Agroecología: un camino hacia el desarrollo sostenible

Agricultores de Burundi debaten sobre el uso de técnicas agroecológicas. ©FAO/Deborah Duveskog
Agricultores de Burundi debaten sobre el uso de técnicas agroecológicas. ©FAO/Deborah Duveskog

Desde la Segunda Guerra Mundial, la disponibilidad de alimentos per cápita ha aumentado alrededor de un 40%. Hoy hay en el mundo comida suficiente para alimentar a todos adecuadamente. La Revolución Verde que tuvo lugar a finales de los sesenta jugó un papel fundamental en este sentido, ya que supuso la solución adecuada al desafío de aquel momento: aumentar la producción y la productividad a través de una agricultura intensiva en insumos. Y funcionó: salvó a cientos de millones de personas del hambre. Pero, casi 50 años después, sus límites se han puesto de manifiesto.

Primero, porque sigue habiendo hambre: unos 815 millones de personas la sufrían en 2016. Esto muestra claramente que el problema actualmente no es la falta de alimentos, sino el acceso a los mismos. Al mismo tiempo, el mundo se enfrenta a una alarmante epidemia de sobrepeso y obesidad. En 2016, más de 1.900 millones de adultos tenían sobrepeso. Y de ellos, más de 650 eran obesos.

El segundo motivo por el que el modelo de la Revolución Verde se puede considerar agotado es por el enorme coste ambiental que ha tenido aquel aumento en producción y productividad. El extendido uso de fertilizantes y pesticidas químicos ha contribuido al deterioro de la tierra, la contaminación del agua y la pérdida de la biodiversidad.

Es hora de innovar de nuevo. Y esta vez, innovar debe significar aumentar la resiliencia y la sostenibilidad de nuestros sistemas alimentarios, especialmente con la vista puesta en el cambio climático. Tenemos que lograr sistemas alimentarios que ofrezcan alimentos saludables, nutritivos y accesibles para todos, servicios de los ecosistemas y resiliencia ante el clima. En este sentido, el emergente campo de la agroecología puede ofrecer distintas contribuciones.

Al tratarse de una combinación de ciencia y de sabiduría cultural, pone un gran énfasis en la diversidad, las sinergias, el reciclaje, el uso eficiente de los recursos, la resiliencia ecológica y socioeconómica, el conocimiento compartido y los vínculos entre los valores humanos y los medios de vida sostenibles. También incluye el rol que debe asumir la cultura en las tradiciones alimentarias, y el importante papel que juegan los mecanismos responsables de gobernanza (en aspectos que van desde la gestión de la tierra al modo en que se utilizan los subsidios públicos) para apoyar inversiones a largo plazo que mejoren la sostenibilidad.

Hay muchos ejemplos concretos de los beneficios de la agroecología. En Trinidad y Tobago, por ejemplo, años de cultivo de caña de azúcar causaron la degradación y acidificación de los suelos. Pero los agricultores familiares han utilizado una especie de manto de hierba de limón (también conocida como limoncillo) para enfriar el suelo, impedir la erosión y acabar con hierbas que de otro modo hubiesen necesitado herbicidas. Esto, unido a un ingenioso sistema de reciclado del agua, ha convertido modestas parcelas de tierra en prósperas y abundantes cosechas de frutas y verduras.

En la China occidental, los agricultores han desarrollado novedosos ecosistemas con elaboradas redes de diques de moras y estanques de peces para canalizar el agua. Y han utilizado los desechos de modo beneficioso para todas las fases de un sistema agrícola circular que ya fue utilizado durante milenios para la lucrativa producción de gusanos de seda

En estos últimos años, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha promovido y facilitado un debate internacional sobre el potencial de la agroecología. El Primer Simposio Internacional sobre el tema tuvo lugar en la FAO en septiembre de 2014, seguido de una serie de encuentros regionales en América Latina, Europa, África y Asia. Los Gobiernos, la sociedad civil, el sector privado, el sector académico y las instituciones de investigación se han unido para intercambiar experiencias y puntos de vista sobre los beneficios de la agroecología como un nuevo enfoque para hacer la agricultura más sostenible y compatible con la Agenda de Desarrollo 2030.

Ahora, del 3 al 5 de abril de 2018, la FAO alberga el Segundo Simposio en su sede en Roma. El objetivo es identificar las necesidades y los problemas a los que se enfrentan los países en la adopción y la implementación de la agroecología, evaluar el impacto de las políticas públicas al respecto e identificar las necesidades de creación de capacidad de las instituciones relevantes. La sostenibilidad y la innovación son palabras clave y se trata de un nuevo paradigma: el futuro de la agricultura y de los sistemas alimentarios no es intensivo en insumos sino en conocimiento.

José Graziano da Silva es director general de la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

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