¿Acallarán al parlamento de la India?

Acallarán al parlamento de la India

Tras una pausa de casi seis meses, el parlamento indio volverá a reunirse a mediados de septiembre, con el país hundido en una crisis cada vez más profunda. Pero temo que no consiga una rendición de cuentas del ineficaz gobierno.

El parlamento está obligado a reunirse ahora porque la constitución de la India limita el intervalo entre sesiones a no más de seis meses, y la pandemia de COVID‑19 obligó a suspender todas las sesiones desde marzo. Con 4,5 millones de casos hasta el momento, la India ya es el segundo país más afectado del mundo, por encima de Brasil y Rusia y sólo detrás de Estados Unidos.

Además, las tasas de contagio están en aumento, sobre todo en áreas rurales donde no hubo testeos suficientes. Felizmente, la tasa de mortalidad por COVID‑19 se mantiene bastante baja, en 55 por millón, apenas el 1% de la cifra agregada de muertes sin distinción de causa.

Pero aun sin pérdida de vidas, sí la hubo de medios de vida, por el confinamiento drástico pero ineficaz impuesto en marzo. En el trimestre de abril a junio el PIB tuvo una caída interanual del 23,9% (el peor desempeño entre las principales economías del mundo). Cunde el desempleo: durante la pandemia se perdieron unos 21 millones de puestos asalariados, y millones más en el sector informal, sobre todo entre jornaleros que ahora no tienen cómo llegar a fin de mes. Cierran pequeñas y microempresas por todo el país. Y los millones de trabajadores migrantes que desesperados tuvieron que irse caminando a sus hogares durante la cuarentena tampoco hallaron oportunidades en las paralizadas economías de sus aldeas.

El gobierno del primer ministro Narendra Modi parece totalmente incapaz de detener la debacle económica, como si el derrumbe de indicadores en todos los sectores lo hubiera paralizado. Un muy promocionado estímulo fiscal terminó siendo menor a la décima parte de lo que había dicho Modi, y no mejoró la difícil situación del país. El presupuesto que se aprobó justo antes de la cuarentena ya no sirve de nada, porque se basaba en previsiones que han perdido toda relevancia.

Y para colmo de males, ha estallado una seria crisis en la disputada frontera del país con China, en la que en junio veinte soldados indios murieron brutalmente en las heladas alturas de Ladakh en los Himalayas. Las promesas de desactivar el conflicto no se han convertido en retiradas, sino que ambas partes han enviado refuerzos a la tenue «línea de control efectivo» que se interpone entre sus fuerzas. Esta semana, los ministros de asuntos exteriores de ambos países anunciaron un nuevo acuerdo para poner fin al enfrentamiento, pero todavía hay que ver si se concreta.

Mientras esto ocurría, Pakistán intensificó la beligerancia transfronteriza en Cachemira, donde se agita el descontento tras la represión ordenada el año pasado por el gobierno de Modi. Crece el temor a que la India tenga ante sí una guerra en dos frentes antes de que termine el año.

En condiciones normales, todo esto daría para una intensa sesión parlamentaria. Pero la legislatura se reunirá en circunstancias restrictivas anormales, que se reflejan en las medidas extraordinarias anunciadas antes de la sesión. Ningún parlamentario podrá entrar al recinto sin un certificado de COVID negativo de una prueba realizada en los tres días anteriores. Una vez allí, se aplicarán a las usualmente atestadas salas normas de distanciamiento social, y los parlamentarios deberán distribuirse ocupando los dos hemiciclos y las galerías reservadas a los visitantes.

Esto obligará a las dos cámaras a reunirse por turnos, medio día cada una, en sesiones de cuatro horas en vez de las habituales seis, los siete días de la semana en vez de los tradicionales cinco. Encima, el gobierno y los presidentes de las cámaras han decidido que en vista del acortamiento de las sesiones, se elimine la hora de preguntas, que es la única oportunidad que tienen los parlamentarios para obtener de los ministros respuestas no preparadas en relación con una variedad de temas. (Fue tal el escándalo que el gobierno tuvo que aceptar preguntas escritas con dos semanas de antelación, a las que los ministros responderán por escrito.)

Haber suspendido la hora de preguntas es típico de un gobierno que rehuye el cuestionamiento. Modi no dio una sola conferencia de prensa en la India en los seis años que lleva en el cargo, y es sabido que sólo concede entrevistas con una lista de preguntas autorizadas de antemano. El gobierno acusa de sediciosos a los manifestantes que lo cuestionan, y a los críticos los tilda de enemigos de la nación. La Corte Suprema de la India condenó por desacato a un destacado jurista que publicó en Twitter objeciones a algunas de sus decisiones recientes. Y en vez de juzgar el desempeño del gobierno, últimamente los principales medios de prensa han estado muy ocupados escarbando los sórdidos detalles del suicidio de un actor de Bollywood y las teorías conspirativas que desató.

En tanto, el gobierno sigue cometiendo errores y trata de tapar su ineptitud con trucos publicitarios, que incluyeron hace poco una estrambótica sesión de fotos donde se lo veía a Modi alimentando pavos reales en su jardín. La respuesta oficial al fracaso es la negación, como cuando hace poco Modi afirmó que la India no perdió territorio tras la avanzada china, pese a que hay fotos satelitales y evidencia en el terreno que muestran claramente lo contrario.

A China esta declaración le vino como anillo al dedo para negar la invasión de un territorio de más de mil kilómetros cuadrados (y los dirigentes chinos no son los primeros en darse cuenta de que con este gobierno indio es posible hacer cualquier cosa y salir impunes, con tal que Modi pueda proclamar victoria para la opinión pública interna).

De modo que el parlamento tiene ante sí una misión crucial, pero muchos parlamentarios temen que no podrá cumplirla. El gobierno usará su mayoría aplastante para aprobar cualquier proyecto (en particular convertir en ley numerosas ordenanzas y decretos de los últimos seis meses) y evitar que se debatan cuestiones importantes.

La tendencia del gobierno a usar la mayoría parlamentaria para convertir la legislatura en una mera escribanía ya quedó de manifiesto en sesiones anteriores. Y esta podría interrumpirse al menor indicio de COVID‑19 (la enfermedad ya mató a un parlamentario).

Tal vez las medidas visibles que exige la pandemia (mascarillas, más distancia entre parlamentarios y mamparas plásticas) no sean lo único diferente que tendrá esta sesión parlamentaria. Temo que el máximo órgano legislativo de nuestra democracia quede reducido a un mero tablón de anuncios para las decisiones del gobierno. Hay riesgo muy real de que la India esté a punto de honrar las formas externas del proceso parlamentario sin el espíritu de debate, discusión, disenso y deliberación.

Shashi Tharoor, a former UN under-secretary-general and former Indian Minister of State for External Affairs and Minister of State for Human Resource Development, is an MP for the Indian National Congress. He is the author of Pax Indica: India and the World of the 21st Century. Traducción: Esteban Flamini.

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