Amenazas

Por Manuel Montero, catedrático de Historia Contemporánea de la UPV/EHU (EL CORREO DIGITAL, 26/09/06):

Pocas citas resumen la estulticia y la visión paranoica de ETA y sus miembros como la frase que pronunciaron el otro día en su Gudari Eguna, un acto de siempre dedicado a su mayor gloria y autoadulación. Tras amenazar con las armas a la democracia y a quienes discrepan de su «independencia y socialismo», quisieron redondear la faena y dar credibilidad a su amenaza con una de las afirmaciones más asombrosas y repulsivas que se hayan oído en los últimos tiempos: «¿Tenemos la sangre preparada para darla por ella!». ‘Ella’, aunque la traducción no está clara, debe de ser Euskal Herria, o quizás la independencia y el socialismo. Es lo de menos: lo que asombra es esta fascista, antidemocrática y falaz alusión a la sangre que tienen preparada, pues ¿se refieren a la suya, y no a la ajena, cerrando los ojos a las evidencias de la Historia! Sugieren voluntades sin freno, afanes de sacrificio épico e inenarrable. El dicho resulta una mentira estructural, por mucho que impresione el aire ‘joseantoniano’ de esta brutalidad. La experiencia demuestra que ‘la lucha’ de ETA por someter a los vascos se ha realizado básicamente por medio del derramamiento de la sangre ajena, la de quienes sostienen la democracia y se oponen a la barbarie totalitaria. Que sus huestes entiendan lo contrario -y se desentiendan de la realidad- y puedan dar pábulo al aserto resume hasta qué punto se han creado un submundo mental (quizás submental), al margen del conjunto de la sociedad.

Por supuesto, lo importante de estas amenazas no es la estupidez del texto, pues la organización y sus secuaces no han destacado nunca por la brillantez literaria o por la coherencia intelectual de sus escritos, que resultan perfectamente prescindibles, pese a la hermenéutica y energía interpretativa que les dedicamos. Lo primordial, más que el texto, es aquí el contexto, qué significa esta farsa en el llamado ‘proceso’, del que sabemos que pasa un mal rato, pues todo el mundo lo dice y los hechos lo demuestran, aunque, por la precaria información de que disponemos, no sabemos realmente por qué. Aunque desconocemos los vericuetos de las hojas de ruta y de su confrontación, podría afirmarse que lo que hay es, hasta donde llegamos: un proceso abierto entre ETA y el Gobierno para poner fin al terrorismo (se le llame paz o como se quiera, ésta es la esencia del asunto). Lo cual exige, como punto de partida, que la organización terrorista renuncie a cualquier intento de obtener premios políticos por el uso de la violencia. El Gobierno y las fuerzas parlamentarias lo han dejado claro en cuantas intervenciones públicas ha habido, y lo exige el sentido común: no habrá precio político por la violencia, ni por su uso ni por su abandono (sería lo mismo lo uno y lo otro), por lo que nadie puede llamarse a engaño, ni siquiera los que quieren pescar en río revuelto, que son unos cuantos.

Así las cosas, llegan las últimas semanas. Por razones que ignoramos, aunque intuimos, las ramificaciones de la organización empiezan a moverse. Primero, las bravuconadas batasúnicas, condenando a diestro y siniestro y chuleándonos con insinuaciones y amenazas. Segundo y complementario, el frente kaleborrókico relanza la actividad terrorista, pues no de otra forma puede llamarse a lo que denominan ‘actos de sabotaje’. Nunca como ahora había quedado tan evidente la subordinación de estos jóvenes hitlerianos a las SS y sus entornos, hasta el punto de que los ritmos e intensidad de su agresión a la democracia parecen perfectamente pautados. Tercero y fundamental, está la escena bufa del Gudari Eguna, con encapuchados, armas y todo el ritual (sólo faltó la tradicional quema de bandera española; al menos no la cuentan las crónicas; quizás no tenían ejemplares a mano).

Quizás ETA y compañías entienden que, aunque el Gobierno y los demócratas aseguran que no hay premio político al terror, pueden forzarse las cosas. Que, metidos en un proceso de diálogo/negociación, la cabra tira al monte, resulta imprescindible la presión con algún tipo de violencia. Sin recurrir al asesinato, pero sin renunciar a la extorsión, el chantaje, la destrucción y la amenaza. De ser así, en su mente demente este ‘terrorismo de baja intensidad’ formaría parte de la lógica del ‘proceso’, se integraría en lo que denominan ‘negociación’, que conllevaría la presión militar donde sea posible sin que ‘las vías de diálogo’ se rompan. Lo cual sería absolutamente inadmisible, no hay que insistir en ello.

Hay otra interpretación peor: que ETA y los suyos siempre nos han estado tomando el pelo y no tienen ninguna intención de realizar ningún proceso de nada. El tiempo dirá si resulta lo uno o lo otro.

En todo caso, sólo hay una posible actuación gubernamental y democrática frente a esta presión terrorista: dejar muy claro que el único camino del proceso pasa por el sentido común y por la legalidad. Que resultan y resultarán inútiles este tipo de actuaciones. Que si se produce alguna legalización de Batasuna no habrá ninguna sombra de duda de que se ha realizado por su aceptación de los cauces democráticos y sin ningún tipo de componendas, ni rebajas de requisitos, ni porque se ha mirado a otro lado. Si no se actúa así, el proceso -de existir- se derrumbaría. Tal precisión se ajusta a lo que se viene diciendo en estos meses de pasión. Convenía repetirla, pues una parte del espectro – la nacionalista- tiende a exigir legalizaciones de cualquier forma. ¿Y con garantías jurídicas!

Por último, tal y como están las cosas debe recordarse que el problema que le plantea a la democracia la existencia de ETA no consiste en que la organización y adjuntos quieran la independencia, el socialismo, la territorialidad, lo que sea. Sino que amenazan a la convivencia y a la democracia, usando la violencia y el terror y buscan sus metas por el uso de las armas. Ésta es su esencia política, no aquello. Éste es el problema, no aquél.