Análisis contra accidentes

Por David Gallardo, investigador del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico. Universitat de Barcelona (EL PERIÓDICO, 25/06/06):

El 1 de julio entra en vigor el nuevo sistema de carnet por puntos, que combina la aplicación de multas económicas con el descuento de puntos para intentar frenar la siniestralidad en la carretera. Desgraciadamente, como nos recuerdan nuestros políticos, y también las autoridades de tráfico, el carnet por puntos no logrará que desaparezcan los muertos por accidente en la carretera, pero hay que esperar que, como ha ocurrido en otros países que ya lo aplican, se produzca una reducción significativa de ellos.
En cualquier caso, ¿es realmente el carnet por puntos una buena solución? Aparentemente, lo parece, pero toda solución debe responder a una pregunta y, en este caso, la cuestión radica en si logrará contrarrestar los factores asociados a los accidentes de tráfico, especialmente los mortales, y que muchas veces los provocan. En este sentido, hay que citar un estudio publicado el 2001 en la revista Addiction que exploraba la asociación entre el consumo de alcohol y el índice de mortalidad en 14 países europeos durante los últimos 50 años. Los resultados evidencian que la relación entre conducción en estado de embriaguez y accidente de tráfico era mucho más intensa en los países del sur de Europa que en los del norte.
Nos podemos preguntar, pues, si tendrá el carnet por puntos la capacidad de hacer que la gente, aquí, consuma menos alcohol antes de coger el coche. Podemos imaginar que sí, pero de forma limitada. Las campañas de prevención de la Dirección General de Tráfico, año tras año, no han funcionado demasiado bien hasta ahora, y todas las medidas destinadas a la reducción de la siniestralidad viaria han sido punitivas. ¿Los malos conductores solo cambian su conducta si les castigamos? Solo hay que ver la lenta, aunque progresiva, reducción del número de muertos en la carretera.

CREO, personalmente, que habría que enfocar el problema de un modo muy diferente. Los conductores que provocan los accidentes, y que muchas veces mueren a causa de esos accidentes, tienen una serie de características comunes que les llevan, a pesar de ser conscientes del peligro que conlleva, a conducir borrachos, por ejemplo. Es lo que los psicólogos llaman caza de sensaciones –la tendencia a buscar sensaciones intensas, experiencias atrevidas, de desinhibición, también a aburrirse fácilmente, entre otras–. Son los mismos individuos que no suelen abrocharse el cinturón de seguridad cuando suben al coche, que a menudo superan los límites de velocidad permitidos o que realizan adelantamientos en puntos en los que está totalmente prohibido.
Pues bien, si sabemos que existen individuos que tienen tendencia a comportarse de modo irresponsable con un volante en las manos, ¿no podríamos evitar más accidentes y, consecuentemente, más tragedias, más muertos, apartándolos de la circulación? Sin lugar a dudas.
Hace ya muchos años que los psicólogos somos capaces de medir de forma precisa estas características de la personalidad. Por lo tanto, podemos determinar bastante bien si una persona tiene tendencia a correr demasiados riesgos o no. Ahora bien, toda buena evaluación requiere un poco más de tiempo que los escasos 10 minutos de rigor de las revisiones médicas que se realizan actualmente para la obtención o la renovación del carnet de conducir. Medir los rasgos de la personalidad y excluir a aquellas personas más arriesgadas, más impulsivas, en definitiva, más irresponsables, sería, seguro, una gran medida preventiva. Es una estrategia que se utiliza desde hace tiempo y, sin ir más lejos, en los procesos de selección de agentes de policía o para la obtención del permiso de armas de fuego.
Sumar y restar, igual a sensibilizar es el lema que utiliza la Dirección General de Tráfico cuando da información sobre otros países en los que se ha aplicado el carnet por puntos. Quizá sí tienen razón, pero esta sensibilización no será completa si no advertimos, al mismo tiempo, que existe gente cualificada para conducir y gente que no lo está, ya sea porque es demasiado impulsiva o porque demuestra un comportamiento irresponsable. En definitiva, la clave para resolver el grave problema de las víctimas de tráfico no solo está en la educación, también cuenta, y mucho, la personalidad.

LOS MUERTOS en la carretera son un problema demasiado serio, tanto si valoramos las consecuencias humanas –un gran número de familias destrozadas– como las repercusiones económicas: los sistemas sanitario y productivo del país.
Si realmente queremos una reducción efectiva en la accidentalidad, tenemos que hacer un paso valiente hacia adelante, intentando equilibrar la balanza. No solo existen las medidas punitivas, sino que muchos accidentes se podrían prevenir con la realización de psicotécnicos rigurosos en las revisiones médicas. La combinación de las dos estrategias conllevaría, esto sí, una reducción efectiva del drama diario en la carretera.