Aprovechar nuestra silla del Consejo

El éxito de España al ser votada para ocupar uno de los puestos no permanentes del Consejo de Seguridad es un motivo de satisfacción. Es la quinta vez que ha ocupado un escaño en el Consejo de Seguridad (estaba allí en 2003), por lo que no es de ninguna manera un acontecimiento inusual. Según un informe, el Gobierno gastó más de un millón de euros tratando de convencer a los diplomáticos que deberían votar por España, aunque el voto por sí mismo era una cuestión rutinaria y no se produjo por ninguna cualidad especial que posea España. El Consejo de Seguridad está formado por 15 miembros: diez de ellos son no permanentes, su mandato es de dos años y es rotatorio entre los países de los grupos regionales que representan. España tuvo que competir con otros candidatos de su grupo regional: en este caso la competencia vino principalmente de Turquía. Ahora se sentará en el Consejo junto a otros países como Angola y Venezuela ¿Puede España aportar más que estos países a la escena internacional?

Aprovechar nuestra silla del ConsejoHace unos meses, una página web de la Fundación Carnegie en Bruselas concluyó que «durante casi una década, España ha actuado por debajo de su peso en la escena internacional». Eso no es sorprendente, porque el Gobierno estaba principalmente preocupado por la crisis económica y concedió menos atención a los asuntos del exterior. Hay que recordar que España ha estado habitualmente ausente de todos los grandes acontecimientos del mundo -por encima de todo, las guerras- en los últimos cien años, y ha limitado su ámbito de actuación principalmente a Hispanoamérica. Esto, obviamente, le dio al país un perfil internacional muy bajo, y el actual Ministerio de Exteriores ha tratado de asumir un mayor protagonismo en la escena mundial.

Sin embargo, ha habido factores que no favorecen esto. La crisis económica actual (con la correspondiente alta tasa de desempleo) minó la reputación y la credibilidad internacional de España. La forma en que el Gobierno buscó la ayuda exterior con el fin de hacer frente a sus dificultades económicas, menguó el respeto por sus políticas. Las economías financieras que el Gobierno tuvo que hacer en varios departamentos, incluidos los asuntos exteriores, redujeron el papel que pudo desempeñar en la escena internacional. No es suficiente afirmar que España ha participado activamente en varias áreas importantes de conflicto. Es cierto que España ha tenido unidades militares ayudando a la ONU en, por ejemplo, el Líbano, Bosnia y Afganistán. Pero esto no era nada inusual. Todos los países con presencia internacional han contribuido siempre de esta manera a las peticiones de la ONU a participar en el mantenimiento de la paz, y el papel de España ha sido normal y no excepcional. De hecho, ha habido aspectos totalmente negativos, como cuando Rodríguez Zapatero retiró las tropas españolas en la intervención internacional contra Sadam Husein en Irak. Afortunadamente, este año el Gobierno ha tratado de deshacer ese mal recuerdo enviando más tropas a Irak. Es un acto que era necesario con el fin de reparar el daño de los años en que Zapatero, con sus posturas antiestadounidenses y antiisraelíes, efectivamente redujo a cero la posición de España en la política internacional.

¿Puede España volver de nuevo a la etapa de la actividad internacional gracias a su condición de miembro del Consejo de Seguridad? La apertura del reinado de Felipe VI ofrece la oportunidad para comenzar un nuevo acercamiento. Por desgracia, todavía hay influencias residuales de la época de Franco que desempeñan un papel innegable en la política del Partido Popular. Uno de ellos es la política estéril de castigar de vez en cuando a la población de Gibraltar, cada vez que se necesita distraer la atención de la opinión pública española de algún fallo de la política gubernamental. Otro de ellos es el intento de reclamar el liderazgo del mundo hispánico cada vez que se hace obvio que la influencia de España en Europa se debilita.

Vamos a considerar este segundo punto. Recientemente, un informe del Real Instituto Elcano señaló: «España no ha sido históricamente un país pionero en desarrollar una acción cultural de exterior concebida y coordinada con el objetivo de mejorar su imagen en el mundo». Para decirlo de otra manera, España ha tratado de afirmar que es la principal nación hispana, pero de hecho no ejerce un liderazgo moral auténtico, y por lo general, falla cuando reclama tal liderazgo. Su Fiesta Nacional fue imitada en varios países de América Latina y el llamado Día de la Hispanidad fue también inventado fuera de España. La cultura moderna de España ha tendido a ser secundaria a la de la América española, sobre todo en el hecho de que la América española ha producido más premios Nobel de la paz y de la literatura que España. Incluso mientras pronuncia palabras justas sobre tener una relación más moderna con América Latina, España continúa sujetándose al concepto culturalmente exclusivo de Hispanoamérica, un término que es en gran parte mítico. El reclamo reiterado de que España es superior a otros países de habla española ha sido uno de sus grandes errores, repetido constantemente desde el siglo XIX por los diplomáticos que parecen sentir que es el camino hacia el éxito internacional. No lo es. La posición de España en Hispanoamérica depende mucho más de las políticas económicas, comerciales y de inmigración que en un estatus cultural mítico que se remonta a los tiempos coloniales.

Algunos miembros del Gobierno español son conscientes de estas consideraciones y han tratado de crear una nueva imagen de la política exterior conocida como Marca España, en un esfuerzo para contrarrestar el impacto de la crisis de la imagen de España tratando de convencer a los inversores extranjeros y los consumidores que las instituciones españolas, empresas y productos siguen mereciendo su apoyo. En otras palabras, se hace uso de los recursos diplomáticos con el fin de ayudar a las empresas españolas para ganar contractos. Si van a tener éxito es otra cuestión. Por el momento, la consecuencia más visible de la Marca España ha sido no un crecimiento en el comercio o la influencia española, sino más bien un aumento de inmigración por otros comerciantes, principalmente chinos y rusos, que desean establecerse en España y hacerse ricos .

Obviamente queda mucho por hacer si España puede encontrar una manera de salir de las contradicciones de la reciente política exterior. Básicamente, si un país tiene problemas económicos no puede crear una imagen positiva de sí mismo en el resto del mundo. Sin embargo, existe también la cuestión de la reforma de la actitud de sus diplomáticos. En este punto no puedo dejar de citar una de los más brillantes observadores españoles de la política exterior, Ramiro de Maeztu, que escribió hace un siglo, en un artículo en inglés sobre La política internacional de España, en el número de diciembre de 1922 de Foreign Affairs (Washington): la cuestión fundamental para España es: ideales. Ninguno de los problemas con que se enfrenta el país es tan importante como su propio problema espiritual. El pueblo español es completamente cuerdo, pero no tiene ideales. Siguen lentamente el curso de la civilización moderna, con el fin de no quedar totalmente atrás, pero no muestran entusiasmo creativo. Si pudiéramos descubrir la manera de convencer a los españoles de que el negocio de la vida cotidiana también tiene un significado eterno, entonces el nombre de España pronto volvería a ser oído más allá de sus propias fronteras.

Henry Kamen es historiador británico. Su último libro es España y Cataluña. Historia de una pasión (La Esfera de los Libros, 2014).

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