Afganistán: razones por las que el acceso al poder de los talibán incidirá sobre la amenaza yihadista en Europa Occidental

Monumento a las Víctimas del 11-M, Madrid, España. Foto: Maritè Toledo.
Monumento a las Víctimas del 11-M, Madrid, España. Foto: Maritè Toledo.

Tema

Con los talibán gobernando en Kabul es previsible que el mando central de al-Qaeda como estructura yihadista global disponga entre Afganistán y Pakistán de un espacio mucho más permisivo para volver a planificar atentados en el mundo occidental, lo que a corto y medio plazo tendrá una mayor repercusión sobre las sociedades europeas.

Resumen

Los talibán afganos han mantenido, desde mediada la década de 1990, una relación estable y estrecha con al-Qaeda. El mando central de al-Qaeda se encuentra desde 2002 en las zonas tribales de Pakistán adyacentes con Afganistán y protegido por los talibán paquistaníes. Además de su continua y estrecha relación con al-Qaeda, los talibán afganos han mantenido vínculos con otras organizaciones yihadistas activas en el sur de Asia. Con los talibán afganos en el poder es previsible que al-Qaeda y sus entidades afines vayan a disponer entre Afganistán y Pakistán de un espacio mucho más permisivo para planificar atentados fuera de la región. Al-Qaeda y varias organizaciones asociadas con base en el sur de Asia han estado ya implicadas en la planificación y preparación de atentados en Europa Occidental. Tanto el impacto sobre la radicalización y el reclutamiento como sobre los actos de terrorismo de un renovado foco de amenaza yihadista en Afganistán será comparativamente mayor en Europa Occidental que en EEUU.

Análisis

Con los talibán de nuevo en el poder en Afganistán, tras dos décadas de una campaña insurgente que ha combinado acciones de guerrilla con tácticas de terrorismo, existen razones fundadas para prever que el epicentro del yihadismo global regrese al escenario de Afganistán y Pakistán, donde ya estuvo situado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y hasta 2011, después de haberse desplazado a Siria e Irak entre 2012 y 2020. También existen razones para pronosticar que tanto la promoción generalizada de procesos de radicalización y reclutamiento yihadista sustentados en el éxito de los talibán como, a corto y medio plazo, la materialización efectiva de la amenaza terrorista por parte de al-Qaeda a partir de un nuevo foco en Afganistán, tendrán una incidencia comparativamente mayor en los países de Europa Occidental que en el resto de los países occidentales, incluido EEUU. A continuación expongo siete razones para entender por qué es verosímil que el acceso al poder de los talibán afganos incida de ese modo diferencial sobre la amenaza del terrorismo yihadista en Europa Occidental.

(1) Los talibán afganos han mantenido ininterrumpidamente, desde mediada la década de 1990, una relación estable y estrecha con al-Qaeda

Entre 1996 y 2001, cuando los talibán gobernaron por primera vez en Afganistán, permitieron a al-Qaeda, cuyos militantes les habían ayudado a hacerse con el poder, que estableciera en el territorio del país un buen número de instalaciones para acoger y capacitar en la práctica del terrorismo a sus miembros establecidos en el mismo y a sus partidarios procedentes del exterior. Estos acudieron tanto de países islámicos como de poblaciones musulmanas en naciones occidentales, incluidas las de Europa Occidental.

A lo largo de los últimos 20 años, los talibán, despojados del poder y convertidos en insurgentes armados, han seguido manteniendo una relación con al-Qaeda. Por una parte, esta relación ha estado basada en el efecto multiplicador que ha tenido la contribución de al-Qaeda a la subversión talib. Por otra parte, ha estado basada en fuertes vínculos de diversa naturaleza que, al subsistir ya una entera generación, han pasado de padres comprometidos con un islamismo radical a hijos socializados en esa misma ideología que justifica religiosamente la violencia y en concreto el terrorismo.

