Alto a la manipulación de la democracia en línea

El líder de la oposición en Kenia, Raila Odinga, durante las elecciones del mes pasado. Los bandos políticos contrataron a equipos de blogueros, gente con influencia en las redes sociales y bots para influir en la opinión pública. Credit Tony Karumba/Agence France-Presse — Getty Images

Los gobiernos de Moscú y Pekín fueron pioneros en usar una serie de técnicas en internet para provocar inconformidad y socavar las elecciones libres, esas estrategias fueron reveladas durante la campaña presidencial de Estados Unidos en 2016. Sin embargo, la iniciativa rusa para influir en las elecciones presidenciales estadounidenses forma parte de un desafío más grande y profundo para la democracia a nivel mundial.

Las tácticas de manipulación en internet tuvieron un papel importante en al menos otras diecisiete elecciones del año pasado. Desde las Filipinas, pasando por Ecuador y Turquía, hasta Kenia, los partidos en el poder les pagaron a comentaristas, troles, bots, sitios de noticias falsas y medios propagandísticos para influenciar el apoyo popular y, en esencia, promocionarse.

En las Filipinas, miembros de un “ejército del teclado” señalaron que podían ganar diez dólares al día por manejar cuentas de redes sociales que apoyaban a Rodrigo Duterte o atacaban a sus detractores en las vísperas de las elecciones presidenciales de mayo de 2016. Muchos de esos manipuladores de las redes sociales han estado activos durante su gobierno, con el fin de amplificar la impresión de un apoyo generalizado hacia sus brutales medidas para atacar el tráfico de drogas.

Durante la temporada de elecciones en Kenia en 2017, los bandos políticos les pagaron a equipos de blogueros, gente con influencia en las redes sociales y bots para influir en la opinión pública en línea. Por medio de etiquetas en Twitter, publicidad de Google y publicaciones patrocinadas en Facebook se desinformó y se divulgó propaganda y discursos de odio contra individuos y organizaciones afiliadas al bando político opuesto.

En el periodo previo a las elecciones presidenciales de Ecuador, se secuestraron cuentas de redes sociales de políticos, periodistas y activistas de oposición con el objetivo de usarlas para divulgar mensajes en contra del candidato vicepresidencial de oposición.

Los esfuerzos de las autoridades gubernamentales para influir y controlar las discusiones en línea van mucho más allá de las elecciones y han crecido cada año desde que Freedom House comenzó a rastrear el problema en 2009. Cuando la organización examinó la libertad en internet en 65 países durante 2016 y 2017 (87 por ciento de los usuarios de internet a nivel mundial), su proyecto Freedom on the Net (Libertad en la Red) encontró que casi la mitad de las naciones desplegaban alguna forma de manipulación para distorsionar la información en línea con el objetivo de permanecer en el poder y socavar a la oposición.

La práctica se ha vuelto bastante más generalizada y sofisticada en términos técnicos. Los bots, los productores de propaganda y los medios que transmiten noticias falsas explotan las redes sociales y buscan algoritmos para integrar contenido fiable de forma constante, con lo cual provocan una nueva amenaza de alcances devastadores para la democracia. Los peligros socavan las elecciones, el debate político y prácticamente cualquier otro aspecto del gobierno.

En Turquía, el Partido de la Justicia y el Desarrollo del presidente Recep Tayyip Erdogan ha reclutado a seis mil personas para manipular las discusiones y responder a los oponentes en las redes sociales. El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto en México depende de un estimado de 75.000 cuentas automatizadas para aplastar las críticas políticas en Twitter. En Irán, el gobierno lleva mucho tiempo creando cuentas falsas que imitan a organizaciones noticiosas legítimas como la BBC; esas cuentas están llenas de teorías de conspiración y propaganda en contra de Occidente.

A diferencia de la censura directa, como apagar el servicio de telefonía móvil, la manipulación del contenido en línea es complicada de detectar y mucho más difícil de combatir debido a la gran cantidad de personas y los bots desplegados. La fabricación de apoyo popular para las políticas gubernamentales crea una espiral cerrada en la que las autoridades básicamente utilizan las redes sociales para promocionarse, lo cual vuelve irrelevante los puntos de vista de los ciudadanos.

Para restaurar la confianza en internet y las redes sociales, se requieren de acciones defensivas en contra de los ejércitos de la manipulación. Un primer paso es que Estados Unidos y otras democracias garanticen que la publicidad política sea tan transparente en línea como lo es en otros medios, un asunto que se está debatiendo en el Congreso. Los anuncios políticos en línea deberían hacer que esta información estuviera disponible e indicar las fuentes del pago para este tipo de publicidad.

Como hemos visto en semanas recientes, las grandes empresas tecnológicas también enfrentan la presión del congreso estadounidense y de los gobiernos europeos para erradicar de forma más agresiva el discurso de odio y tomar otras medidas para quitar las informaciones falsas en línea. En efecto, hay espacio para una organización más ingeniosa de las noticias y los algoritmos de búsqueda… con mayor supervisión humana.

No obstante, estas estrategias, si no se manejan con destreza, también corren el riesgo de reducir el debate político y socavar la libertad en internet, como sucedió en Alemania, donde en la actualidad las empresas de redes sociales populares deben retirar la información ofensiva rápidamente o pueden ser multadas con hasta 50 millones de euros.

Es probable que el problema se vuelva más complicado. Cada vez se recolecta más información sobre los puntos de vista políticos de los estadounidenses, de sus hábitos personales e información delicada de índole financiera y de salud; sin embargo, proteger esos datos de los atacantes informáticos y los gobiernos hostiles cada vez es más difícil.

Esas fuerzas buscan usar internet como un arma, una estrategia utilizada con gran maestría por los operadores rusos y sus protegidos. La manipulación en línea también se vuelve más eficaz si los perpetradores son capaces de identificar a un subgrupo de personas que es más susceptible a su mensaje y lo más probable es que lo compartan con otras personas de su red, una tarea que facilita las prácticas de recolección de datos que realizan las grandes empresas de redes sociales.

No hay una panacea: la vigilancia y la educación constantes son necesarias para atacar este problema. Los jóvenes y otros usuarios de la red deben aprender a tomar en serio las exigencias por una mayor ciberseguridad. Los bachilleratos deberían incluir cursos sobre los medios como parte de sus programas de historia y ciencias sociales.

Sobre todo, los estudiantes y otras personas deben estar alertas sobre la existencia de las noticias falsas —información plantada de forma deliberada por actores malintencionados— y necesitan estar en guardia en contra de la propaganda que se disfraza de verdad.

El futuro de la democracia perfectamente podría estar en nuestra capacidad de diferenciarlas.

Michael J. Abramowitz es el presidente de Freedom House.

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