Aquella visita de Sadat a Israel

Por Abraham B. Yehoshua, escritor israelí, inspirador del movimiento Paz Ahora. Traducción: Sonia de Pedro (LA VANGUARDIA, 01/12/07):

Hace treinta años, en noviembre H de 1977, el presidente egipcio Anuar el Sadat visitó por sorpresa Israel. Su visita abrió un camino de una importancia trascendental en la historia de la diplomacia y supuso la firma de un acuerdo de paz entre Egipto e Israel. Somos muchos los que recordamos con nostalgia las imágenes en televisión donde veíamos cómo descendía por las escaleras del avión el presidente egipcio, nervioso, mientras sonaba el himno nacional israelí.

La visita se preparó con suma precipitación. Sadat avisó apenas unos días antes en el Parlamento egipcio de su intención de visitar Israel, y unos días después, cuando los israelíes, los egipcios y el mundo árabe en general estábamos digiriendo todavía la noticia, va y aterriza en Israel. Los israelíes lloramos de alegría y emoción al verlo.

Siempre creí que algún día los árabes reconocerían el Estado de Israel y firmarían con él la paz, pero pensaba que yo no llegaría a verlo, pero parte de mi sueño se cumplió y la paz con Egipto se firmó.

Los principios básicos del acuerdo ya habían sido consensuados antes del viaje, pero el objeto de la visita era abrir una brecha psicológica en la conciencia israelí. Ya estaba acordada la devolución de todo el desierto del Sinaí a Egipto y su desmilitarización a cambio de la plena normalización de las relaciones entre ambos países. El primer ministro israelí, Menahem Begin, aún pretendía convencer al egipcio de que permitiera mantener los asentamientos judíos levantados en la región de El Arish, pero Sadat fue tajante y se negó, y con razón. La tierra es también identidad, y Egipto no tenía por qué renunciar a parte de su tierra, aun siendo una parte muy pequeña, por favorecer a Israel.

En cuanto a las negociaciones, si bien los puntos principales ya se habían acordado, las discusiones sobre asuntos concretos fueron fuertes y enrevesadas. En Israel, el movimiento pacifista popular que se llamaría en 1978 Paz Ahora presionó mucho al Gobierno israelí, al que transmitió un mensaje rotundo: regatead todo lo que queráis pero de ningún modo perdáis la oportunidad de lograr la paz ahora. La palabra clave era ahora. El ministro de Exteriores de entonces, Moshe Dayan, y el de Defensa, Ezer Weizmann, también presionaron en el mismo sentido, y finalmente se logró que Begin aceptase evacuar los asentamientos israelíes en el Sinaí. El acuerdo de paz se firmó en los jardines de la Casa Blanca en 1979.

La paz con Egipto podría haber contribuido a establecer la paz con el resto del mundo árabe, pero Menahem Begin, galardonado con el premio Nobel de la Paz precisamente por su acuerdo de paz con Egipto, dio enseguida tres pasos nefastos que hicieron que la región entrase en una escalada de conflictos.

De hecho, Ezer Weizmann y Moshe Dayan se dieron cuenta rápidamente del peligroso rumbo por el que los estaba llevando Begin, y poco después de firmarse la paz con Egipto dimitieron de sus cargos. Entonces, el derechista Menahem Begin, un hombre difícil y de carácter depresivo, nombró como ministro de Defensa a un tipo tan peligroso y extremista como Ariel Sharon y decidió compensar a Israel por la pérdida del Sinaí con la anexión oficial del Golán. Con ello se enemistó de raíz con un país con el que podría haber entablado un proceso de paz, Siria, que ante aquello encendió más fuegos en la zona, apoyando a Hizbulah en Líbano y a Hamas en Palestina.

En segundo lugar, empezó a sembrar Cisjordania y Gaza de colonias judías, con el fin de imposibilitar que algún día se estableciera allí un Estado palestino, con lo que complicó aún más el problema con los palestinos. Si Estados Unidos entonces le hubiera impedido a Begin levantar tantísimos asentamientos, ahora su secretaria de Estado no tendría que estar yendo a Oriente Medio cada dos por tres para intentar lograr algún acuerdo en la zona.

Y en tercer lugar inició en junio de 1982 la primera guerra de Líbano, una guerra maldita donde se derramó mucha sangre israelí, palestina y libanesa. Fue una guerra que dio lugar a la creación del grupo radical chií de Hizbulah, y que enredó a Israel en una sangrienta contienda.

La intención de Begin era expulsar de Líbano a los guerrilleros de la OLP, y aparentemente lo consiguió si bien a costa de mucha destrucción. Con el tiempo, aquellos que huyeron de Líbano y se refugiaron en Túnez volverían a Palestina para negociar y alcanzar los acuerdos de Oslo. Mahmud Abas, el partner tan querido ahora por Israel, es uno de aquellos. Un año después de la guerra, y ante el gran número de víctimas israelíes, Begin pareció reconocer su error y dimitió de su cargo de primer ministro.

Sadat fue asesinado en El Cairo por musulmanes integristas no sólo por haber firmado la paz con Israel sino por haber querido modernizar Egipto. Fue un político valiente, con visión de futuro y que dio un paso arriesgado con el que contribuyó a la paz mundial.

En cambio, Begin no supo convertir la paz con Egipto en un trampolín para lograr la paz en la zona; al contrario, esa paz le sirvió de pretexto para realizar una política de destrucción. Sin duda, sus herederos en el gobierno de Israel tendrán que esforzarse mucho para enmendar sus errores.

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