Admirable pueblo sueco

Durante la crisis epidémica, personas de mi considerable edad se han sentido profundamente humilladas con las brutales medidas de arresto domiciliario tomadas en sede parlamentaria por pueril asamblea de indoctos (dicen que avalados científicamente). Tan mezquinos son que más de uno quiere multar al expresidente Rajoy, al haber roto ejemplarmente, con cívica madurez, el aborrecido y nefasto confinamiento cuando lo que merece es ser homenajeado en España entera por los bien nacidos.

En cualquier epidemia, una sociedad democráticamente madura -libre de supersticiones y terrores infantiles que reclaman la protección asfixiante y liberticida del Estado- aun siendo intervencionista y amparadora de los desprotegidos antepone y estimula la responsabilidad personal. Sin demagogia y exquisitamente pendiente del bienestar y libertad de los ciudadanos, la Agencia de Salud Pública sueca -independiente del Gobierno- dejó claro desde un principio que no aterrorizaría a la buena gente y solo aconsejaría medidas de distanciamiento social que fuesen soportables por la ciudadanía en el medio/largo plazo en previsión de que el Covid-19 se prolongase. Obsérvese el impresionante sentido de la realidad de los suecos: en un problema eminentemente técnico, como es este, los responsables de fijar el rumbo a seguir no son los políticos sino la Agencia estatal de salud. ¿Por qué se nos hurtó en España la identidad de los científicos que asesoraban las decisiones del Gobierno? ¿Por qué no se dieron en abierto los informes que supuestamente las ampararon? Evidentemente, para evitar un debate científicamente contradictorio que pudiera ponerlos en apuros. En apuros ante la Ley, digo. Ahora ya sabemos nunca existió ese comité.

El ejemplo científico y democrático ofrecido por Suecia suscita mi absoluto respeto, admiración y defensa. Defensa, sí, porque, aunque los admirables suecos se bastan y sobran para defenderse solos, les ha caído encima una avalancha de críticas feroces e injustificadas. Excepcionalmente, la consejera de Salud catalana reconoció que haber confinado a los niños fue un tremendo error. Y, quede constancia en su honor, en el arranque del confinamiento, enfrentándose al mainstream, Félix de Azúa sacó columna pidiendo la vuelta de los niños a guarderías y escuelas en línea con el modelo sueco. El intento de desprestigiarlo busca probar, a contrario, que los buenos modelos de gestión epidémica son los de arresto domiciliario o casi. Si bien tanto el modelo sueco como los del resto de países escandinavos y bálticos -algo más restrictivos hasta mediados de abril pero infinitamente suaves comparados con el español- dominan de popa a proa la chapuza pergeñada en La Moncloa. En España proliferan los comentarios adversos al modelo sueco habida cuenta que es un contraejemplo demoledor de lo irreparablemente mal que se ha gestionado el Covid-19. En efecto, no olvidemos que la principal coartada defensiva de Sánchez para no acabar ante el Supremo, basándose en la proyección (parte alta de la horquilla) del insostenible modelo del Imperial College, es que gracias al confinamiento se han evitado 35 millones de contagios y salvado 350.000 vidas. Escapismo absolutamente falaz toda vez que al aplicar los mismos cálculos al caso sueco, sin confinamiento, y teniendo en cuenta su estructura demográfica debería haber habido a estas alturas 120.000 fallecidos en Suecia. No llegarán ni a 10.000.

El Gobierno (y medios afines) supone que instrumentalizando negativamente el modelo sueco se va a librar de la irresponsabilidad de haber aplicado en España las medidas mundialmente más drásticas (jactanciosas palabras de Marlaska) cuya consecuencia inmediata es haber embargado el futuro del estado del bienestar afectando la esperanza de vida de la población (los parados mueren antes). Total, para tener más muertos por 100.000 habitantes que Suecia y sufrir una caída del PIB del 12% en 2020, según estimaciones del FMI que yo elevo sin sonrojo al 20%, de marzo a marzo, al no haber tenido en cuenta el desprestigiado organismo económico internacional los daños síquicos y abatimiento de la población española cuyo pesimismo, remachado con la «nueva (a)normalidad», profundizará la caída y lastrará la recuperación.

Lo mismo podría decirse de Francia e Italia. En el trinomio latino ha dominado el temor de los gobernantes a las consecuencias penales que podrían traerles haber actuado mal y a destiempo y, en desesperado intento por zafarse, optaron por soluciones tremendistas, aceptadas por la parte aterrorizada de la población, en lugar de opciones probadamente eficaces como haber enfocado las medidas preventivas hacia personas sensibles al SARS-Cov-2, al estilo de Japón o la propia Suecia. El modelo chino, que se impuso de coartada vía Italia, no es transferible. Allí únicamente confinaron al 10% de la población, más de 1.200 millones de chinos siguieron trabajando. Y tanto es así que las susodichas proyecciones del FMI acreditan a China con crecimiento del 1% para este año.

Se le reprocha a Suecia que a pesar de las suaves medidas adoptadas su economía se ha resentido bastante. Es cierto, pero no es consecuencia de medidas que evitaron, al mantener activo el mercado interior, una caída aun mayor del PIB. El peso del sector exterior sueco (importaciones/exportaciones) equivale al 92% de su PIB; en España, al 70%. El colapso del comercio mundial y la ruptura de las cadenas de aprovisionamiento afectaron a la economía sueca aunque sin comparación con el tsunami español. En el primer trimestre de este año el PIB sueco creció el 0,1% y el español perdió el 5,2%. Asimismo, Suecia registra más muertos, por 100.000 habitantes, que sus vecinos escandinavos, pero debe tenerse en cuenta que reporta los fallecidos en residencia (https://sverigesradio.se/sida/artikel.aspx?programid=2054&artikel=7453417). Por otra parte, en Suecia una persona que haya sido diagnosticada positiva y fallezca en los treinta días siguientes, cualquiera que sea la causa, se cuenta fallecida por el Covid-19 (https://www.arabnews.com/node/1679881/world). Por comparación, el modelo de confinamiento español fue letal en términos económicos y no contuvo la difusión del virus más que en Suecia. La propagación ha sido similar prácticamente en Francia, Italia, España o Suecia, los porcentajes de anticuerpos en la población general se encuentran en los mismos rangos.

Justicia divina, no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Según una amplia encuesta en distintos países europeos (European Council for Foreign Relations) entre franceses y españoles ha mejorado la confianza en sus científicos en 8% y 11%, respectivamente, y ha empeorado en 61% y 58%. En Suecia ha empeorado 19% y ha mejorado 42%.

Juan José R. Calaza es economista y matemático.

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