¿Adónde va la política lingüística?

El 20 de septiembre, el vicepresidente de la Generalitat, Josep Lluís Carod-Rovira, se entrevistó en Bruselas con el comisario europeo de Multilingüismo, Leonard Orban, para explicarle en persona la vitalidad del catalán y exponer sus demandas de reconocimiento de la lengua propia de Catalunya por parte de las instituciones europeas. Durante la entrevista, Carod reconoció que la vinculación de la normalización del catalán con un proyecto político había perjudicado al catalán e insistió en su conocida tesis de que es necesario "desvincular" la lengua de los proyectos políticos.

Paradójicamente, acompañaba a Carod el secretario de Política Lingüística saliente, Miquel Pueyo, que solo dos días antes había sido fulminantemente sustituido en el cargo por Bernat Joan. La paradoja es clara: si por un lado hay que desvincular la lengua de los proyectos políticos, por el otro Carod ha puesto al frente de la política lingüística a una persona que es la encarnación de la politización de la lengua y de la vinculación de la normalización lingüística a un proyecto político.

Además de su interesante producción literaria, Bernat Joan tiene una meritoria trayectoria como sociolingüista, pero no deja de ser una opción netamente partidista, que Carod ha antepuesto a muchos sociolingüistas sin carnet que podrían desempeñar de manera brillante el cargo de secretario de Política Lingüística. ¿Opción partidista? Joan ha sido eurodiputado europeo por ERC hasta hace poco, ha sido candidato por ERC en unas cuantas elecciones, ha presidido ERC en las Baleares durante seis años, y actualmente ocupa un cargo dentro del partido.

Pero lo más peculiar del caso no es que Carod se haya decantado por un apparatchik (muchos lo hacen), sino que haya elegido para normalizar el catalán a una persona que está convencida de que el catalán nunca se normalizará si no es en un escenario de plena soberanía política. (¿Un efecto más de la marea soberanista?) En su tesis doctoral, pero también en su fuero interno, Bernat Joan sostiene que la independencia nacional es una condición necesaria de la normalidad lingüística, una normalidad que sin duda pasa por el monolingüismo, porque "una lengua minorizada se recupera cuando no se aplica un bilingüismo oficial, sino que se opta por el monolingüismo", que a sus ojos es la única manera de conseguir "que la lengua en vías de normalización sea necesaria para vivir en un determinado país". Francamente, cuesta imaginar a Bernat Joan dictando la conferencia que Pueyo dictó el pasado 12 de junio, que, entre los puntos de partida para alcanzar un nuevo consenso sobre política lingüística, contenía la afirmación de que "el castellano se ha convertido en un elemento estructural de la sociedad catalana y está íntimamente vinculado a las raíces de una parte sustantiva de la ciudadanía".

Cambiar palomas por halcones siempre tiene riesgos en la política, y más si se trata de la política lingüística en una sociedad bilingüe que todavía busca el justo equilibrio entre sus dos lenguas mayoritarias. Naturalmente, siempre existe la posibilidad de que Bernat Joan acabe pasando tan desapercibido como su antecesor en el cargo. Entre otras cosas, parece obvio que la política lingüística de la Generalitat no la dirige el secretario de Política Lingüística. El Gobierno de Pasqual Maragall convirtió la antigua Direcció General de Política Lingüística, adscrita al Departament de Cultura, en una secretaría, directamente dependiente del conseller en cap (entonces) y del vicepresidente (ahora). También le arregló un presupuesto que era a todas luces modesto. Pero por lo demás todo ha seguido igual, y el tiempo transcurrido desde la toma de posesión de José Montilla no hace otra cosa que confirmarlo.

El gran asunto en materia de política lingüística de los últimos meses ha sido la tercera hora de castellano en las escuelas de primaria, seguido por la incorporación del inglés como posible lengua vehicular. ¿Alguien recuerda alguna declaración de Miquel Pueyo al respecto? ¿Acaso habla de ello el actual plan de política lingüística, que sigue identificando la política lingüística con la promoción del catalán, en detrimento del verdadero multilingüismo? Si el secretario de Política Lingüística no dirige la política lingüística, ¿quién la dirige?

Ernest Maragall tiene responsabilidades sobre las lenguas de la enseñanza, pero se encuentra atenazado por sus propias vacilaciones y sobre todo por las exigencias de sus socios, que se jactan públicamente de haber dejado en nada la tercera hora de castellano. Antes del verano, Joan Ridao, portavoz de ERC en el Parlament, publicaba un artículo de significativo título ("Adéu a la tercera hora de castellà"), en el que exponía las restrictivas condiciones impuestas por su partido para que las escuelas puedan impartir asignaturas en castellano más allá de las habituales dos horas de lengua y literatura castellanas. En septiembre, el diario Avui reflejaba el efecto previsto de tales condiciones en un titular no menos expresivo: Les escoles eludeixen impartir assignatures en castellà. En estas circunstancias, ¿estamos en condiciones de asegurar que Ernest Maragall realmente dirige, que sabe adónde nos guía? Y si no es Ernest Maragall, ¿alguien sabe adónde vamos?

Albert Branchadell, profesor de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB.
Le responden: Ernest Maragall: Autonomía, inmersión y trilingüismo (12/10/2007) y Bernat Joan: Ni halcones ni palomas: sentido práctico (30/10/2007)