Argelia en la encrucijada: condicionantes, tendencias y escenarios

Desde el inicio de las llamadas “primaveras árabes”, Argelia ha figurado como una excepción, por su estabilidad y por el hecho de que sus manifestaciones antiautoritarias no tuvieran ni la envergadura ni el impacto de las que afectaron a sus vecinos. La estabilidad política de Argelia, hoy en día, sin embargo, vuelve a ser una cuestión preocupante por los nuevos condicionantes económicos y de seguridad, internos y externos, que están fragilizando los pilares del sistema político instaurado con la independencia argelina, en la década de los 1960.

Hoy en día, Argelia se enfrenta al doble reto de la sucesión del Presidente Bouteflika y el cómo afrontar el descenso de ingresos, debido a la caída de los precios del petróleo. Desde este punto de vista, muchos analistas consideran que la situación actual es muy parecida a la que experimentó Argelia a finales de la década de los 1980s, cuando al desplome de los precios del crudo de 1986, le siguió la crisis política y social de 1988, que, después de un cambio de constitución y las elecciones de 1991, desembocó en la “década negra”, que se saldó con un balance de más de 150.000 muertos.

En 2016, algunos de los problemas que existían entonces se siguen dando, siendo los principales, la crisis histórica de legitimidad del poder argelino y su falta de mecanismos de sucesión pactados; así como la elevada dependencia de la economía y del sistema político del sector de los hidrocarburos. Lo que lleva a que el sistema entre en crisis, cada vez que se plantea una sucesión y/o se produce un significativo descenso de los precios del crudo. Sin embargo, el contexto actual es distinto del de entonces, fundamentalmente por tres razones,

  1. Por la mengua de las tres rentas, que tradicionalmente apuntalaron al régimen: la histórico-revolucionaria; la de los hidrocarburos y la diplomática-securitaria.
  2. Por darse un juego de poder con nuevos grupos de interés, algunos de ellos de fuera del sistema, mucho más complejo, opaco y transnacionalizado que el de los años 1980
  3. Por el riesgo de desbordamiento de los conflictos que se dan en la región -especialmente la situación en Libia y en el Sahel- en un contexto de alianzas exteriores inciertas.

En este contexto, en el informe se identifican cuatro posibles variables de evolución:

  1. Una difícil sucesión presidencial en la que, además, de dirimirse quién será el nuevo candidato a la presidencia, se juega una lucha entre un poder más civil y pactista, o militar y securitario.
  2. La emergencia fuera de los círculos tradicionales del poder y de la “familia revolucionaria” de nuevos actores políticos, sociales y económicos, que plantean, tanto, la posibilidad de nuevas alianzas políticas, como de nuevos conflictos por el poder.
  3. Un nuevo contexto energético internacional en el que países como Argelia tendrán grandes dificultades para mantener las cuotas de mercado y las rentas de los hidrocarburos; al tiempo que, internamente, se deteriora se inicia la explotación de los recursos de frontera y la seguridad de las instalaciones energéticas.
  4. Un deterioro de la situación y la seguridad regional, que está cuestionando principios básicos del régimen argelino, como el de no injerencia en asuntos externos.

En función de la posible evolución de estas variables, en el informe se esbozan tres posibles escenarios: a) el del fin conflictivo del sistema; b) el de continuidad deteriorada; y c) el de una reforma pactada.

Los tres escenarios esbozados son, en las circunstancias actuales y con cierta dosis de realismo, los tres casos extremos: a) aquel en que todo va peor; b) aquel en que todo se va “trampeando” y b) aquel en el que se aprovecha la ventana de oportunidad que toda crisis ofrece. Evidentemente, lo que ocurra en la realidad, podrá ser una combinación de estos tres casos extremos. Sin embargo, los autores del informe nos inclinamos a pensar, después de la redacción del mismo y de las entrevistas que hemos mantenido con distintos actores de, o expertos en, Argelia que el escenario más probable -salvo que hubiere un estallido inmanejable de la situación en Libia y/o Mali- será algo parecido al segundo, el de “continuidad deteriorada”. Desde este punto de vista, nuestra previsión, es que la situación actual se mantendrá, con mayor represión y pequeñas concesiones, en el corto y medio plazo. A pesar de ello, es poco probable que esta situación se pueda mantener por mucho más tiempo. Entonces, en función de cómo haya evolucionado la situación en la escena energética internacional, el conflicto regional y los apoyos exteriores que Argelia pudiera tener, se avanzará hacia alguno de los otros dos escenarios esbozados.

Leer informe completo en formato PDF (enlace alternativo en este servidor).

Aurèlia Mañé Estrada, de formación economista, con una posterior especialización en relaciones Internacionales, es professora de política econòmica internacional y de relaciones energéticas internacionales del Departamento de Historia e Instituciones Económicas, Política y Economía Mundial de la Universitat de Barcelona.
Laurence Thieux, Doctora en estudios internacionales mediterráneos por la Universidad Autónoma de Madrid con una especialidad en estudios árabes e islámicos.
Miguel Hernando de Larramendi, Profesor Titular de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad de Castilla-La Mancha en donde dirige el Grupo de Investigación sobre las Sociedades Árabes y Musulmanas (GRESAM).
En colaboración con la Secretaría General de Política de defensa del Ministerio de Defensa.

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