Algo cambió en la Franja de Gaza

Algo cambió en la Franja de Gaza
Fatima Shbair/Getty Images

La Franja de Gaza es una de las zonas más densamente pobladas y empobrecidas de Medio Oriente. También es uno de los lugares más castigados del planeta, gobernado por el movimiento islamista Hamás, aplastado bajo el peso de un bloqueo israelí (y egipcio) y consumido en enfrentamientos con Israel. Hasta ahora, los combates entre las milicias de la Franja e Israel no han hecho nada por generar avances en dirección a un acuerdo político que pueda liberar a los residentes de Gaza de lo que en la práctica es una prisión a cielo abierto.

Pero hay algunas razones para esperar que la última escalada de violencia (detenida ahora por un frágil alto el fuego) no haya sido como las demás. La reciente campaña militar de Israel (Operación Amanecer) estuvo dirigida contra la segunda milicia más grande de Gaza, la Yihad Islámica Palestina. Y por segunda vez apenas (la primera fue durante la operación israelí Cinturón Negro en 2019), Hamás no participó en el enfrentamiento; se limitó a condenar la «agresión sionista» contra los palestinos (entre quienes murieron 44 personas, incluidos quince niños y cuatro mujeres, en algunos casos como resultado de cohetes perdidos de la Yihad Islámica) y a lamentar a los «mártires justos (palestinos)».

Esto no quiere decir que Hamás haya abandonado la lucha armada, pero hace pensar que está buscando un equilibrio entre su ethos de resistencia y las responsabilidades que tiene hacia la desahuciada población gazatí. Al parecer, apuesta a negociar en forma indirecta para conseguir una tregua más duradera con Israel, que permita estabilidad y rehabilitación económica para Gaza.

La decisión de Hamás de no participar en la última ronda de violencia es buena noticia para Israel, que hace tiempo sigue una estrategia de fragmentar al movimiento nacional palestino apelando a divisiones irresolubles entre los palestinos. Como escribió en 2015 Ghazi Hamad, ex viceministro de asuntos exteriores del gobierno de Hamás: «Palestina ha desaparecido, y su sangre ha sido dividida entre las diferentes tribus/facciones».

Las divisiones incluyen no sólo la divergencia notoria entre Hamás y la Organización para la Liberación de Palestina (más secular), sino también fisuras dentro de la resistencia islamista, que la última escalada de violencia ha puesto de manifiesto. Hamás ha mostrado muchas veces un costado pragmático, mientras que la Yihad Islámica no deja de ser un movimiento irresponsable y carente de visión política.

Hamás ha suavizado su compromiso con la destrucción de Israel (incluso mediante la publicación de su nuevo estatuto en 2017), pero la Yihad Islámica rechaza cualquier acuerdo. Además, se niega a participar en elecciones, y no tiene ninguna ambición de formar gobierno en Gaza o Cisjordania.

En cambio (como bien sabe Hamás), la Yihad Islámica se ha vuelto un intermediario de Irán, que sólo ve en Palestina un peón en sus cálculos regionales. Los intentos de la Yihad Islámica de arrastrar a Israel y Hamás a una guerra de desgaste, sumados a las provocaciones del movimiento shiita Hezbollah en relación con los yacimientos gasíferos offshore de Israel, son el modo que tiene Irán de poner a prueba la fortaleza del nuevo primer ministro israelí, Yair Lapid.

De hecho, mientras en Gaza no paraba de crecer la cifra de muertes, el líder de la Yihad Islámica Ziyad al‑Nakhalah estaba reunido en Teherán con el presidente iraní Ebrahim Raisi y con el ministro iraní de asuntos exteriores Hossein Amir‑Abdollahian, quien aprovechó la ocasión para resaltar el papel de la resistencia palestina en el enfrentamiento general de Irán con Israel y los Estados Unidos.

La división entre Hamás y la Yihad Islámica es reflejo de sus enormes diferencias en materia de responsabilidades. Tras ganar en 2006 la elección y asumir el gobierno en Gaza, Hamás comenzó a desdecirse del compromiso con la resistencia violenta como única herramienta para la liberación palestina. Un movimiento islamista con respaldo popular y obligaciones gubernamentales es una cosa; una organización yihadista subterránea es otra.

Es posible que hoy la responsabilidad principal de Hamás sea tratar de mejorar las insoportables condiciones de vida en Gaza, que incluyen falta de agua, deficiente tratamiento de aguas servidas y largos cortes de electricidad a diario. El desempleo juvenil en la Franja de Gaza supera el 62%; y según Save the Children, cuatro de cada cinco niños en el lugar sufren depresión.

Tras el brutal enfrentamiento de once días con Israel en mayo de 2021, en el que participaron tanto Hamás como la Yihad Islámica, se intensificó la protesta popular en Gaza. En un coloquio virtual de palestinos organizado en enero de este año hubo críticas al gobierno de Hamás. Uno de los participantes pidió a los oyentes imaginarse «a su bebé de un mes muriéndose de frío, a su hijo muriéndose por falta de electricidad, de dinero, de salario, de hogar». Gaza está al borde de una tragedia humanitaria, y el intento de poner fin a la ocupación israelí de tierras palestinas mediante la resistencia armada ha sido un total fracaso; ¿qué puede hacer Hamás sino negociar con Israel?

Por su parte, el gobierno israelí ha decidido apostar a Hamás como socio para una tregua más duradera. A cambio de su cooperación, está dispuesto a aliviar el bloqueo, asignar permisos de trabajo en Israel a miles de palestinos e invertir en infraestructuras en Gaza (por ejemplo un puerto).

Incluso es posible que esté dispuesto a tratar a Gaza (en cuanto territorio con fronteras definidas, un órgano soberano a cargo de las necesidades de su población, capacidad militar y política exterior propia) casi como un estado independiente. Por supuesto que las intenciones de Israel no son para nada inocentes. En la práctica, mejorar la relación con Hamás es una forma conveniente de enterrar la solución de dos estados y sembrar más división entre una Gaza «independiente» y la Cisjordania ocupada, donde Israel persistiría en su política de ampliación de los asentamientos judíos.

La receptividad de Hamás a la propuesta de Israel todavía es incierta; al fin y al cabo, no se puede decir que haya obrado en él una especie de conversión. Más bien, está atascado en un difícil intento de equilibrar su ethos revolucionario (y su compromiso con la causa palestina en general) con la realidad material de Gaza. La creación de una suerte de Hong Kong palestino en Gaza mientras se mantiene subyugada a Cisjordania puede alentar nuevos cuestionamientos a la legitimidad de Hamás y causar más problemas que soluciones.

Shlomo Ben Ami, a former Israeli foreign minister, is Vice President of the Toledo International Center for Peace and the author of Prophets without Honor: The 2000 Camp David Summit and the End of the Two-State Solution (Oxford University Press, 2022). Traducción: Esteban Flamini.

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