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Por Andrés Montero Gómez, director del Instituto de Psicología de la Violencia (EL CORREO DIGITAL, 03/05/07):

Esto es una sopa de letras. Encuentren a ETA en el batiburrillo. El secreto para resolver una sopa de letras es encontrar la aguja en el pajar. Es lo que ha intentado la policía y, aparentemente, no lo ha conseguido. En el pajar de ANV no aparece HB, y ni rastro de ETA. Desconocemos qué peso habrá tenido en el análisis policial y judicial la circunstancia de que el secretario general de ANV haya pertenecido tanto a HB como a una de sus marcas electorales de antaño, Euskal Herritarrok. Al parecer, ninguno. La conclusión de Garzón es que ANV no es una continuación de HB, mientras la policía aprecia indicios, aunque no vinculantes, de una instrumentación de ANV por parte de la ilegalizada Batasuna.

Al menos ANV ha condenado la violencia. Lamentablemente, no es un instrumento de Batasuna, según las autoridades competentes. Si lo fuera, sería estupendo, porque significaría que Batasuna no condena el terrorismo por sí misma sino por persona interpuesta. O sea, que ETA evita condenarse a sí misma pero hace como si un portavoz recuperado de las catacumbas del abertzalismo se apartara de la violencia por ella. Demasiado indirecto como para ser verdad. Si fuera una fábula, sería como si ETA quisiera volver a los orígenes del izquierdismo abertzale originario (además, escindido del PNV como la propia ETA) para borrar todo el reguero de dolor y sufrimiento sembrado durante décadas de terrorismo. Desafortunadamente para todos ANV no tiene las trazas de una fábula romántica y, afortunadamente, las víctimas del terrorismo no nos dejarán olvidar el dolor, ni la deuda que la sociedad tiene con ellas.

Ontológicamente, es decir, en cuanto se refiere a las esencias y primeros principios, digamos filosóficos, de la izquierda abertzale, a Batasuna le importan menos que un pimiento las elecciones locales. Ni reconoce a los convocantes (los ciudadanos españoles) ni el marco de la convocatoria (la Constitución española). Le fastidia bastante esa capacidad que tienen los jueces y la policía democráticas para cerrarles las herriko tabernas e impedirles el acceso a determinados dineros, pero en el fondo todo eso de los registros oficiales, de la ley de partidos y de las comparecencias ante las autoridades españolas lo toman nada más que como elementos de un juego que son especialistas en jugar. Es lo que han hecho durante esta fase previa a la convocatoria electoral. Batasuna se ha pasado el tiempo de risas, con Otegi para aquí, con Permach por allá; presentando firmas y listas de electores por aquí, haciendo que la policía se dejara los ojos comprobando nombres y vinculaciones por allá. Lo único que le puede tocar ligeramente la moral a Otegi es que los suyos, los más cercanos, no ingresen dinero del ‘enemigo’, como han venido haciendo durante años, a través de actas de concejal y otra diversidad de representaciones públicas. Que tengan que acceder a subvenciones a través de testaferros, como el PCTV o ANV, les debe de incomodar en parte, aunque por otro lado estarán compensando el mal sabor de boca con la diversión de ver cómo el aparato del Estado les baila el agua impugnando candidaturas que son como esos barcos cargados de cocaína que los narcos colombianos siembran en el mar para que sean capturados por la policía.

Lo que continúa estando bastante claro es que la estrategia de Batasuna sigue bajo la dirección de ETA. Incluso, para ser exactos, diría que existe una única estrategia y Batasuna no es más que un elemento instrumental de ella, como ha sido siempre desde la creación de ETA. Lo que ha variado a lo largo de los años, de esos años en donde ANV ha permanecido inactiva, ha sido la definición de esa estrategia por la propia banda terrorista. Desde hace décadas, la estrategia había venido siendo desalojar al Estado de Euskadi por medios violentos e implantar lo que se venía conociendo como alternativas KAS. Eran los años de expulsar al ejército y a las policías, de unificar los prefabricados territorios históricos, y de implantar el gobierno totalitario de ETA. Las cosas han cambiado. Ahora la estrategia de ETA es dejar la violencia, pero conquistar el poder.

El mecanismo es lo complicado, porque ETA quiere dejar el terrorismo como vía que ha perdido potencial de consecución, pero quiere abandonarlo sustituyéndose a sí misma por Batasuna en las instituciones. Haciéndolo, tampoco quiere hacerlo entrando por la ley de partidos sin obtener antes una contrapartida que el Estado no puede, ahora mismo, otorgar. Y así las cosas, se dedica a intoxicar cuanto puede y, de vez en cuando, a asesinar a otra persona. Es la estrategia de abandono del terrorismo con el mínimo coste, desgastando al Estado esta vez no con la violencia, sino con la eterna negociación. De ese modo, pretende impedir una acción decisiva de los poderes públicos, manteniendo las expectativas, pero al mismo tiempo sin nunca hacer concesiones definitivas, en la esperanza de que sea el Estado el que acabe cediendo algo sustancial con tal de quedarse con un acuerdo de mínimos. Esta partida de un ajedrez de piezas ocultas puede prolongarse bastante.