En agosto de 2021, cuando los talibán entraban victoriosos en Kabul, dispuestos a proclamar de nuevo un Emirato Islámico sobre Afganistán, al-Qaeda contaba con centenares de combatientes propios, incluidos combatientes terroristas extranjeros, actuando como aliados de los talibán en cerca de la mitad de las provincias de Afganistán, sobre todo en las situadas en el sur y hacia el este del país, a lo largo del espacio fronterizo con Pakistán. Entre esos combatientes estaban los adscritos a la rama de al-Qaeda en el Subcontinente Indio (AQSI), constituida en 2014, que son de origen principalmente paquistaní.

(2) El mando central de al-Qaeda se encuentra desde 2002 en las zonas tribales de Pakistán adyacentes con Afganistán y protegido por los talibán paquistaníes

Los talibán paquistaníes comparten con los talibán afganos un mismo origen como movimiento islamista radical y una misma etnia pastún, al igual que las actitudes y las creencias de lo que cabe considerar una versión local del salafismo yihadista mezclada en ambos casos con tradiciones tribales. Así, los nexos entre talibán a uno y otro lado de la frontera entre Afganistán y Pakistán son sólidos e intensos, pese a momentos coyunturales de desavenencias. En la práctica, miles de talibán paquistaníes, que desde 2007 se encuentran articulados organizativamente en Therik-e-Taliban Pakistán (TTP), han contribuido a la insurgencia de los talibán afganos durante los últimos 20 años y a la protección del mando central de al-Qaeda.

Cuando, entre finales de 2001 e inicios de 2002, al-Qaeda tuvo que reubicarse en las zonas tribales de Pakistán contiguas con Afganistán, huyendo de la intervención militar internacional liderada por EEUU que se desarrolló tras los atentados del 11 de septiembre, lo hizo al amparo de los talibán paquistaníes que las controlan y con el apoyo de los servicios de Inteligencia paquistaníes. A partir de entonces, el mando central de al-Qaeda –es decir, su líder y los demás integrantes del directorio, su consejo consultivo, así como los responsables de algunos importantes comités especializados– ha continuado principalmente dentro del territorio de Pakistán, país con armamento nuclear cuyo estamento militar siempre ha considerado a los talibán como el instrumento más eficaz para avanzar sus intereses y ambiciones en Afganistán, territorio donde el núcleo de liderazgo de al-Qaeda fue ampliando su presencia a medida que conseguía enraizarse y persistir. Además, hay integrantes de ese núcleo de liderazgo que durante las pasadas dos décadas han residido en Irán, en el marco de la desconcertante cooperación táctica que las autoridades de Teherán han mantenido con al-Qaeda.

En cualquier caso, el liderazgo de al-Qaeda, aunque seriamente disminuido y degradado en determinados períodos del tiempo a lo largo de las últimas dos décadas, principalmente entre 2005 y 2011 como consecuencia del abatimiento de numerosos de sus integrantes mediante misiles lanzados desde drones operados por los servicios antiterroristas estadounidenses, ha conseguido subsistir en Pakistán protegido por los talibán paquistaníes y al otro lado de la frontera, en Afganistán, bajo los auspicios de los talibán afganos todavía insurgentes.

(3) Además de su continua y estrecha relación con al-Qaeda, los talibán afganos han mantenido vínculos con otras organizaciones yihadistas activas en el sur de Asia

En los cinco años previos a los atentados del 11 de septiembre, cuando gobernaron por primera vez sobre Afganistán, los talibán ampararon y ofrecieron santuario no sólo a al-Qaeda sino también a una serie de organizaciones yihadistas asociadas con al-Qaeda. Los dirigentes de esta última daban su consentimiento para que las autoridades talibán permitiesen a esas organizaciones contar con campos de entrenamiento propios en suelo de Afganistán.

En 20 años, algunas de esas organizaciones han dejado de existir para integrarse en al-Qaeda o fusionarse con una de las ramas territoriales en que al-Qaeda se fue descentralizado para adaptarse y sobrevivir, hoy activas en Siria, en el sur de la Península Arábiga, en el Cuerno de África, en el Magreb o en torno al Sahel. Alguna se subsumió en los talibán afganos, como ocurrió con la que se denominaba Lashkar-e-Jhangvi (LeJ). Otras, que no han dejado de practicar sistemáticamente el terrorismo a uno y otro lado de la frontera entre Afganistán y Pakistán, siguen existiendo. También han surgido algunas nuevas, como la ya mencionada TTP.

