¿Acuerdo parcial Israel-palestina?

A pocos días de las próximas elecciones en Israel –se celebran el martes día 22–, las encuestas y los medios de comunicación inciden en lo mismo: el Likud (liderado por el actual primer ministro Beniamin Netanyahu) y el partido Israel Nuestro Hogar (liderado por Avigdor Lieberman, obligado a dimitir hace unas semanas ante el juicio en el que está imputado por fraude y abuso de confianza) se presentan en una lista conjunta bajo el nombre de El Likud Nuestro Hogar, una lista que conseguiría unos pocos escaños menos de los que tienen actualmente ambos partidos por separado y se convertiría de esta manera en la lista con mayor número de escaños en el nuevo Parlamento.

El bloque que engloba los partidos de derecha y religiosos obtendría entre 65-70 escaños, mientras que el bloque de centroizquierda y de partidos árabes conseguiría solamente entre 50-55 escaños. Por eso, ahora las luchas en el panorama político se dan dentro de cada bloque: Netanyahu intenta que la extrema derecha no le quite demasiados escaños, y el Partido Laborista se esfuerza por que las listas de centro que han surgido últimamente no le arrebaten muchos votos. Sea lo que sea ya da igual. Es casi seguro que Netanyahu será elegido para una tercera legislatura.

Esto quiere decir que es muy difícil que en los próximos años se logre un acuerdo definitivo entre Israel y los palestinos, ya que Netanyahu no está dispuesto a pagar el precio por la paz: volver a las fronteras de 1967 con unos pequeños cambios, establecer Jerusalén Este como capital del Estado palestino y dar una solución simbólica al problema de los refugiados palestinos. Por otro lado, el presidente estadounidense Barack Obama no tiene intención de presionar a Netanyahu para que pague ese precio, tampoco a través de las “palomas” que tiene en su Gobierno, como el senador John Kerry, nombrado secretario de Estado, o el exsenador Chuck Hagel, posible secretario de Defensa. Y la Unión Europea, en lo que se refiere a Oriente Medio, es como un coro con veintisiete voces diferentes, sin interés en involucrarse activamente y que se conforma con hacer meras declaraciones de intenciones.

Pero esto no implica que se mantenga el actual statu quo. Israel sabe que el reloj demográfico no avanza a su favor y que dentro de poco habrá una minoría judía que gobierne a una mayoría palestina, y esto es algo que ni la comunidad internacional ni muchos israelíes aceptarán. Por el lado palestino, se perciben signos de una tercera intifada y, si se confirma la sensación de que no hay una solución política en el horizonte, aumentará la violencia en Cisjordania.

Así pues el Gobierno de Beniamin Netanyahu tendrá que hacer algo y lo único que podría hacer es reconocer un Estado palestino con unas fronteras temporales acordadas y que supondría otorgarles a los palestinos mucho más de lo que tienen actualmente: 40% de Cisjordania incluyendo los territorios de tipo A, donde los palestinos tiene el control absoluto, y los territorios de tipo B, donde poseen el control administrativo pero no el de seguridad.

Con este acuerdo parcial los palestinos obtendrían el reconocimiento israelí de un Estado palestino, y Netanyahu conseguiría así aplazar la cuestión de la división de Jerusalén y el problema de los refugiados palestinos.

Para llevar a cabo esta operación, a Netanyahu no le basta su actual coalición, compuesta por partidos de derecha y de ultraortodoxos. Este posible acuerdo nunca recibiría el apoyo de la derecha más dura dentro de su partido y, por supuesto, tampoco la de fuera de él. Por tanto, necesitará aliarse con partidos a la izquierda de su coalición, especialmente con el Partido Laborista, cuya líder, Shelly Yachimovich, se esfuerza últimamente en mantener una postura más de “halcón”, afirmando que su partido no es de izquierdas y que nunca lo fue, y centrándose más en cuestiones sociales, con lo que deja la vía libre a Netanyahu en el terreno político.

Probablemente el Partido Laborista se alegraría de unirse al gobierno de Netanyahu, quien estaría dispuesto a darle ministerios importantes con el fin de tener más margen de maniobra y evitar así recurrir a los diputados más radicales del Parlamento, los cuales le obligarían a estar atado de pies y manos sin poder ofrecer ningún acuerdo pues no le dejarían hacer concesión alguna a los palestinos. Un gobierno de unidad nacional y un acuerdo parcial con los palestinos serán probablemente los temas del día en las próximas semanas.

Yossi Beilin, ex ministro de Justicia israelí, negociador en el proceso de paz de Oslo.

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