Arreglar el mundo

Por Thomas Friedman, analista político estadounidense. © The New York Times, 2003 (EL PAÍS, 18/03/03):

Algunos días coge uno el periódico y no sabe si reír o llorar. Veamos, el primer ministro de Serbia acaba de ser asesinado, y si no le parece a uno que es una señal de mal agüero, es que no estuvo en clase el día que enseñaban la Primera Guerra Mundial. Nuestro aliado más fuerte para la guerra contra Irak es Bulgaria, país por el que siempre he sentido simpatía, ya que protegió a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, pero que siempre ha estado en el lado de los vencidos en todas las guerras desde hace 100 años. El Congreso de EEUU ha rebautizado las patatas fritas (french fries) como “patatas de la libertad” (freedom fries). George Bush ha conseguido perder el concurso de popularidad mundial en favor de Sadam Husein, e intenta recabar apoyo diplomático en Europa a base de viajar a las Islas Azores, remoto archipiélago en el Océano Atlántico, para persuadir a los ya persuadidos líderes de Gran Bretaña y de España para que se mantengan firmes con él. Supongo que no era posible irse al Polo Norte. Yo he estado en las Azores. Fue con el secretario de Estado James Baker, creo recordar, durante uno de sus siete viajes alrededor del mundo para conseguir apoyos para la primera guerra del Golfo. Baker hizo escala en las Azores para que su avión repostara.

Una vez dicho esto, me alegro de que Bush se reúna con Tony Blair. De hecho, me gustaría que le traspasara el liderazgo en la crisis de Irak. Blair tiene una visión internacional que a Bush le hace muchísima falta. “El presidente Bush debería encargarse de utilizar la fuerza de que dispone para esta guerra”, afirma el experto en Oriente Próximo Stephen P. Cohen, “y Tony Blair debería encargarse de indicar dónde se debería aplicar esa fuerza”.

¿Por qué? ¿Qué tiene Tony Blair que no tenga George Bush? La única manera en que lo puedo explicar es recurriendo a un concepto de la Cábala llamado “tikkun olam”, que significa “arreglar el mundo”. Si han escuchado ustedes los discursos de Tony Blair en las últimas semanas, se habrán percatado de que contienen algo que sorprendentemente está ausente de los de Bush. Tony Blair coloca constantemente la lucha por mejorar Irak dentro de un contexto más amplio de preocupaciones morales. Tony Blair siempre te deja con la impresión de que para él la guerra de Irak es un esfuerzo de tikkum olam, o sea, para arreglar el mundo.

¿Han escuchado el reciente discurso de Blair sobre el medio ambiente? Hizo un llamamiento para llegar a un nuevo “consenso internacional para proteger nuestro medio ambiente y para combatir los devastadores efectos del cambio climático”. “Kioto no es suficientemente radical”, dijo. “En definitiva se trata de nuestro mundo como comunidad global… Lo que nos falta en la actualidad es un programa suficientemente amplio y justo… Esa es la verdadera tarea de los estadistas hoy”.

¿Escucharon a Blair hablar el viernes pasado sobre el conflicto de Oriente Próximo? “Hacemos bien en centrarnos en Sadam Husein y sus armas de destrucción masiva”, dijo, “pero debemos poner igual atención en la preocupante situación de las personas cuyas vidas están siendo destruidas por la carencia de progreso en el proceso de paz. Ciudadanos israelíes y palestinos”.

Comparen estas declaraciones con las de Bush. En su declaración desde la Casa Blanca sobre la reanudación del proceso de paz puso el mismo entusiasmo que pone uno cuando va al dentista. En asuntos de medio ambiente, el presidente nunca se ha dado cuenta de lo perjudicial que ha sido para él el haber rechazado el Protocolo de Kioto, que era imposible de poner en práctica, sin haber ofrecido una alternativa. Nada ha dañado tanto la imagen de EE UU como la impresión que ha dejado Bush de que cuando se trata de terrorismo -nuestra guerra- hay que poner en marcha una cruzada universal, pero si se trata de medio ambiente -preocupación universal de otros- haremos lo que nos venga en gana.

Sí, es cierto, hay personas y naciones que tienen envidia del poder de EE UU y por ello se oponen a nosotros con relación a Irak. Pero hay algo más en esa oposición. Yo me identifico profundamente con la idea de Bush de acabar con la tiranía de Sadam Husein y de construir un Irak mejor y más progresista. Si se hace bien, será de enorme importancia para el futuro del mundo árabe-musulmán, y esa es la razón por la que no quiero renunciar a esta guerra. Pero, ¿se puede contar con que el equipo de Bush lo vaya a hacer bien? El mayor punto débil de Bush es que hay demasiada gente, tanto dentro como fuera de EE UU, que se huele que no está realmente interesado en arreglar el mundo. Todo gira en torno a la guerra y el terrorismo.

Dios sabe que no quito importancia a los peligros con que nos enfrentamos, pero todo lo que hemos estado haciendo los últimos 18 meses es exportar nuestros miedos al mundo. Prácticamente todo lo que se dice en los discursos de Bush es cómo nos vamos a defender y quién va a ser el próximo al que atacaremos. EE UU como un faro de optimismo -Estados Unidos como el carpintero jefe del mundo, no sólo como policía- ya no existe. Nos hace falta un poco menos de John Wayne y un poco más de J. F. K. Una vez que haya pasado esta crisis de Irak, deberemos volver a exportar nuestras esperanzas en lugar de nuestros miedos.

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