Andrée de Jongh, una mujer extraordinaria

Por Henrike Knörr (EL CORREO DIGITAL, 07/12/07):

En agosto de 1941, una joven belga de 24 años, pequeña y atractiva, se presentó en el consulado británico de Bilbao. Aquella mujer era Andrée de Jongh, pero todos la llamaban ‘Dédée’. Hasta entonces había trabajado como agente de arte y como enfermera, pero una idea muy distinta le bullía en la cabeza. En la conversación trató de persuadir al vicecónsul de su idea de organizar una red para rescatar a pilotos aliados y llevarlos a través de Francia y España, de modo que volvieran a Londres vía Lisboa o Gibraltar. Ante el escepticismo del vicecónsul, temeroso de una trampa de los alemanes, Andrée de Jongh le presentó a los tres hombres que la acompañaban: dos belgas y un escocés, traídos desde Bélgica y deseosos de combatir contra el nazismo. Aquello parecía serio, y el vicecónsul pidió a la joven unos días para consultar con sus superiores.

Pasado el tiempo convenido, y tras una segunda entrevista, empezaba a funcionar la red Comète, llamada así por la velocidad que ‘Dédée’ quiso imprimir al viaje de los refugiados. Quizá de entonces es también el lema latino de la red: ‘Pugna quin percutas’ (‘Lucha pero no mates’). La financiación correría a cargo de los británicos (aunque la caja se estrenó con la venta de las joyas de ‘Dédée’), pero la dirección estaría en manos de los belgas. El plan consistía en establecer diversos puntos de acogida hasta el País Vasco francés. Desde allí, experimentados ‘mugalaris’ (expertos en los pasos fronterizos) conducirían a los aviadores a tierras más seguras, contando con la neutralidad oficial de España en la Segunda Guerra Mundial y la vigilancia de las embajadas aliadas en España. La entrega de combatientes aliados a los nazis desde España, una vez que habían logrado pasar la frontera, no era conveniente para los franquistas, que podían sufrir las represalias consiguientes, sobre todo en el ámbito económico.

No fue lo más difícil organizar el paso de la frontera. Personas como la saratarra Kattalin Agirre, el hernaniarra Florentino Goikoetxea o el vitoriano Ambrosio San Vicente, junto a otros muchos, vascos o no vascos (como Jean François Nothomb, tío-abuelo de la novelista Amélie Nothomb), lo hicieron posible. Para la cuestión de los carnés de identidad o permisos de desplazamiento, se contó con personas que trabajaban o estaban introducidas en ayuntamientos y otras instituciones. Una vez pasada la muga, la acogida estaba asimismo garantizada por muchos, entre ellos Tomás Arakama, que tenía un garage en Donostia. La propia ‘Dédée’ pasó la frontera decenas de veces.

Hasta la detención de Andrée de Jongh en Urruña, por una traición, el 15 de enero de 1943, la red Comète sacó de Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo a unos 750 aviadores. Al interrogarla, los alemanes no se creían que ‘Dédée’ pudiera ser la cabeza de la red Comète. No contaban con la fuerza enorme de aquella mujer, a quien su padre (que trató de continuar con la red en París y fue fusilado en marzo de 1944 en Mont-Valérien, muy cerca de la capital), llamaba ‘el pequeño ciclón’, y a la que un coronel británico de la Embajada en Madrid designaba como ‘pura heroína de leyenda’. Al cabo de poco tiempo ‘Dédée’, y tras pasar por varias cárceles, estaba en el campo de concentración de Mauthausen y después en el de Ravensbrück. Salió de aquel infierno en las postrimerías de la guerra, en abril de 1945, con la salud muy quebrada. Con más suerte, eso sí, que no pocos evadidos y miembros de la red Comète, que murieron en campos de concentración o ametrallados en la huida.

Terminada la contienda, ‘Dédée’ recibió no pocos homenajes, empezando por los de su país: se la nombró condesa, teniente coronel del ejército y miembro de la Orden de Leopoldo. Además, tenía la medalla de la Legión de Honor francesa, la medalla George (la más alta condecoración civil británica para extranjeros) y la medalla de la Libertad norteamericana. Pero ella deseaba seguir ayudando a los demás, y hasta 1955 trabajó en hospitales y leproserías del Congo, Etiopía, Camerún y Senegal. No en vano los dos modelos de Andrée de Jongh fueron la enfermera inglesa Edith Cavell, que en la Primera Guerra Mundial trabajaba en Bélgica para la Cruz Roja y se ocupaba también en pasar a la Holanda neutral soldados ingleses y franceses, causa de su fusilamiento por el ocupante alemán en 1915, y el belga Joseph De Veusterel (1840-1889), más conocido como ‘Père Damien’, el apóstol de los leprosos muerto por contagio en Molokai, en las Islas Hawai (recuérdese la película ‘Molokai’, de 1959, dirigida por Luis Lucia y protagonizada por Javier Escrivá).

Todos los años, en los primeros días de septiembre, la asociación de amigos de la red Comète y el club de montaña Urdaburu de Errenteria organizan tres días de conmemoraciones en Donibane, Anglet y Ziburu. Aquí, en el bellísimo cementerio delante del ancho mar, se depositan flores en las tumbas de Kattalin Agirre y Florentino Goikoetxea (ambos miembros de la Legión de Honor y con otras condecoraciones). Es el punto de partida de una caminata repartida en dos etapas, hasta Oiartzun, pasando por Urruña y atravesando el Bidasoa a pie (a veces con dificultades), como lo hacían aquellos evadidos, y con una última parada, en el caserío Sarobe, de la familia Iriarte, en el barrio Ergoien de Oiartzun. En el caserío, entre amigos, los aviadores se sentían al fin seguros. Ahora, en la conmemoración, en un ambiente muy amable propiciado por los dueños de la casa, es un momento para departir con supervivientes de aquellos años oscuros o con sus familiares, y con decenas de personas de todas las edades. Entre ellas está el historiador Juan Carlos Jiménez de Aberásturi, autor de varios trabajos sobre la red Comète, y especialmente de dos libros excelentes: ‘En passant la Bidassoa. Le réseau Comète’, con su traducción castellana: ‘Vascos en la 2ª Guerra Mundial. La red Comète en el País Vasco’ (1995 y 1996, respectivamente) y ‘Askatasunaren bidea: Florentino Goikoetxea eta beste hernaniar batzuk nazismoaren aurkako borrokan bigarren Mundu Gerran’, en su versión castellana ‘El camino de la libertad: Florentino Goikoetxea y otros hernaniarras en la lucha contra el nazismo durante la II Guerra Mundial’ (2006). Los dos libros son piezas muy importantes dentro de una extensa bibliografía sobre la red creada por ‘Dédée’.

Andrée de Jongh murió el pasado 13 de octubre en Bruselas, a punto de cumplir 91 años. Descanse en paz la mujer valiente y generosa, que contó con vascos nobles y bravos en la lucha contra el totalitarismo.