América al completo respalda un hecho histórico irreversible

La histórica Cumbre de la reunificación hemisférica de las Américas se consumó. La VII Cumbre de las Américas de 10 y 11 de abril de 2015 acabó con una exclusión que permanecía desde su creación durante el mandato del presidente norteamericano Bill Clinton en diciembre de 1994 en Miami. En la cumbre de Panamá los 35 mandatarios del continente saludaron la incorporación de Cuba al encuentro tras el histórico deshielo de las relaciones con Estados Unidos anunciado simultáneamente por Raúl Castro y Barack Obama el 27 de diciembre de 2014. El octogenario líder cubano debutante en la Cumbre fue ovacionado y aplaudido en un inusualmente emotivo discurso en el que, además de defender la revolución, recordó el daño que causó al pueblo cubano la frontal oposición de Estados Unidos, incluyendo el bloqueo y el intento de invasión en Bahía de Cochinos en 1961. Incluso llegó a sugerir que fue esa agresión lo que radicalizó la revolución y llevó a Cuba a buscar cobijo en el bloque soviético para defenderse. Sin embargo, fue también Raúl Castro el que emitió el mayor elogio a su par Barack Obama al considerarlo un “hombre honesto”, cualidad que asoció a su origen humilde.

Fue uno de los pocos momentos dulces de Obama durante la sesión plenaria de la Cumbre en la que el mandatario norteamericano tuvo que escuchar un cargamento de reproches por las injerencias históricas de Estados Unidos en la región. De ellos se defendió Obama sin negar la existencia de capítulos oscuros en la historia de los Estados Unidos y sin pretender ser la perfección, pero también orgulloso de los logros en igualdad de derechos que ilustró con el cruce del Puente Pettus en Alabama contra la discriminación racial del que se acaban de cumplir 50 años. Como Castro, Obama llamó a cambiar las relaciones hemisféricas y enfrentar los problemas comunes para buscar soluciones “sin ideologías”. Y sugirió que echar la culpa de todo a Estados Unidos “no es progreso”.

La Cumbre estuvo repleta de historia y recuerdos de episodios conflictivos. También fueron abundantes las referencias, para bien y para mal, a presidentes norteamericanos como Kennedy, Lincoln, Jefferson, Monroe o Bush que convirtieron la sesión en un inusitado curso de historia de América. Sin embargo, el principal reproche que tuvo que encajar Obama fue el rechazo del Decreto presidencial de 9 de marzo de 2015 por el cual Estados Unidos establecía sanciones a ciudadanos de Venezuela. Aunque las sanciones van dirigidas a personas concretas y no al pueblo o al Estado, la designación de Venezuela como un peligro para la seguridad nacional que acompañó las sanciones presidenciales ha tenido una lógica reacción de denuncia “injerencista” por parte del gobierno de Nicolas Maduro el cual requirió y obtuvo el respaldo solidario de la mayoría de sus pares ante lo que él consideraba una inminente agresión.

Si bien la condena a las medidas unilaterales de Estados Unidos fue generalizada, hubo matices. Los gobernantes son conscientes del delicado momento político y económico que Venezuela atraviesa y de que en la región los riesgos golpistas no están excluidos, como demostraron los sucesos de Honduras en 2009 y Paraguay en 2012. Algunos mandatarios, como la brasileña Dilma Rousseff, lo reconocieron, pero para afirmar que el lugar para discutir eso era la UNASUR y que la forma de enfocarlo no era con sanciones contraproducentes e ineficaces sino tratando de acercar posiciones entre las partes y buscando la moderación. Otros fueron más allá. El presidente ecuatoriano Rafael Correa conminó a Luis Almagro el flamante Secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA) que auspicia las Cumbres, a transformar la organización y convertirla en un lugar para “conversar” entre la América del Norte y la del Sur del Rio Bravo como “bloques” que, en su parecer, son realidades diferentes. Correa insistió en su ya habitual rechazo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a la que calificó de innecesaria abogando por establecer un sistema Latinoamericano de Derechos Humanos entorno a la Corte Interamericana con sede en San José de Costa Rica. El presidente ecuatoriano, que habló antes de Obama, también rechazó las acusaciones de la CIDH que ha recibido su gobierno por presuntas restricciones a la libertad de prensa distinguiendo entre prensa buena y prensa mala manipuladora de la realidad. Esto fue respondido por Obama, quien aseguró que en Estados Unidos también había prensa muy mala, pero que no le tocaba a él calificarla y todos deberían tener la oportunidad de hablar.

Junto a Ecuador, varios mandatarios de países con gobiernos del socialismo del siglo XXI, como Argentina, Nicaragua y Bolivia, reprocharon a los Estados Unidos injerencias a través de Organizaciones no Gubernamentales (ONG) defensoras de los derechos humanos. El presidente venezolano Nicolás Maduro fue más lejos y acusó a la embajada de Estados Unidos de ser una “maquinaria de guerra psicológica” contra su gobierno y de conspirar para su derrocamiento. Evo Morales, presidente de Bolivia, también hizo un encendido discurso contra las violaciones de derechos humanos por parte de Estados Unidos en varios lugares del mundo y en su casa, incluyendo la pena de muerte. Estos son ejemplos de las diferencias de perspectiva que persisten en la región, obstaculizan la cooperación e impidieron la adopción de una declaración final conjunta.

La tercera y última Cumbre de Obama fue un éxito pero no un camino de rosas. En su intervención, el Obama más pragmático dijo que en su primera Cumbre de Trinidad Tobago en 2009 prometió abrir un nuevo capítulo en las relaciones hemisféricas y lo cumplió. Ahora pedía abordar los problemas comunes para tratar de buscar soluciones. Es muy largo el capítulo de cosas que quedan por “resolver”, una expresión muy cubana, entre ellas el propio levantamiento del embargo. Entre los más mencionados de la Cumbre estuvieron la seguridad, el narcotráfico, el armamentismo, las migraciones, el cambio climático y la desigualdad, todos temas muy complejos de abordar. Dilma Rousseff acabó su discurso diciendo que la geografía les había deparado un continente separado del resto del mundo por dos Océanos y que a ellos les tocaba llevarlo a buen puerto. A Obama le queda poco tiempo de mandato. Serán otros los que habrán de continuar lo que él acaba de comenzar, pero lo importante es que ese paso dado ahora sea irreversible.

Anna Ayuso, Investigadora sénior, CIDOB.

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