Una de esas organizaciones yihadistas que han persistido, la Red Haqqani, pasó a ser un notable componente de la insurgencia afgana y por añadidura actúa como enlace entre los talibán y el mando central de al-Qaeda. Otras que asimismo siguen existiendo, como el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU) y el Movimiento Islámico del Turquestán Oriental (MITO), han operado junto a los talibán en el norte y el noroeste de Afganistán. Los talibán afganos están además relacionados con Lashkar-e-Taiba (LeT), organización yihadista vinculada con al-Qaeda y caracterizada también por el patrocinio que recibe de los servicios secretos paquistaníes, pero cuyo escenario de operaciones, a diferencia de las anteriores, se sitúa en el territorio indio.

(4) Es previsible que al-Qaeda y sus entidades afines dispongan entre Afganistán y Pakistán de un espacio mucho más permisivo para planificar atentados fuera de la región

El contexto interno e internacional de un segundo Gobierno talibán en Afganistán es diferente al del primero, hace un cuarto de siglo. Está por ver si segmentos de la sociedad afgana contrarios a los talibán tendrán capacidad para interferir en las decisiones que estos tomen respecto a al-Qaeda y allegados en la región. No parece, por otra parte, que la competición con su organización rival, Estado Islámico, con una actividad en Afganistán concentrada en Kabul y Jalalabad, aunque caracterizada por lo cruento de sus atentados, pueda condicionar el desarrollo de los acontecimientos con unos efectivos entre 40 y 50 veces inferiores a los que suman los talibán, al-Qaeda y sus entidades afines. Está igualmente por ver si los talibán de nuevo en el poder alteran sus vínculos con al-Qaeda para recabar reconocimientos internacionales, establecer acuerdos con países influyentes en la geopolítica del sur de Asia y obtener las ayudas económicas desde el exterior que les facilite gobernar un país tan empobrecido como Afganistán.

Pero no hay indicaciones de ruptura entre los talibán y al-Qaeda. Más aún cuando al-Qaeda ha venido dando prioridad, desde 2013, a rearticularse como estructura global descentralizada, consolidando su presencia e influencia en zonas del mundo caracterizadas por estar habitadas mayoritariamente por musulmanes y por su inestabilidad, una estrategia que en Afganistán pasaba por apoyar a los talibán y que ha resultado exitosa. Eso supuso postergar su propósito de llevar a cabo atentados en países occidentales.

Aunque al-Qaeda difícilmente podrá replicar el santuario que tuvo antes del 11 de septiembre, es previsible que, con los talibán afganos de regreso al poder y el mantenimiento de lazos con los talibán paquistaníes, su mando central encuentre en el entorno de la frontera entre Afganistán y Pakistán un espacio mucho más permisivo para fortalecerse organizativamente y para planificar atentados fuera de la región, bien por sí mismo, recurriendo a operadores propios y al concurso selectivo de sus ramas territoriales según el escenario del mundo occidental donde estén los blancos designados, bien colaborando con organizaciones asociadas dotadas de capacidad para movilizar recursos materiales y humanos sobre el terreno.

(5) Al-Qaeda y varias organizaciones asociadas con base en el sur de Asia han estado ya implicadas en la planificación y preparación de atentados en Europa Occidental

Antes del 11 de septiembre, desde su santuario en Afganistán, el directorio de al-Qaeda, de acuerdo con las proclamas amenazantes contra EEUU y sus aliados que Osama bin Laden emitió en 1996, dirigió tentativas de atentar en ciudades europeas como Estrasburgo o París que pudieron ser desbaratadas a tiempo por los servicios antiterroristas.

En la década posterior al 11 de septiembre, sin embargo, el mando de operaciones externas de al-Qaeda consiguió que se ejecutaran con éxito las matanzas terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid y del 7 de julio de 2005 en Londres. En el primer caso con la colaboración del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) y en el segundo con la participación de la organización yihadista paquistaní Harakat ul-Muyahidín (HuM).

