Apuesta por un Gobierno catalanista de izquierda

Por Nicolás Sartorius, vicepresidente de la Fundación Alternativas (EL PAÍS, 07/12/03):

Estoy convencido de que lo mejor para el futuro de Cataluña y España es que Esquerra Republicana de Catalunya forme parte de un Gobierno catalanista y de izquierda (PSC-ERC-ICV), encabezado por Maragall. No entiendo, de otra parte, por qué la presencia de Carod Rovira en el Gobierno de la Generalitat levanta tantas alarmas, salvo que éstas se alcen con una finalidad manipuladora y oculten otras intenciones. Tiene razón el líder de Esquerra cuando señala que su partido no nació ayer, sino que tiene una larga trayectoria desde la Segunda República. Y quizá convenga recordar a los desmemoriados que fue partido fiel a la República hasta el final; un duro competidor de la Lliga -la derecha catalana-, se inclinó siempre hacia la colaboración con la izquierda; promovió el Estatuto de 1932 y tuvo ministros en el Gobierno de España, como fue el caso de Lluís Companys, titular de Marina (junio de 1933) en un Gabinete presidido por Azaña. Después, dirigentes de Esquerra participaron en los gobiernos de la República, salvo durante el bienio negro, hasta el positivo papel que Tarradellas jugó en colaboración con UCD en el inicio de la transición. Participación en los ejecutivos de España que, por cierto, nunca ha aceptado CiU. Partido éste al que hay que reconocer su contribución a la gobernabilidad del Estado, sosteniendo al PP en la anterior legislatura y gobernando Cataluña con los votos de la derecha en la que acaba de finalizar.

Así pues, cuando Rajoy hace aspavientos escandalizados ante una probable colaboración entre PSC y ERC, es de un cinismo supino, pues el PP, cuando le ha convenido, ha gobernado con el apoyo del PNV y de CiU, que en términos de “nacionalismo” no lo son menos que ERC -que, por cierto, no se declara partido nacionalista-. Lo que le preocupa a la derecha no es el mayor o menor soberanismo de ERC, sino dos cosas muy concretas: que se forme un Gobierno de izquierda en Cataluña y que la próxima Generalitat esté presidida por Pascual Maragall. ¿Acaso es mejor para la cohesión territorial de España un Gobierno CiU-ERC? Porque éstas son las opciones: o un Gobierno de izquierda o uno nacionalista. ¿Por qué prefiere el PP este segundo, en contradicción con su supuesta preocupación por la unidad de España? De entrada, porque seguiría encabezado por el centro-derecha catalán, con el que coincide en casi todo, en especial en los asuntos económico-sociales. Y luego, porque piensa que un Gobierno de “frente nacionalista” en Cataluña más un PNV lanzado a la aventura Ibarretxe en Euskadi, le puede otorgar la mayoría absoluta en España, en marzo del 2004, objetivo al que está dispuesto a sacrificarlo todo, incluida la estabilidad del conjunto del Estado. Situación que no debe interesar a ningún demócrata, y menos si se proclama de la izquierda, como hace ERC. Una visión estratégica comporta romper los frentes nacionalistas, siempre inclinados hacia la derecha, y abrir una dialéctica progresista e integradora.

Por el contrario, un Gobierno PSC-ERC-ICV sanearía la política catalana; ganaría la Generalitat en consistencia social, que buena falta le hace después de 23 años de gobierno CiU; enviaría a éste a la oposición, lo que es saludable después de tantos años en el poder, y abriría nuevas perspectivas en el panorama español. Sin olvidar que un Ejecutivo con esa composición terminaría con la idea de que la Generalitat es de unos catalanes, pero no de los otros, integrando a todos en una concepción ciudadana de Cataluña.

Creo que el peor escenario posible cara al futuro sería una triple mayoría absoluta de los nacionalismos en España, Cataluña y Euskadi. Negativo para todos, pues entronizaría la tensión permanente y bloquearía cualquier solución basada en reformas razonables. Mi apuesta es claramente por facilitar que ERC sea una fuerza de gobierno en Cataluña y luego, en su caso, en España, como ya lo fue históricamente. Lo que sólo es posible en entendimiento con la izquierda catalana y española. Los límites a la colaboración deben ser, como siempre, los que establece la propia democracia: el respeto a la Constitución, el Estatuto y sus procedimientos; la lealtad a lo pactado y el acatamiento a la voluntad política que vaya señalando la ciudadanía. Enarbolar como un espantajo elementos identitarios de los partidos u objetivos de los programas máximos para asustar o descalificar no es una política prudente.

Todos los partidos tienen fundamentos identitarios que no están enunciados para convertirse en políticas prácticas. Siempre he pensado que sería una actitud inteligente por parte de los partidos mayoritarios contribuir a que formaciones representativas de las nacionalidades y regiones de España entren en el área de la gobernabilidad del Estado. Con más motivo, desde mi óptica, si estos partidos se reclaman de la izquierda, pues en ese caso se supone que acentuarán los valores sociales, el principal de los cuales es el de la solidaridad. Desde este punto de vista, la cohesión territorial y la cohesión social son inseparables. Escindir ambos componentes no tiene nada que ver con la izquierda. Es de esperar que no lo olviden los posibles coaligados a la hora de formar Gobierno.

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