Ante otra Gran Depresión

La pandemia de coronavirus que asola el mundo está impactando con especial gravedad en nuestra Patria. Por razones que el Gobierno debería explicar, el número de fallecidos por habitante en España como consecuencia de la pandemia es el mayor del mundo. Mientras otros países con Gobiernos más diligentes, o más capaces, hacían tests masivos a sus ciudadanos, aquí miles de personas han muerto lejos de sus familiares, algo que podía haber sido paliado en mayor medida.

Y ahora nos adentramos en una depresión económica internacional que, para el «Financial Times» del pasado 4 de abril, puede ser tan grave como la que azotó el mundo en los años treinta del siglo XX. Vale la pena recordar lo que entonces ocurrió  y extraer lecciones para el momento actual.

La Gran Depresión tuvo múltiples causas: especulación bursátil e inmobiliaria en Estados Unidos, descenso del precio de las materias primas y productos agrícolas, distorsión en las relaciones económicas internacionales como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y de su postguerra, funcionamiento inadecuado del patrón de cambios oro, política monetaria restrictiva en los Estados Unidos, debilidad de los sistemas bancarios e insolidaridad en las relaciones económicas internacionales.

Como recordó Charles Kindleberger en «The World in Depression, 1929-1939», la crisis económica fue tan larga y profunda porque los Estados Unidos no quisieron asumir la responsabilidad que les correspondía como país hegemónico en la economía mundial. Otros países se enzarzaron también en insolidarias guerras comerciales, en lo que entonces se llamó «empobrecer al vecino», a través de subidas de aranceles, contingentes de importación, acuerdos bilaterales de trueque, controles de cambios y devaluaciones competitivas de sus monedas. El proteccionismo extremo hundió el comercio mundial, que en febrero de 1933 había perdido un 69% respecto de su nivel en enero de 1929.

El liderazgo es un elemento decisivo a la hora de afrontar una crisis. Para Milton Friedman y Anna Schwarz, el fallecimiento en octubre de 1928 del gobernador de la Reserva Federal de Nueva York, Benjamin Strong, fue un elemento decisivo en el cambio de criterio de la Reserva Federal, responsable para dichos autores, más que cualquier otro factor, de la catástrofe de los años treinta, al no intervenir con energía ante la crisis del sistema financiero americano. La lección se ha aprendido y hoy los Gobiernos y los Bancos Centrales han actuado de forma muy distinta, inyectando liquidez a la economía.

Pero en algunos países, y lamentablemente en España, el liderazgo ha brillado por su ausencia y el Gobierno de la nación no ha estado a la altura del gravísimo reto planteado, una circunstancia agravada aquí por la falta de transparencia y por la utilización sectaria de los medios afines o económicamente incentivados. Hay muy malos augurios de que en la nueva gran depresión España va a ser uno los países más afectados, con un inmenso coste social para millones de familias, especialmente las más desfavorecidas. El Fondo Monetario Internacional prevé para España en este año un desplome del 8% en el Producto Interior Bruto y un incremento del paro hasta el 20,8%.

Como español, me hiere profundamente que en esta crisis mundial España resulte uno de los países más dañados, tanto desde el punto de vista sanitario como en su impacto económico y social. Es la hora de la responsabilidad y del patriotismo. El presidente del Gobierno tiene dos alternativas. O renunciar a un puesto que le viene grande ante la gravedad de la situación, como hizo Chamberlain en mayo de 1940 para que Churchill formara un gobierno de coalición nacional con los partidos laborista y liberal. O dar la talla de estadista, formando ese gobierno con el Partido Popular y Ciudadanos, prescindiendo del comunismo antisistema y de los separatistas insolidarios. Los españoles se lo merecen.

Luis Peral Guerra es Economista y abogado.

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