Al sur de las revueltas

Durante un reciente almuerzo  en Argel los comensales nos preguntábamos si las revueltas desplegadas en el norte de África presagian el despertar de leones económicos en el continente. ¿Podrían los cambios que se registran en el norte árabe dar lugar a una revolución industrial africana?

En tal caso, ello significaría pasar de la producción de materias primas a la fabricación de bienes manufacturados de mayor valor. También significaría considerar de modo objetivo el concepto y finalidad de la cooperación internacional para el desarrollo más allá del periodo de vigencia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas.

La industria manufacturera es, sin duda, el motor principal de la transformación de los recursos humanos y naturales en un valor económico – la beneficiación,término que usamos en Sudáfrica para referirnos al tratamiento del mineral. Y, en este punto, entran en escena los recursos naturales de África.

Según el United States Geological Survey, África posee el 90% de los depósitos mundiales de cobalto, el 90% de los de platino, el 50% de los de oro, el 98% de los de cromo, el 64% de los de manganeso, el 33% de los de uranio y el 80% de los de columbita-tantalita.

El continente ocupa asimismo el primer o segundo lugar en reservas mundiales de bauxita, diamantes industriales, rocas fosfáticas, vermiculita y zirconio. Las reservas de hidrocarburos en Áfricase calculan en un total de 80.000 a 200.000 millones de barriles. El valor actual de las reservas minerales del África subsahariana se sitúa, haciendo un cálculo conservador, en 1,2 billones de dólares.

Los beneficios derivados de tal capital natural deberían aportar mayores ingresos e inversiones susceptibles de favorecer un cambio estructural. Pero el comercio de exportación de África está todavía dominado por las materias primas. Hoy en día, una tonelada de arena de titanio de África proporciona alrededor de cien dólares en ingresos por exportación, mientras que una tonelada de aleación de titanio proporciona 100.000 dólares… a países de fuera de África.

Quedan menos de cuatro años para llegar a la línea de meta de los citados Objetivos del Milenio. Se ha avanzado mucho, pero ¿se ha hecho frente realmente al hecho de que para alcanzar los objetivos – especialmente en la erradicación de la pobreza extrema y el hambre-necesitamos empleos dignos para la población en rápido crecimiento, urbana y joven de África?Lo cual, a su vez, exige índices de crecimiento anual del PNB superiores al 7%.

El crecimiento de este tipo requiere un cambio de paradigma en la política de desarrollo económico, así como un tipo de cooperación internacional que se extienda más allá del 2015. Hemos de reflexionar de manera más amplia y profunda. Hemos de apoyar un cambio estructural, así como una diversificación de la base productiva de África lejos de la excesiva dependencia de las materias primas y la minería.

El cambio estructural implica la mejora constante de las actividades existentes y la creación de nuevas actividades, la introducción de movilidad intersectorial y la absorción del excedente de mano de obra, el aumento de la contribución de los trabajadores autónomos y el fomento de la integración de los sectores productivos en el seno de la economía nacional.

La inversión, el progreso tecnológico y la innovación son los principales factores determinantes del éxito económico. Viejos productos e industrias son reemplazados por otros nuevos o mejores, gracias a las nuevas tecnologías, los nuevos enfoques de marketing o las nuevas estructuras organizativas. Los empresarios locales incorporan tecnologías de empresarios situados en el extranjero adaptándolas a las características nacionales.

El cambio estructural en Malasia, por ejemplo, ha sido impulsado por un fuerte compromiso político. Durante tres décadas, los sucesivos gobiernos se han apoyado en tal compromiso para promover, coherente y rigurosamente, un modelo económico espoleado por la industrialización en un país de tradicional perfil agrícola. La actitud resuelta de los gobiernos de Malasia a la hora de poner en práctica programas integrales de reforma, así como modelos secuenciales, ha sido muy importante. Sus políticas específicas han promovido la introducción de una economía diversificada basada en el procesamiento de los recursos naturales, las industrias de fabricación de alto valor – como la electrónica de consumo, la automatización industrial y la industria pesada-y los servicios.

De modo similar, Mauricio ha logrado progresos admirables en cambios estructurales en el seno de la industria, mejorando la propia industria así como su posición nacional e internacional. Otros países también han sido pioneros en el aprovechamiento de sus recursos para así ascender en la cadena de valor; por ejemplo, la diferencia entre productos textiles de bajo valor y la fibra de algodón orgánico egipcio es inmensa.

Lo que África ahora necesita es apoyo específico e inversión en cuatro áreas principales: procesamiento del flujo de los recursos minerales, desarrollo agroindustrial y de la cadena de suministro, productos farmacéuticos e infraestructuras y energía. Pero ello exige, a su vez, la reducción de los costes de la actividad empresarial, la lucha contra la corrupción, el fomento de la transparencia en los acuerdos y contratos mineros y la canalización de los ingresos de los recursos naturales de forma que promueva la diversificación económica y la competitividad.

Todo ello debe llevarse a cabo en el marco de un concepto más integral de desarrollo. El acceso a la educación es esencial, pero Áfricaprecisa de un plan de estudios que haga hincapié en la formación profesional y aliente el espíritu empresarial. Ha de lograrse un nivel de seguridad alimentaria en el caso de la población hambrienta sin dejar de lado la comercialización, el desarrollo de la agroindustria y el consumo  y comercio de productos alimentarios de mayor valor, sobre todo porque el 60% del suelo agrario no cultivado disponible se halla en África.

Indonesia, Malasia, Tailandia y Vietnam son buenos ejemplos de países que han garantizado la seguridad alimentaria mediante la comercialización agrícola, incrementando a la vez la riqueza en las comunidades rurales y aumentando los ingresos en divisas y la capacidad de inversión.

El perfil demográfico de África hace si cabe más apremiante el llamamiento en favor del cambio estructural. Se prevé que la población del continente aumente a 1.400 millones de habitantes en el 2030 y a 1.900 millones en el 2050, con un 50% de la población residente en ciudades y aglomeraciones urbanas. En la actualidad, más del 60% de la población urbana de Áfricavive en suburbios pobres.

De momento, los jóvenes africanos, cuando ven la televisión vía satélite, observan a sus homólogos europeos que viven bien y preguntan: “¿Por qué yo no?”. Saben además que hay pateras del norte de África que alcanzan las costas europeas. La primavera árabe puede convertirse en pesadilla de África a menos que articulemos un nuevo plan destinado al desarrollo y nuevas oportunidades económicas de su pueblo.

Kandeh K. Yumkella y Rob Davies, director general de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, y ministro de Comercio e Industria de Sudáfrica, respectivamente. Traducción: JoséMaría Puig de la Bellacasa © Project Syndicate, 2011

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *