Antes de que sea tarde

Todo el mundo coincide en que el PSOE se encuentra en una situación crítica, pero son varias las propuestas que se hacen en su seno para salir de ella y emprender la recuperación. El grupo dirigente, la gestora y la mayoría de los líderes territoriales apuestan por estabilizar el partido antes de emprender un congreso enseguida, que no tendría, según ellos, una salida fácil. Pero los movimientos de base (alternativas autónomas por un lado y el ex secretario general, Pedro Sánchez, por otra) insisten en un congreso pronto y, sobre todo, en una consulta a los militantes.

El sentido de este texto no es tomar partido por unos o por otros, sino que nace de mi convicción de que por la confrontación de posturas no se llegará sino al desastre definitivo del socialismo democrático español. Y que, por tanto, es necesario un proceso de acercamiento y diálogo entre las partes hasta lograr unas posiciones de consenso, y para ello es imprescindible que cada cual renuncie a sus posiciones de hoy en aras de lo bueno para el partido y para España.

Llevo más de medio siglo afiliado al PSOE y priman en mí el vínculo identitario que siento por la historia, muchas veces heroica, del partido de Pablo Iglesias Pose, pero también la sensación de déjà vu, de que nuestra trayectoria más que centenaria ha estado jalonada de enfrentamientos, luchas fratricidas y escisiones. Pero no es menos cierto que el PSOE ha protagonizado las mayores y mejores transformaciones y avances en nuestra sociedad en el último siglo, tanto en la conquista de las libertades y la consolidación de la democracia como en la creación del Estado de bienestar y la legislación de los derechos civiles y de igualdad. Dicho de otro modo, el PSOE es la clave del arco del sistema democrático español. Incluso ahora que su presencia está disminuida (84 diputados), ninguna combinación de mayorías es posible sin su participación: salario mínimo, ley mordaza, reformas de la ley de educación y de la reforma laboral, techo presupuestario de gasto, etcétera.

La gran mayoría de los españoles coinciden en la necesidad del PSOE en el panorama político español; de un partido socialista fuerte, central, europeísta, unido, reformista, socialdemócrata, con un liderazgo claro y competente que represente a los trabajadores y buena parte de la clase media. Nos encontramos en una encrucijada vital que puede ser el comienzo de una recuperación sostenida o, por el contrario, el inicio de una decadencia fatal.

Tenemos que lograr ser útiles a la sociedad española, conseguir que la gente vuelva a confiar en nosotros, demostrándole que estamos para servirla y no al revés; y para ello insisto en que todos, militantes y dirigentes, tienen que mostrar un alto grado de generosidad, de no encasquillarse en posiciones inamovibles o sectarias.

Una de las decisiones claves es la figura del secretario/a general y la forma de selección del mismo. Soy de la opinión de que quien sea nuestro futuro líder debe contar con un amplio apoyo de cuadros y bases, condición imprescindible para su legitimación y condición previa para futuros éxitos electorales.

Tenemos enfrente o al lado a dos partidos o formaciones que compiten con nosotros por espacios comunes, el Partido Popular y Podemos. Tenemos que dialogar con ambos porque debemos llegar a acuerdos sin posiciones apriorísticas. En Europa, los partidos socialdemócratas y populares han llegado a acuerdos, incluso a Gobiernos de coalición y no hay que olvidar que tenemos a un fuerte enemigo común que es el populismo, que adopta discursos de extrema derecha proteccionista y xenófoba, aunque en otros casos trasmite un relato de extrema izquierda neoleninista.

Con Podemos gobernamos o tenemos acuerdos en muchos ayuntamientos y comunidades autónomas, ¿por qué no a nivel nacional si es necesario? En Podemos tienen que ser conscientes de su progresiva perdida de influencia en los últimos meses y en el error que cometieron en la estrategia de eliminación del PSOE, previa renuncia a hacer presidente a Pedro Sánchez cuando este se presentó a la investidura.

No tenemos mucho tiempo. El año de 2016 se perdió en dimes y diretes; logremos que 2017 se caracterice por el diálogo interno y externo, un congreso de unidad del que resulte un PSOE unido y ganador. España lo necesita.

Luis Yáñez-Barnuevo, miembro del PSOE, fue secretario de Estado de Cooperación Internacional e Iberoamérica.

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