Argumentos en favor de la paz con Irán

El acuerdo marco sobre cuestiones nucleares entre Irán y los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (los Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China y Rusia) más Alemania, es un logro importante en la diplomacia global. El acuerdo concluido este mes representa un triunfo de las expectativas racionales sobre el temor irracional, y merece que se ponga en aplicación. Sin embargo, ahora comienza el combate contra las posturas duras en los Estados Unidos, Irán, Israel y en otros lugares, que quieren acabar con lo que se ha negociado antes de que se cumpla el plazo para llegar a un acuerdo definitivo en junio.

El acuerdo marco beneficia a todas las partes. Irán reduce sus actividades nucleares, especialmente el enriquecimiento de combustible de uranio a cambio del cese de las sanciones económicas. Su gobierno se aleja más del desarrollo de una bomba nuclear – que niega estar buscando – y gana espacio para una recuperación económica y la normalización de relaciones con las principales potencias.

Es un enfoque inteligente, pragmático y equilibrado, sujeto a vigilancia y verificación. No requiere que los gobiernos de los Estados Unidos e Irán súbitamente se tengan confianza mutua, pero ofrece una oportunidad para crear confianza al permitir que se tomen medidas específicas que son del interés de cada parte. Además, y esto es esencial, forma parte del derecho internacional, en el marco del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Al plantear la idea de que nunca se puede confiar en la otra parte, los defensores de la línea dura sostienen una teoría que se cumple a sí misma sobre la política y la naturaleza humana que hace que la guerra sea mucho más probable. Estos promotores del miedo merecen que se les haga a un lado. Es tiempo de hacer las paces.

Cabe señalar que las grandes diferencias actuales entre Occidente e Irán se deben en gran medida a los malos tratos que recibió Irán (Persia hasta 1935) en el pasado. Desde principios del siglo XX, el imperio británico manipuló a Persia con el fin de controlar  sus grandes reservas petroleras. Después de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se encargaron cada vez más de esa tarea.

En efecto, desde el golpe, pasando por la dictadura, hasta las sanciones, los Estados Unidos llevan más de 60 años ininterrumpidos tratando de imponer su voluntad a Irán. La CIA y la MI6 británica derrocaron el régimen democráticamente electo de Mohammad Mossadegh en 1953 para bloquear sus intentos de nacionalizar las reservas de petróleo de Irán. Los Estados Unidos impusieron en su lugar  la brutal dictadura del Sha Mohammad Reza Pahlavi, quien gobernó el país hasta la revolución islámica de 1979.

Después de la revolución, los Estados Unidos ayudaron con armas a Irak durante la guerra contra Irán de los años ochenta. En esa guerra murieron más de un millón de iraníes. Desde 1987, los Estados Unidos han impuesto sanciones económicas a Irán con diferentes fundamentos, incluidas acusaciones de terrorismo y la supuesta amenaza nuclear. Además, los Estados Unidos se han esmerado por internacionalizar estas sanciones y encabezaron las presiones que dieron lugar a las sanciones de la ONU, que han estado vigentes desde 2006.

Los defensores de la línea dura en Estados Unidos tienen su propia lista larga de agravios, empezando con la toma de la embajada estadounidense en Terán en 1979, durante la cual 66 diplomáticos y ciudadanos de ese país permanecieron cautivos durante 444 días. Mencionan también la participación de Irán en los movimientos insurgentes islámicos y su apoyo a movimientos y grupos antiisraelíes que se consideran terroristas.

Con todo, los abusos británicos y estadounidenses contra Persia e Irán empezaron antes, duraron más e impusieron costos mucho más elevados que las acciones de Irán contra los Estados Unidos y el Reino Unido. Además, gran parte de lo que Estados Unidos llama “terrorismo” iraní es producto de las luchas sectarias en la región entre chiítas, apoyados por Irán, y sunitas, apoyados por Arabia Saudita. “Terrorismo” es un término que oscurece, en lugar de aclarar, estos viejos enfrentamientos y rivalidades. Por eso Irán, al que los defensores de la línea dura estadounidenses llaman un “Estado terrorista”, es ahora aliado de facto de los Estados Unidos en la lucha contra los yihadistas sunitas en Irak y Siria.

El enfrentamiento de Irán con el Reino Unido y los Estados Unidos es parte de la saga mucho más amplia de la utilización por Occidente de su dominio militar y económico para imponer su poder y voluntad política en muchas partes del mundo durante los siglos XIX y XX. Apenas ahora empiezan los países de ingresos bajos y medianos a vivir un periodo de soberanía verdadera.

El acuerdo propuesto con Irán no acabará con un siglo de desconfianza y manipulaciones, pero puede empezar a construir un nuevo camino hacia la paz y el respeto mutuo. Se lograrán beneficios si se hace una valoración honesta de los intereses recíprocos y un avance paso por paso apoyado con verificaciones. No se logrará nada mediante acusaciones por los ideólogos de línea dura de que la otra parte es la personificación del mal o la insistencia en la victoria total.

El éxito que significó la firma del Tratado sobre la prohibición parcial de los ensayos nucleares alcanzado por el presidente estadounidense John F. Kennedy y el líder soviético Nikita Khrushchev en 1963, en plena Guerra Fría, ofrece una instructiva lección. En ese tiempo, los promotores de la línea dura en ambos países afirmaron que el Tratado debilitaba su defensa nacional ente un enemigo implacable. En los hechos, ambas partes respetaron plenamente el acuerdo, lo que condujo a la firma del histórico Tratado de no proliferación nuclear en 1968.

Las palabras que pronunció JFK hace medio siglo se aplican al acuerdo con Irán hoy en día. En 1963 Kennedy dijo que el Tratado sobre la prohibición parcial de los ensayos nucleares “no es una victoria para una de las partes – es una victoria para la humanidad.” Añadió que el Tratado “no solucionará todos los conflictos ni hará que los comunistas olviden sus ambiciones ni eliminará los riesgos de una guerra. No reducirá nuestra necesidad de tener armas o aliados o programas de asistencia a otros. Pero es un importante primer paso – un paso hacia la paz –un paso hacia la razón – un paso para alejarse de la guerra.”

Jeffrey D. Sachs, Professor of Sustainable Development, Professor of Health Policy and Management, and Director of the Earth Institute at Columbia University, is also Special Adviser to the United Nations Secretary-General on the Millennium Development Goals. His books include The End of Poverty, Common Wealth, and, most recently, The Age of Sustainable Development. Traducción de Kena Nequiz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *