¿Armas o aliados?

No debe sorprender a nadie el que muchos de Letonia vean con gran preocupación la venta de buques de asalto totalmente equipados por parte de Francia a Rusia. Otros estados miembros de la Unión Europea parecen estar volviendo los ojos cada vez más a Rusia como un potencial comprador de equipos militares. Pero, ¿es sensato que la UE y los miembros de la OTAN mejoren la capacidad de países no aliados para proyectar su poder militar? Después de todo, hace solo dos años y medio Rusia invadió Georgia, país que la OTAN había nombrado como miembro potencial en el futuro, y ha ocupado parte de su territorio desde entonces.

La posición común del Consejo de la UE sobre exportación de armas es legalmente vinculante para todos los Estados de la UE. Por supuesto, la competencia y responsabilidad de los controles de exportación de armas y la concesión de licencias corresponde a los estados miembros, no a instituciones de la UE. En efecto, en el marco del Acuerdo de Wassenaar, la decisión sobre las exportaciones es responsabilidad exclusiva de cada estado participante.

La implementación de la posición común de la UE sobre exportación de armas ha llevado a un mayor intercambio de información, más transparencia y consultas más estrechas. También ha armonizado formas y procedimientos de control a la exportación. Pero hay límites obvios a lo que puede lograrse. Las consultas son en la actualidad un asunto bilateral, sin normas que rijan la forma en que deben llevarse a cabo, y sin el requisito de que se alcance un acuerdo final sobre las decisiones de exportación de armas.

La eficacia de este mecanismo de consulta es difícil de evaluar. De acuerdo a las disposiciones de la posición común, antes de que un Estado miembro conceda una licencia de exportación, deberá consultar con todo Estado miembro que haya negado previamente una licencia similar. Sin embargo, la posición común no especifica el grado en que el otro estado miembro debe ser consultado. Más importante aún, no requiere que el estado miembro que va a  exportar las armas consulte con cualquier otro estado miembro que pueda tener inquietudes al respecto.

Como resultado, las exportaciones de armas a terceros países sigue siendo un tema de discordia dentro de la UE. En el corazón del asunto existe un conflicto entre los intereses nacionales de los estados miembros individuales – la competitividad de las empresas europeas relacionadas con la defensa y la importancia estratégica de los mercados de defensa cuando se vinculan a la política exterior nacional – y el tratado de Lisboa, que se refiere específicamente mayor solidaridad y consulta.

Si el Tratado de Lisboa ha de ser respetado, la solidaridad debe ser vista como una herramienta política para avanzar hacia una política de defensa europea que se oriente al bien común. La aplicación de políticas exclusivamente nacionales sobre transferencia de tecnología va en contra de ese objetivo. Es necesario elaborar reglas más claras para el mecanismo de consulta, y los estados de la UE que exportan armas deben consultar con los gobiernos de todos los demás miembros que puedan tener inquietudes, no solo aquellos que previamente han obtenido o visto rechazada una licencia de exportación.

La UE podría dar pasos hacia una política común de exportación de armas mediante la búsqueda de una visión común de la previsibilidad y la estabilidad de terceros países. El desarrollo de una política común en materia de exportación de armas a tales países debe ir mano a mano con la creación de un mercado de equipos de defensa europeo común que goce de competitividad internacional.

Esto significa que la cooperación con países no pertenecientes a la UE no debe ir en detrimento de la solidaridad y normas comunes en la UE. Consultar en una etapa temprana ayudaría a gestionar las percepciones erróneas – a menudo alimentadas por reportes en los medios de comunicación mucho antes de que se hayan cerrado los contratos – y así fortalecer la convergencia y la unidad entre los estados miembros de la UE.

También se debe pensar en dotar a la UE de un papel más importante en situaciones en que difieran las opiniones de los estados miembros. Por ejemplo, los estados miembros podrían consultar sobre asuntos delicados o polémicos en el Comité Político y de Seguridad. Esto fortalecería la posición común del Consejo de la UE, que ya establece normas generales para el control de las exportaciones de tecnología y equipos militares.

En cuanto a la OTAN, la cuestión de las consultas entre los aliados se aborda en el artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte, que establece que “las Partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, se vean amenazadas la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes.”

Sin embargo, el artículo 4 no se refiere sólo a las amenazas inminentes. Las decisiones adoptadas por un país de la OTAN pueden tener implicaciones para otros aliados. La transferencia de equipo militar y tecnología a terceros países podría afectar la seguridad regional y dar pie a una revisión del sistema de evaluación de las amenazas.

El Consejo del Atlántico Norte parecería un foro obvio en el que aumentar la solidaridad entre los miembros, tranquilizar a los estados miembros que tienen una percepción de mayor vulnerabilidad y evitar errores de percepción. En un nivel inferior, el Comité Político y de colaboración y/o la Conferencia de Directores Nacionales de Armamento se podrían utilizar para las consultas iniciales. Estos asuntos son de interés para todos los aliados, por lo que las discusiones no deben limitarse a las agendas bilaterales.

Las ventas de armas y la transferencia de tecnología plantean cuestiones morales y éticas inevitablemente complejas. Esa es una razón más para buscar discusiones abiertas que refuercen la confianza entre los aliados. La solidaridad no se puede lograr cuando se excluye la mayoría de nuestras instituciones importantes. De hecho, algunas de las decisiones más peligrosas adoptadas tanto en la UE como en la OTAN son las que no se debatieron abiertamente de antemano.

Por Imants Lieģis, ministro de Defensa de Letonia hasta noviembre de 2010 y en la actualidad presidente del Comité de Asuntos Europeos del Parlamento. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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