Amarrando el despertar árabe

La situación económica en los países del llamado despertar árabe se está deteriorando rápidamente. Egipto se está quedando sin efectivo -antes de los recientes préstamos de rescate, las reservas monetarias alcanzaban para menos de tres meses de importaciones- y los egipcios están acopiando combustible y alimentos para anticiparse a futuras escaseces. Los cortes de energía más frecuentes y más duraderos predicen un futuro peor en una economía que ya lidia con un desempleo masivo, una exclusión generalizada y bolsones profundos de pobreza.

La estabilidad macroeconómica de corto plazo es la prioridad inmediata en Egipto y los otros países del despertar árabe. En el mediano plazo, sin embargo, la viabilidad del orden actual está en juego -y no sólo en estos países, sino en todo el resto del norte de África y Oriente Medio.

Con tanto en juego, Majid Jafar de Crescent Petroleum, con sede en EAU, tenía razón de estar preocupado en el reciente Foro Económico Mundial sobre Oriente Medio y el Norte de África en el Mar Muerto. Su propuesta de un Plan de Estabilización Árabe, inspirado en el Plan Marshall posterior a 1945 en Europa occidental, es loable. El imperativo de una acción coordinada de gran escala es acuciante. ¿Pero acaso el Plan Marshall es el modelo correcto?

El Plan Marshall fue una estrategia macroeconómica que implicó transferencias masivas de capital para ayudar a reconstruir la capacidad industrial y la infraestructura de economías desoladas por la guerra mediante instituciones bien desarrolladas. Pero lo que la región árabe necesita son inversiones micro-orientadas, basadas en proyectos y de alta gobernancia, condicionadas a una reforma profunda de un entorno empresario que generalmente se considera uno de los peores del mundo.

En un informe conjunto sobre la competitividad de los países árabes, el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) y el Foro Económico Mundial instan a una reforma institucional urgente para respaldar el crecimiento del sector privado. Una excesiva burocracia y una aplicación ineficiente de políticas de competencia y reglas de gobernancia están obstaculizando la iniciativa empresarial en toda la región. También se necesitan inversiones masivas en educación para erradicar los bolsones profundos de analfabetismo, elevar los niveles generales de habilidades y emparejar mejor las habilidades con las demandas del mercado.

Tal vez sorprenda pero existe un consenso generalizado en los países del despertar árabe de que el sector privado es central para una creación de empleo y un desarrollo sostenidos. Lo vimos recientemente cuando el BERD, junto con la organización británica Forward Thinking, llevó a cabo un taller a puertas cerradas para 27 representantes líderes de partidos de todo el espectro político en la región. Dos días de discusiones intensivas revelaron diferencias importantes en perspectiva, pero también muchas cosas en común.

El desarrollo del sector privado claramente implica cosas diferentes para diferentes personas. Los partidos de derecha abrazan ampliamente el pensamiento de libre mercado, mientras que la Hermandad Musulmana de Egipto y sus partidos afines en Libia y Túnez son profundamente escépticos del estado, al que consideran sobredimensionado, inepto y en definitiva corrupto. Es más, los bancos existentes han decepcionado a los electores del sector de las pequeñas empresas y agrícola de estos partidos. Lograr objetivos ambiciosos para un crecimiento inclusivo y una creación de empleo rápidamente sin darle poderes al estado y sin apelar al sistema bancario será extremadamente difícil.

Sin duda, la principal responsabilidad a la hora de construir los sistemas políticos de estos países y reformar sus economías recae en sus ciudadanos. La intervención externa ha dejado muchas heridas en la memoria colectiva de la población. Pero la región puede tomar como referencia la transición exitosa en Europa central y el poderoso anclaje para las reformas generado por el ascenso de estos países a la Unión Europea. No se puede acusar a países como Hungría y Polonia de tener una agenda oculta cuando comparten su experiencia de desarrollo. Mucho también puede aprenderse de países como Turquía, que ha logrado crear un sector privado dinámico e innovador.

La buena noticia es que las economías en los países del despertar árabe no sufren las distorsiones profundas que caracterizaron a la Europa post-comunista. Muchas de las reformas tempranas ya han sido implementadas, y están operando sistemas bancarios razonablemente sofisticados. En la Europa post-comunista, los bancos tuvieron que arrancar de cero a partir de los escombros del socialismo.

En consecuencia, si bien la incertidumbre política le pasará factura al crecimiento económico, los países del despertar árabe no tendrían por qué enfrentar una recesión transicional, como sucedió en la Europa post-comunista en los años 1990. Por otro lado, es improbable que luego experimenten un crecimiento robusto como sucedió en la mayoría de los países en transición en Europa.

Jafar tiene razón cuando dice que los países del despertar árabe necesitan un plan. Pero debería ser un plan para un crecimiento inclusivo liderado por el sector privado, respaldado por esfuerzos en el resto del mundo árabe y Estados Unidos. Más crítico, debe ser un plan creado por los propios países y basado en una estrategia que reconozca los roles críticos de un estado propiciador y un sector financiero catalítico. La transición socio-política actual, apuntalada por un reconocimiento generalizado de la población de la necesidad de un cambio, ofrece una oportunidad histórica para embarcarse en reformas destinadas a mejorar el crecimiento.
Erik Berglof is Chief Economist of the European Bank for Reconstruction and Development.

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