionada con las drogas ha provocado una cantidad incalculable de víctimas en Afganistán, Birmania, Colombia, EE.UU. y México.

Los suizos reevaluaron sus políticas de gobierno sobre drogas con una mirada pragmática. Los profesionales de la salud tomaron la iniciativa en una campaña para presionar al gobierno – a través de los mecanismos de democracia directa – para que cambiaran su enfoque de detener y castigar a los consumidores de drogas, hacia las políticas de salud pública basadas en evidencias científicas de los métodos que sí funcionan.

Los suizos pusieron en marcha programas de suministro de metadona y, con el fin de prevenir la propagación del VIH, crearon puntos de intercambio de jeringas -incluso en las prisiones- y establecieron salas de inyección segura a gran escala. La Oficina Federal Suiza de Salud Pública también supervisó un experimento de prescripción de heroína a personas que habían vivido con dependencia de opiáceos por períodos significativos.

La cuidadosa evaluación de este enfoque por parte del gobierno suizo ha demostrado que la terapia asistida con heroína es factible y eficaz en términos de costes, y que puede generar mejoras significativas en la salud de los pacientes. Más aún, contribuyó a una notable caída de la delincuencia relacionada con drogas. El pueblo suizo quedó tan convencido de los beneficios del tratamiento asistido con heroína que, en dos votaciones a nivel nacional, el electorado apoyó la política pese a la oposición política interna y las críticas del Consejo Internacional de Control de Narcóticos.

Suiza es un país conservador. El tráfico ilícito de drogas sigue siendo ilegal. En noviembre de 2008, los suizos rechazaron una propuesta de despenalización de la marihuana al estilo holandés. Y algunos políticos cuestionan si el enfoque suizo se ha centrado demasiado la política antidrogas en la salud pública y muy poco sobre cómo abordar la pobreza y la exclusión social que enfrentan los usuarios de drogas.

Sin embargo, el enfoque pragmático de Suiza ante el consumo de drogas ha aportado importantes lecciones que son aplicables a los EE.UU., Rusia, y muchos otros países asolados por las drogas y el VIH /SIDA, sobre los cuales ejercen una influencia significativa. También ha ocurrido así con enfoques similares en Portugal, que apenas hace una década estaba a la cabeza de la UE en cuanto a casos de VIH/SIDA relacionados con drogas. La decisión de Portugal en 2001 de despenalizar la tenencia de drogas ilegales no sólo llevó al tratamiento de una mayor cantidad de consumidores de drogas (en lugar de su encarcelamiento), sino también a una disminución significativa de nuevas infecciones de usuarios de drogas por el VIH.

Una lección es la importancia crucial de la investigación con rigor científico de los nuevos programas – en vez de la retórica populista, el moralismo religioso y los mitos urbanos – para orientar la formulación de políticas. Esto requiere la coordinación de programas de vigilancia y salud dentro de un marco de políticas coherente, la inversión en investigación y educación pública sobre políticas de drogas, la apertura de los nuevos programas a estudios de evaluación independientes y el hacer frente a la crítica ideológica, tanto nacional como internacional, con pruebas y pragmatismo.

Para transmitir esta y otras lecciones importantes y promover en todo el mundo las políticas eficaces de reducción del daño – y un amplio debate público acerca de políticas más humanas y eficientes para enfrentar el problema de las drogas – nosotros y otros líderes mundiales hemos puesto en marcha la Comisión Mundial sobre Políticas de Drogas, que celebró su primera reunión en enero en Ginebra. Nuestro objetivo es mostrar que la guerra contra las drogas está perdida. Suiza, Portugal y otros países han demostrado que existe una mejor forma de avanzar, combinando pragmatismo y eficacia de costes con compasión y respeto de los derechos humanos.

Par Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil y encabeza la Comisión Mundial sobre Políticas de Drogas, y Michel D. Kazatchkine, Director Ejecutivo del Fondo Global para la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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