Más tarde, al-Qaeda, junto con la organización yihadista paquistaní Jaish-e-Mohammed, con la Unión para la Yihad Islámica (UYI) de origen uzbeco y con TTP, estuvo detrás de los intentos asimismo frustrados de atentar en 2006 contra varias aeronaves en vuelo desde Heathrow hacia distintos aeropuertos norteamericanos, en 2007 contra blancos tanto civiles como militares en la región alemana de Sauerland y en 2008 contra el metro de Barcelona, respectivamente. Otra tentativa ordenada por al-Qaeda desde Pakistán y Afganistán, pero que la cooperación internacional contra el terrorismo yihadista pudo impedir neutralizando directamente en la zona a los principales responsables de su planeamiento, tenía como propósito ejecutar en 2010 una cadena de atentados múltiples y simultáneos en ciudades de al menos tres países europeos. En su preparación intervino la Red Haqqani, organización asimismo aliada de los talibán afganos, en la actualidad todavía más que entonces.

(6) El impacto sobre la radicalización y el reclutamiento terrorista de un renovado foco de amenaza yihadista en Afganistán será comparativamente mayor en Europa Occidental

Tras la desaparición en 2019 del califato que Estado Islámico había proclamado cinco años antes sobre amplios territorios de Siria e Irak, el acceso de los talibán al poder es el acontecimiento que vuelve a galvanizar al yihadismo global, en particular al yihadismo global alineado con al-Qaeda. Aunque la propaganda de Estado Islámico acusa a los talibán afganos y a los que han sido sus aliados durante la insurgencia de no seguir la ley islámica con el debido fundamentalismo y de apartarse de la nación del islam al aspirar a ejercer el poder en la demarcación de un territorio con fronteras impuestas por infieles, su éxito en Afganistán favorece una narrativa de alcance global, dirigida principalmente a jóvenes musulmanes, sobre la utilidad de la yihad –en la acepción belicosa del término– y sobre la importancia de confiar pacientemente en la promesa de Alá –que asegura la victoria a quienes combaten en su camino–.

Es posible anticipar que al-Qaeda, en tanto que estructura terrorista global vinculada a los talibán, se beneficie a corto plazo de un trasvase de lealtades por parte de individuos ya radicalizados en el salafismo yihadista pero adheridos a Estado Islámico. También, por lo mismo, es posible anticipar que al-Qaeda recupere centralidad como organización de referencia en los procesos de radicalización y reclutamiento yihadista, especialmente en Europa Occidental.

En el conjunto de Europa Occidental, los niveles de movilización yihadista entre jóvenes musulmanes –sobre todo entre jóvenes descendientes de inmigrantes procedentes de países islámicos– que promovió Estado Islámico durante el reciente conflicto en Siria e Irak, incluida la producción de combatientes terroristas extranjeros, superaron marcadamente a los de otros ámbitos del mismo mundo occidental, incluido EEUU. Revelaban una elevada sobre-representación de yihadistas procedentes de Europa Occidental en comparación con los llegados de otras regiones del mundo.

(7) A corto y medio plazo, los actos de terrorismo derivados de un renovado foco afgano de amenaza yihadista incidirán más sobre Europa Occidental que sobre EEUU

Es cuestión de tiempo que algún país de Europa Occidental sea blanco de actos de terrorismo planificados de nuevo en Afganistán o en el espacio fronterizo entre Afganistán y Pakistán que, con los talibán en el poder, va a resultar mucho más permisivo para al-Qaeda, cuyo mando central ha vuelto a mostrar un especial interés en atentar en Occidente tras haber dado prioridad, durante los últimos nueve años, a reorganizarse como estructura yihadista global, a extender más que nunca sus ramas territoriales y a consolidar posiciones en zonas de África, Oriente Medio y, ahora, del sur de Asia.

