2015: año decisivo

«Compañeros y compañeras: En estas elecciones nos jugamos todo, no sólo los socialistas, sino el país, España se juega todo lo que se ha venido construyendo desde 1978. Recordaréis un inicio parecido en los discursos de Felipe, Almunia o Zapatero. Pero con una diferencia que lo cambia todo. Esta vez es verdad. A las sociedades les llega un tiempo en el que tienen que decidir de manera inapelable qué quieren hacer con su futuro, y nunca se les ofrece una variedad amplia de posibilidades. Siempre tienen que elegir entre retroceder o seguir avanzando con esfuerzos y sacrificios. Justamente en esa encrucijada nos encontramos los españoles, no hay más opciones. Hoy, desde diversas posiciones se ofrece a la sociedad española la posibilidad de dar un salto hacia adelante, se promete una sociedad más justa e igualitaria, con menos corrupción; y todo ello sin esfuerzo, por la simple y poderosa fuerza de la voluntad. Los que proponen estas soluciones milagrosas, en la mayoría de los casos mienten o sencillamente no saben lo que dicen.

La crisis económica ha causado mucho sufrimiento y las soluciones que se han adoptado para combatirla han sido origen y causa de la desesperación de muchas familias, haciendo que comprendamos las diferentes reacciones de quienes se encuentran en el abismo, de quienes se ven ante la finalización del último subsidio del que depende el sustento familiar. ¡Cómo no comprender reacciones extremas cuando un angustiado padre de familia ve cómo en otras esferas de su misma sociedad proliferan los casos de corrupción! Se comprende el coraje, el deseo de tirar todo por la borda. Ese voto no es el de la ilusión, es el voto de la rabia, de la indignación, del asco. Pero con rabia, indignación y asco no se construye un futuro mejor para todos, tampoco para el sujeto de la humillación, el rabioso con causa, el asqueado con motivos, el indignado con razones. La solución para él no es tirarlo todo por la borda, ni pensar que cuanto peor, mejor. Al contrario, él más que otros debe pensar cómo puede mejorar su situación; una sociedad avanza no cuando se vota en contra de unos o de otros, de tal situación o de aquel privilegio, avanza cuando cada uno, por muy difícil que sea, vota por lo que más le conviene. Por ejemplo, muchos depositaron en Chávez su esperanza en una Venezuela mejor, más igualitaria, con menos corrupción; hoy no hay jabón en los mercados, ni leche, ni carne. Pero estos productos básicos, que no están disponibles para las clases trabajadoras ni para las clases medias, sí lo están para los ricos, que no serán los de antaño pero haberlos ‘haylos’. Por ello es a los que más han sentido la crisis, a los primeros que convoco para que vayan con nosotros por el camino esforzado de las reformas, de la dura lucha por la igualdad y la eterna pugna contra los privilegios. Pero todo exige un esfuerzo, nada es gratis. Alrededor de estos a los que comprendo y me gustaría representar preferentemente, están los que por moda, por llevar la contraria o porque nadie en este exigente mundo les sirve las dosis suficientes de emoción y novedad, sin que sus motivos tengan la grandeza de la desesperación o la miseria, se van hacia Podemos con alegría irreflexiva, en medio del jolgorio mediático provocado por monjas y alcahuetes. Pero a estos que viven alegres en la ola dominante, yo les pregunto: ¿estáis dispuestos a apoyar a los partidarios de empezar desde cero, a los que provocarán pánico en los sensatos e indignación en los responsables? ¿Estáis dispuestos a dar vuestro voto a quienes se han cobijado entre las túnicas de los Ayatolás de Irán o detrás de la palabrería del locutor de ‘Aló presidente’ en Venezuela? Cítaras y guitarras dirán que recurro al miedo. ¡No!, recurro a la responsabilidad.

