Actuar con rapidez

Hace tres años tuve ocasión de participar en la inauguración del atunero ‘Alakrana’. Conozco personalmente a sus armadores y a algunos de sus tripulantes. Y al escuchar la noticia de su apresamiento, mi primera evocación ha sido para ellos y sus familiares. Me ha sobrecogido imaginar la angustia con la que han de estar viviendo el momento. Pero inmediatamente después mi mente se ha trasladado a la sesión parlamentaria en la que, no hace todavía más que diez días, el Grupo Socialista consiguió reunir apoyos suficientes como para rechazar, en una votación muy ajustada, la moción del PNV en la que se instaba al Gobierno a garantizar la seguridad de los atuneros vascos que faenan en el Indico, embarcando infantes de marina convenientemente armados. Y no he podido evitar concluir que la situación de los marineros secuestrados sería, hoy, muy distinta, si el Ejecutivo central hubiese atendido el requerimiento que los armadores le vienen formulando desde hace tiempo.

Es de lamentar el hecho de que, cuando se trata de velar por la seguridad de esta flota, el Gobierno sólo sea capaz de reaccionar cuando, tras despreciar reiteradamente las advertencias de nuestro Grupo Parlamentario, se producen los incidentes sobre cuyo riesgo alertamos. Ocurrió con el ‘Playa de Bakio’ -todavía recuerdo la rechifla que algunos hicieron cuando apunté por primera vez en el Congreso el peligro que los piratas somalíes suponían para nuestros atuneros- y, desafortunadamente, la historia se ha vuelto a repetir con el Alakrana.

Pero el mal ya está hecho. De nada sirve lamentarse. Ahora, sólo cabe actuar con rapidez, tiento y eficacia para que la situación no se agrave. Es momento de aunar esfuerzos para lo que en este momento ha de ser el principal objetivo de todos: salvar la vida de los tripulantes, ahorrándoles sufrimientos.

Ahora bien, cuando el incidente quede resuelto -confío en que satisfactoriamente- será preciso retomar la cuestión y volver a plantear las iniciativas parlamentarias cuyo rechazo nos ha traído a esta penosa situación.

El Gobierno deberá asumir que las reivindicaciones de los armadores están puestas en razón y que, hoy por hoy, la única manera de garantizar con eficacia la seguridad de la flota atunera del Índico pasa por embarcar infantes de marina. Y sería aconsejable que dejase de oponerse a la medida, parapetándose tras el falso argumento de que es ilegal. No lo es, y lo sabe. Tampoco estaría mal que abandonase la irresponsable actitud de escurrir el bulto, pretendiendo cargar sobre las espaldas de los armadores las desagradables consecuencias que pudieran derivarse de un eventual -y siempre indeseable- enfrentamiento armado en alta mar.

Por su parte, sería altamente plausible que el Gobierno vasco dejase de plegarse tan servil como acríticamente a los dictados del Ministerio de Defensa. A todos nos gustaría verle amparando a los atuneros vascos con la firmeza requerida incluso, si fuera necesario, contra el criterio del Ejecutivo central. Y, por favor, que renunciase a hacer suya la retórica demagógica e indecente que tiende a culpar a los propios armadores de la situación en la que se encuentran.
Y, en fin, sería de agradecer que los diputados y senadores socialistas elegidos en Euskadi, antepusiesen los intereses vascos a las órdenes emanadas de la dirección de su Grupo Parlamentario. Si hace diez días, Benegas, Madina, Montalbán y sus compañeros hubiesen apoyado la moción del PNV, es posible que, en estos momentos, los tripulantes del ‘Alakrana’ estuviesen largando la red, que es para lo que fueron al Índico, y no con la mirada perdida en las bocachas de los rifles que blanden los piratas que los han detenido.

Josu Erkoreka, portavoz del PNV en el Congreso.