A lo largo de la próxima década los países occidentales en general y los de Europa Occidental en particular tendrán que afrontar una doble amenaza yihadista: la de un Estado Islámico en relativa decadencia y la de una al-Qaeda en declarado retorno. Ambas seguirán instigando a sus partidarios en esos países a que ejecuten actos de terrorismo al modo de los actores solitarios o como integrantes de células inspiradas por el salafismo yihadista que, con algunas diferencias relevantes en una y otra de esas organizaciones, es sin embargo la ideología común a ambas.

Pero cuando traten de llevar a cabo atentados complejos, espectaculares y altamente letales, introduciendo o activando redes dirigidas desde un centro de mando y control –algo para lo que al-Qaeda va a encontrarse en mejor situación como consecuencia del acceso de los talibán al poder en Afganistán–, darán prioridad en el discurso a EEUU, pero tenderán a optar en la realidad por Europa Occidental. EEUU está lejos, sus controles de fronteras lo hacen más inaccesible, cuenta con servicios antiterroristas coordinados internamente y dispone de medios expeditivos de respuesta militar focalizada. Europa Occidental está más cerca, resulta más porosa, carece aún de un efectivo sistema de intercambio de información entre servicios antiterroristas nacionales y sus mecanismos de respuesta militar específica son menos ágiles.

Conclusiones

Los talibán afganos han mantenido ininterrumpidamente, desde hace ya dos décadas y media, una relación estable y estrecha con al-Qaeda, cuyo mando central se localiza desde 2002 principalmente en las zonas tribales de Pakistán adyacentes con Afganistán y protegido por los talibán paquistaníes, así como con otras organizaciones asociadas con al-Qaeda que desarrollan sus actividades en el sur de Asia. Al-Qaeda y varias de estas organizaciones asociadas estuvieron ya implicadas, entre 2000 y 2010, en la ideación y la preparación de atentados, no todos los cuales pudieron ser materializados, en países de Europa Occidental. Con los talibán gobernando en Afganistán es previsible que al-Qaeda y sus entidades afines dispongan entre Afganistán y Pakistán de un espacio mucho más permisivo que convertir en un renovado foco de amenaza terrorista desde el cual promover procesos de radicalización y planificar atentados fuera de la región.

Ese espacio mucho más permisivo para al-Qaeda –que será una expresión de patrocinio estatal del terrorismo yihadista– es al mismo tiempo mucho menos controlable para los servicios antiterroristas de países occidentales que, aun siendo blanco potencial e incluso preferente del terrorismo de esa entidad yihadista, al menos de inmediato van a dejar de contar con suficiente presencia dentro la zona para extraer información que convertir en inteligencia estratégica o táctica frente a la amenaza y añadirla a la que pueda obtenerse por otros medios desde fuera de esa demarcación.

En todo caso, es inviable pretender controlar en los confines de un solo país un terrorismo yihadista cuya fuente hace tiempo que se transformó de organización unitaria en estructura global y que, además de en el sur de Asia, cuenta con potentes ramas territoriales en Oriente Medio y África. De aquí lo equívoco y equivocado que resulta sostener que al-Qaeda es una sombra de lo que fue. Eso quizá sirva para caracterizar a su mando central si lo comparamos con el conjunto de la organización unitaria que existía hace 20 años o con la entidad que disputa a al-Qaeda la hegemonía del yihadismo global, es decir, Estado Islámico. Pero no sirve para referirse en propiedad a una estructura global que ha continuado extendiéndose bajo el liderazgo de Ayman al-Zawahiri.

A corto y medio plazo, teniendo en cuenta la evolución del terrorismo yihadista durante las últimas dos décadas en el conjunto de las sociedades occidentales y la experiencia de una movilización yihadista sin precedentes como la que ha tenido lugar en el pasado decenio en el seno de las poblaciones musulmanas dentro de las sociedades europeas, hay razones para considerar verosímil que el impacto de un nuevo régimen talib en Afganistán y de su inclinación a que el mando central de al-Qaeda disponga en el país de un espacio mucho más permisible para sus actuaciones, vaya a ser comparativamente mayor en países de Europa occidental que en otros países occidentales, como concretamente EEUU. A lo largo de este análisis se han expuesto concisamente siete de esas razones.

Fernando Reinares, Director del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global, Real Instituto Elcano | @F_Reinares

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