Los socialistas nos encontramos por lo tanto entre quienes han sido responsables durante estos cuatro años del gobierno y los que están dispuestos a una labor de demolición; entre los que son alérgicos a las reformas que nos hagan más dueños de nuestro futuro y unos prestidigitadores de tres al cuarto que sólo quedan bien cuando hablan entre aplausos y cítaras. Nosotros, que hemos cometido muchos errores, que hemos dedicado demasiado tiempo a contemplarnos a nosotros mismos, estamos empeñados en proponer una opción distinta, una alternativa entre ‘más de lo mismo’ que nos ofrece el partido del gobierno, y la nada que nos propone Podemos. Proponemos reformas en nuestro sistema institucional que nos obliguen y nos hagan más responsables de nuestro futuro. Un mayor apoyo económico e institucional a la educación y a la sanidad, exigiendo una mayor eficacia en el gasto y una mayor exigencia en los resultados. No somos un país rico, no podemos hacer todo lo que quisiéramos, pero nuestros hijos y nuestros mayores deben sentirse protegidos. Los primeros, porque de ellos dependemos en el futuro; los segundos, porque a ellos les debemos todo lo bueno que tenemos. A cambio de esa seguridad que la administración nos debe, nosotros estamos obligados a realizar nuestro trabajo con la máxima responsabilidad.

Algunos a los que no les llega la camisa al cuello proponen, antes de que los españoles decidan con su voto, gobiernos de coalición. Yo les anuncio que el Partido Socialista no será socio minoritario en ningún gobierno de coalición, esa oportunidad ya se la llevó el tiempo. Lo afirmo porque no es bueno para España; hoy los españoles tienen derecho a tener esperanza y alternativas diferentes al inmovilismo y al terremoto. Deben saber que si deciden dar a otros la responsabilidad del gobierno de España nosotros estaremos ahí como siempre. Elaborando una alternativa política segura y renovada para cuando decidan volver a darnos su confianza. Pero también deben saber que estamos dispuestos a comprometernos en políticas de Estado, sin ser prisioneros de nuestra ideología o de nominalismos mágicos. Por ejemplo, creo que sería conveniente una reforma constitucional, no para buscar un mejor acomodo a los nacionalistas, algo que nunca encontraremos por mucho esfuerzo que hagamos, sino para encontrar formas de participación más adecuadas al siglo XXI. Quiero mejorar la Constitución, pero no me entregaré a enredos, ni a declamaciones inútiles para llamarla federal o autonómica, lo importante es el contenido, no el nombre. Tampoco avalaremos cambalaches y piraterías parlamentarias, sólo seré presidente si el Partido Socialista tiene un diputado más que el segundo partido.

En Grecia han llegado al gobierno gritando que por fin tenían un primer ministro griego, que ya nadie les iba a humillar como lo había hecho la Troika. Coincide ese incremento del nacionalismo griego con el nacionalismo de otras formaciones políticas en otros países de la Unión. Coinciden, como siempre coinciden los extremos, en exagerar su nacionalismo y en poner en duda el proyecto europeo. Coinciden en su mensaje: más nacionalismo y menos Europa. Con el incremento de estas fuerzas políticas el experimento europeo puede venirse abajo y con su derrumbamiento una de las pocas posibilidades que tenemos de influir en el mundo. Pero también la única alternativa para países como el nuestro; probablemente Alemania pueda seguir siendo lo que es sin la Unión, pero España no. Nosotros estaríamos peor, seríamos más pobres, menos influyentes en el mundo y las grandes corrientes de progreso dejarían de pasar, como ya nos sucedió antes, por nuestra tierra. Sigo pensando que el progreso pasa por más Europa y menos nacionalismo, menos fronteras y más unión, menos autarquía y más esfuerzos comunes. Si la disyuntiva se plantea entre la Merkel y Maduro, nuestra elección debe ser la canciller alemana y su gobierno de coalición con los socialistas, sin ninguna duda. No quiero decir con lo que he dicho que no sea necesario acelerar la Unión política, la Unión fiscal, la Unión de seguridad etc… Éste y no otro debe ser nuestro camino compañeros».

Ésto, lector, es lo que yo desearía oír a mi candidato socialdemócrata. Un ejercicio de la razón e impulsado por sentimientos nobles, que se enfrente a los responsables del gobierno actual y a los que nos pueden llevar al precipicio. Reconociendo que llevamos demasiado tiempo ensimismados en nuestros problemas, dando la espalda a una sociedad que ha cambiado radicalmente en los últimos años. Es fácil responsabilizar a los que están ahora, pero es más justo mirar hacia atrás. Los dirigentes socialistas de hoy tendrán la responsabilidad de tener o no el coraje de ser humildes para reconocer los errores cometidos, la inteligencia suficiente para pensar sin ser prisioneros del pasado y el valor para enfrentarse a los problemas de la sociedad española.

Nicolás Redondo Terreros es presidente de la Fundación para la Libertad y miembro del consejo editorial de EL MUNDO.

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