América Latina debe rechazar el intento de Trump de influir en la elección del BID

La cruzada desmedida y partidista del gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra las instituciones internacionales ha llegado al banco multilateral más importante del hemisferio occidental.

Rompiendo con 60 años de tradición, la Casa Blanca ha nominado a un estadounidense sin el conocimiento de la región ni la capacitación en economía necesarios para convertirse en el nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La nominación de la Casa Blanca de Mauricio Claver-Carone parece estar muy influenciada por la política interna estadounidense, como parte de una estrategia republicana para ganar los 29 votos electorales de Florida en las elecciones presidenciales de noviembre. Claver-Carone es el actual director principal para Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional, pero su experiencia previa fue como cabildero, enfocado en presionar a favor del embargo de Estados Unidos a Cuba.

Este candidato poco calificado le debe su ascenso meteórico desde un relativo anonimato a su benefactor: Marco Rubio, senador republicano por Florida. El apadrinamiento fracasó dos veces al intentar designarlo subsecretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, lo cual plantea la pregunta de por qué Claver-Carone debería, entonces, estar a cargo de una institución de desarrollo regional en un momento en el que América Latina enfrenta dificultades económicas y sociales sin precedentes.

En los 60 años del BID ha sido una regla implícita que, aun cuando el gobierno de Estados Unidos recibe en las decisiones del BID el derecho a un voto proporcional a su contribución del 30%, la presidencia del banco debe ser ocupada por un latinoamericano. Estos presidentes latinoamericanos a cargo del banco que prestó 13,500 millones de dólares a la región en 2018, han propuesto iniciativas sobre cambio climático y sostenibilidad ambiental, además de una serie de esfuerzos para abordar la exclusión económica y social endémica de las poblaciones indígenas y afrodescendientes.

Estos retos están en el centro de las preocupaciones de los latinoamericanos y caribeños, pero son problemas que el gobierno de Trump prácticamente ni ha mencionado, tanto a nivel interno como internacional.

Hay muy poco en la experiencia previa de Claver-Carone que demuestre que entiende o le importan algunos de estos problemas, o los desafíos sociales o económicos de la región. Si bien ostentó brevemente el cargo como representante de Estados Unidos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) —sin la confirmación del Senado que disfrutaron sus predecesores—, su gestión en el Consejo de Seguridad Nacional ha estado marcada por un enfoque obsesivo en aplicar presión a la llamada “troika de la tiranía” (Cuba, Venezuela y Nicaragua), una cruzada política sin vínculo real con la misión de desarrollo del BID.

Mientras los casos y muertes de coronavirus siguen incrementándose, América Latina está enfrentando una de sus peores crisis económicas en la historia moderna. Se espera que el crecimiento económico caiga en un 9.3% solo este año, de acuerdo con el FMI. América Latina y el Caribe tienen tasas de infección entre las más altas del mundo, y la contracción económica traerá como resultado mayor desigualdad en una región históricamente perjudicada por la brecha extrema entre ricos y pobres. En julio, la Organización de las Naciones Unidas predijo que como resultado de la crisis económica producto de la pandemia y las medidas de cuarentena, 45 millones de personas en América Latina y el Caribe caerán en situación de pobreza, con 28 millones de ellos en pobreza extrema.

Enfrentar la contracción económica de América Latina y el Caribe y sus consecuencias requerirá apuntalar las finanzas públicas gubernamentales (menguadas por los paquetes de estímulos) y reconfigurar las deficientes redes de seguridad social. Esto requerirá un liderazgo creativo por parte de las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, el FMI y el BID, y más capital de los gobiernos miembros y de los mercados financieros.

Cubrir estas necesidades financieras e institucionales urgentes requerirá de una gran talla política, no del tipo de criterios partidistas estadounidenses que el candidato actual personifica. Y si bien Claver-Carone ha prometido que puede conseguir más financiamiento, no se sabe cómo pueda cumplir esas promesas cuando hay demócratas en puestos clave del Senado y en el comité de Asignaciones de la Cámara declarando desde ya que se oponen a su candidatura… mucho menos dirigir la institución si el presidente Trump pierde en las elecciones de noviembre.

Brasil, Colombia, Ecuador, Panamá, Paraguay y Uruguay han expresado su apoyo por el candidato estadounidense, pero otras importantes partes interesadas están solicitando que la elección, programada para septiembre, sea pospuesta. El diplomático principal de la Unión Europea, Josep Borrell Fontelles, recomendó posponer la votación hasta después de marzo de 2021. Chile y México apoyan esa idea.

La votación debe ser diferida hasta después de las elecciones en noviembre. Todos los países miembros del BID deben alinearse con este objetivo y no permitir que el gobierno de Trump intente forzar la votación en septiembre solo porque quiere dejar su huella partidista en el banco.

Christopher Sabatini es el investigador principal para América Latina del Instituto Real de Asuntos Internacionales (Chatham House) de Londres.

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