Alí Babá en Panamá

Los ‘papeles de Panamá’ nos deparan día a día una cascada de defraudadores ilustres -algunos no lo fueron nunca-. Como consecuencia y por primera vez, el escándalo se cobra víctimas políticas, vía dimisiones, desde el primer ministro de Islandia hasta el presidente de Transparencia Internacional en Chile. Por ahora. El fraude que supone el dinero ‘offshore’, es decir, fuera del alcance de la jurisdicción nacional competente en realidad no es un hallazgo de hoy. Las nuevas tecnologías han infligido un serio golpe a esta economía sumergida a gran escala y arropada con todo lujo de complicidades de las autoridades que deberían haberla perseguido. Así es: valga recordar la ‘lista Falciani’, a la que siguieron las más sofisticadas revelaciones de mangantes electrónicamente almacenados de Swissleaks o Luxleaks.

La ‘lista Falciani’ movió algunas agencias fiscales europeas, pero sin causar terremoto. En España, la Agencia Tributaria, con una amabilidad y benevolencia que ni siquiera sospechábamos pudiera poseer, se dirigió a los ‘falcianos’ hispanos, entre ellos relevantes familias como los Botín, para sugerirles, si era de su conveniencia, que regularizan su situación con el fisco. Hechas las paces con Hacienda, las causas penales por delito fiscal se archivaron sin oposición ni del ministerio público ni de la abogacía del Estado; sin acusación, el juez debe archivar las diligencias. De nuevo, tener amigos hasta en el infierno, dio sus réditos. No le pasó nada a nadie, ni jurídica ni políticamente.

Con el Swissleaks y el Luxleaks no pasó absolutamente nada más que una polvareda en los medios más reacios a comulgar con ruedas de molino. A ello no es ajeno que el sistema político europeo en pleno se empleara a fondo para tapar el, para mí, mayor escándalo de todos: Luxleaks. En efecto, el diseño de la operación no era, como en Panamá y otros lugares, un suculento apaño de abogados, asesores y testaferros de hacer más ricos a los más ricos a costa de los paganos eternos, los contribuyentes honrados.

En Luxemburgo, de la mano de Juncker, primero, titular de Hacienda y, después simultáneamente, primer ministro -ahora presidente de la Comisión Europea-, se levantó un edificio legal de impunidad tributaria para que multinacionales se alojaran o estén representadas por otras multinacionales en la milla de oro de Luxemburgo, dando lugar a la industria de la optimación fiscal, esto es, pagar los menos impuestos posibles. Y no pasó nada. La gran coalición popular-socialista europea impidió la reprobación de Juncker y desnaturalizó la comisión de investigación al respecto. Ejemplar.

Sin embargo, con los ‘papeles de Panamá’, quizá por saturación ante los expoliadores, quizá por mayor sensibilidad de la ciudadanía, quizá por ser una operación muy bien preparada y dirigida, quizá porque el fraude que ha supuesto la devaluación interna europea para no superar la recesión, quizá por esas y otras consideraciones, los más de 11 millones de documentos son auténtica toxina política. Declaraciones farisaicas de asombro ante el fraude emanadas de las autoridades fiscales aparte, el daño en el maridaje de los poderosos públicos y privados se presenta enorme en Occidente.

Dos muestras en España van a resultar paradigmáticas: Rato y Blesa. Ambos acaban de ver rematado su vía crucis judicial. Con los datos que tenemos en la pantalla del ordenador, Rato -exministro de Hacienda y ex muchas más cosas- disfrutó de la evasión de patrimonio en sociedades antillanas confeccionadas desde Panamá City. Un fraude de libro: activos generados en el extranjero y que nunca han entrado en la jurisdicción nacional viajan directamente al Caribe.

Blesa -inspector de Hacienda en excedencia- crea su sociedad en su ‘isla del tesoro particular’, sociedad que, a su vez, crea una filial española. Objeto: vender armas a Argelia y Libia durante el mandato de su, en otro tiempo, compañero de piso, Aznar. Lo de Blesa supera el socorrido ‘manual Rato’; es una obra de ingeniería fiscal y económica de altos vuelos. Se crea una compañía extractora en el exterior para que se le deriven los frutos de las operaciones -venta de armas- hechas desde su amada patria y huir del fisco. Será muy interesante conocer los reales y verdaderos accionistas de la sociedad madre. Esperamos.

El cambio de paradigma de la lucha contra el fraude a resguardo en los paraísos fiscales, cifrado según la OCDE en el 25% del PIB mundial, va a cobrarse muchas piezas, que no víctimas. Aquí no vale, como ya satirizaba ‘Charlie Hebdo’, ‘Je suis Panama’. Si las autoridades fiscales, con los ministros del ramo al frente, no ponen toda la carne en el asador para que esta casta de extractores sea desposeída y sancionada, caerán con ellos. Entonces será verdad que Hacienda somos todos.

Joan J. Queralt, Catedrático de Derecho Penal de la UB.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *