Armas para los rebeldes sirios

La declaración final de la reunión de los Amigos de Siria en Doha el 22 de junio tuvo un aspecto más duro y práctico de lo habitual. Ministros de nueve de los once países del núcleo del grupo acordaron “proporcionar urgentemente todo el material y equipo militar necesario a la oposición en el campo de batalla” a través del Consejo Superior Militar de los rebeldes. Los Amigos de Siria, además, prometieron “aprovechar todas las vías posibles en la ONU para prestar apoyo y protección al pueblo sirio”. Tal postura significa, implícitamente, la reactivación de la opción de buscar una resolución sujeta al capítulo VII de la Carta de la ONU a iniciativa del Consejo de Seguridad, que podría autorizar sanciones diplomáticas y económicas obligatorias y, posiblemente, una intervención militar contra el régimen.

Según el ministro de Asuntos Exteriores de Qatar, Hamad bin Yasim al Zani, la decisión de armar a la oposición siria obedece a la voluntad de “alcanzar un equilibrio entre las partes que luchan en Siria y acercarse, por tanto, a una solución política”. La clave radica en hacer posible que la oposición y sus patrocinadores externos asistan a una posible conferencia de paz de Ginebra desde una posición de fuerza razonable. Pero esto requiere la capacidad de calibrar impactos, así como de anticipar y controlar resultados cuya consecución no han demostrado, hasta ahora, los Amigos de Siria.

El verdadero problema para los Amigos de Siria es que el suministro de armas de infantería antitanque y antiaéreas tecnológicamente avanzadas es la última carta que pueden jugar sin involucrarse directamente en el plano militar. Figuras de la oposición como el secretario general Mustafa Sabag, de la Coalición Nacional, han reiterado afirmaciones extravagantes en el sentido de que “inclinar la balanza en el campo de batalla supondría sólo unas pocas horas, en caso de haber voluntad política”. Pero grupos rebeldes ya se han hecho con un número reducido de armas de infantería avanzada desde noviembre del año pasado.

El principal desafío a que hacen frente los rebeldes estriba en resolver sus deficiencias básicas: debilidad de mando y control, persistente fragmentación y descoordinación y ausencia de liderazgo político digno de crédito. Los Amigos de Siria han intentado ayudar varias veces a solucionar estos problemas y apoyar la formación de estructuras de mando conjunto, pero son objetivos fuera de su alcance.

En caso de que armar a los rebeldes con armas antitanque y antiaéreas no demuestre ser un factor susceptible de modificar la situación –o si el régimen intensifica a gran escala su respuesta–, los Amigos de Siria harán frente a un difícil dilema. Hipotéticamente, su siguiente opción sería proporcionar armas pesadas –carros de combate y otros vehículos blindados y artillería–, como han instado líderes de la oposición y comandantes rebeldes en los últimos meses. Pero esto requeriría un compromiso material y político de un orden totalmente diferente. Factor aún más importante, los Amigos de Siria habrían de proporcionar cobertura aérea a las líneas de abastecimiento, depósitos y escalas para proteger el armamento pesado que podrían suministrar. El senador estadounidense John McCain estableció esta relación cuando afirmó que “el Ejército Libre de Siria necesita armamento pesado para contrarrestar a los carros de combate y a la aviación; necesita una zona de exclusión aérea y hay que eliminar los recursos aéreos de El Asad”.

Esta lógica de escalada es, precisamente, el factor que hace vacilar a los Amigos de Siria. Esto explica la extrema cautela y las evasivas de EE.UU. y de la UE, en particular, a la hora de armar a la oposición en absoluto. Cuando el consejero adjunto de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes, anunció la decisión de Obama de proporcionar ayuda militar directa a la oposición siria el 14 de junio, asoció específicamente la cuestión al uso de armas químicas por parte del régimen de Asad. Al referirse con pies de plomo al uso de agentes nerviosos como el gas sarín en dos ocasiones como un uso “a escala reducida” en su discurso ya preparado, Rhodes apuntaba claramente que la Administración Obama quiere disuadir al régimen sirio de un mayor uso de armas químicas.

Resulta una ironía que el Reino Unido y Francia, que durante meses han llevado el peso de armar a la oposición siria, hayan experimentado aún más que la Administración Obama la situación de echarse atrás. El 28 de mayo, los dos países vetaron una iniciativa para ampliar el embargo de armas de la UE a Siria, permitiendo suministros a la oposición y obligando a su misma posición a los restantes 25 estados miembros. Pero el primer ministro británico, David Cameron, dio marcha atrás en reacción a la decisión de EE.UU. de proporcionar ayuda militar letal a los rebeldes, diciendo que su Gobierno no había adoptado “ninguna decisión” para armarlos. De hecho, aún no se ha asignado un presupuesto a este fin, de acuerdo con fuentes internas. El presidente francés, François Hollande, también respondió con evasivas y afirmó: “Sólo podemos actuar en el marco del derecho internacional”, en respuesta al uso de armas químicas por parte del régimen, lo que convertía cualquier medida más tajante en rehén del veto de Rusia en la ONU.

Los Amigos de Siria se hallan, sin embargo, cada vez más cerca de dotar a los rebeldes de una capacidad antitanque más eficaz y, con menor seguridad, de tipo antiaéreo. En caso de que el suministro de estas armas se produzca en cantidades suficientes y sea respaldado con una instrucción adecuada y una buena planificación, aumentará la capacidad de los rebeldes de frenar las fuerzas del régimen, con ganancia de tiempo para la oposición. Pero los Amigos de Siria siguen careciendo de los medios para imponer la perspectiva que reiteraron recientemente en Doha, la de que “Bashar el Asad no tiene ningún papel en el órgano de gobierno de transición o en fecha posterior”. De hecho, no pueden estar seguros de que las armas que suministren permitan que los rebeldes impongan un equilibrio estratégico con respecto al régimen. ¿Y si se inclina la balanza hacia el otro lado?

Los Amigos de Siria pueden llegar pronto a la conclusión de que la participación directa es la única manera de evitar una abierta retirada. Esto no tiene por qué significar la imposición de una zona de exclusión aérea sobre toda Siria ni el envío de tropas al campo de batalla. Los Amigos de Siria podrían, en cambio, designar zonas seguras al estilo balcánico en las fronteras de Siria con Turquía y Jordania, que se comprometerían a proteger de los ataques del régimen. A menos que los Amigos de Siria estén dispuestos a imponer nuevas reglas de compromiso, armar a los rebeldes es poco más que una medida provisional. Es la opción barata, aun teniendo en cuenta que los principales miembros del “núcleo del grupo” prometieron más ayuda humanitaria por casi 1.500 millones de dólares en la cumbre del G-8, sólo días antes de la reunión de Doha. Peor aún, revela que los Amigos de Siria no tienen un plan para poner fin al conflicto sirio o impedir que descienda a nuevas profundidades de violencia y desplazamiento en masa de población.

Yezid Sayigh, investigador asociado del Centro Carnegie sobre Oriente Medio, Beirut. Traducción: José María Puig de la Bellacasa.

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