Asesinados por segunda vez

Por Slobodan Minic, periodista y ex director de Cultura de la Radio Televisión de Sarajevo (EL PERIÓDICO, 19/03/07):

La decisión del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) de exculpar a Serbia de los crímenes de guerra cometidos en Bosnia, concretamente en Srebrenica, dejó perplejos a los familiares de las víctimas de la mayor matanza en Europa desde la segunda guerra mundial. “Nos han matado por segunda vez”, decía, entre lágrimas y con fotos de su marido, sus hijos y hermanos fusilados en Srebrenica, una anciana bosnia ante el edificio del tribunal.
Exactamente 15 años después del inicio de la guerra de los Balcanes, ese ambiguo veredicto, que exculpa a Serbia y culpa a los serbobosnios del genocidio, levantó los ánimos y los sentimientos extremos entre sus protagonistas. La sentencia, que abre nuevas incógnitas en la difícil situación de los Balcanes, fue recibida con diferentes grados de entusiasmo o decepción, según la comunidad o fuerza política. Los croatas de Bosnia la recibieron con indiferencia. Croacia la condenó, pero con alivio –¿quién podrá pedir su responsabilidad por las atrocidades cometidas en la parte de Bosnia que ellos controlaban?–. Los serbobosnios la recibieron con ambigüedad. Por un lado la celebraron, porque durante años habían pedido e incluso chantajeado al Gobierno bosnio para que retirara la denuncia. Por el otro, la decisión del tribunal les deja como únicos culpables del genocidio.

EL GOBIERNO de Serbia y sus ciudadanos, en general, celebraron la sentencia. No les afecta demasiado la parte que proclama su culpabilidad y responsabilidad moral. En una época de profunda inmoralidad, en la que ser moral es sinónimo de ser débil e ingenuo, una condena moral causa risa. De cómo les afectó la condena habla el hecho de que los representantes de Serbia, media hora después del juicio, celebraran el veredicto en su embajada en La Haya con cham- pán y música, como si se tratara de un éxito deportivo. La satisfacción se extendió por todo el país porque, si no hay culpabilidad oficial, no hay necesidad de dolorosa catarsis nacional, de pedir disculpas y, aún menos, de indemnizar y reparar. Para demostrar el verdadero rostro de su régimen, un día después de la decisión judicial, el Parlamento serbio rechazó la aprobación que condenaría el genocidio de Srebrenica.
Los bosnios, especialmente los musulmanes, se han vuelto a sentir impotentes. Según su lectura del veredicto, parece que 200.000 muertos, 8.000 solo en Srebrenica, han sido las víctimas de un par de locos, irresponsables e incontrolables. En su desolación, se aferran a un único detalle positivo: al final se ha reconocido que en este país sí se cometió el genocidio, y se nombran algunos culpables y sus cómplices.
¿Cómo podemos comprender la decisión del máximo órgano de la justicia internacional? Sabiendo que la base ideológica para la guerra de los Balcanes era el Memorando de la Academia de las Ciencias y las Artes Serbia, que el plan militar lo elaboraron políticos y militares serbios, que en los primeros días el Ejército serbio ocupó y entregó a los serbobosnios los puntos estratégicos de Bosnia, que toda la logística proce- día de Serbia, que la mayoría de oficiales serbobosnios cobraban nóminas de Belgrado, que la labor de mentalización para la guerra la hizo la iglesia ortodoxa serbia, que la terrible imagen de la ejecución de unos chavales bosnios arrestados en Srebrenica demuestra que los asesinos llevaban el uniforme del Ejército serbio, etcétera, entonces la decisión del tribunal se puede entender solo en clave política.
Lo mismo afirma el comentarista de un diario de Sarajevo: “La decisión del tribunal nos puede decepcionar, disgustar o incluso enojar, pero no sorprender. El poder político es el que constituye y disuelve todos los tribunales –no se conoce ni uno que se haya constituido por sí solo, incluido este de la Haya–“. Opino lo mismo. Se trata de un veredicto sumamente político. La llamada comunidad internacional, con su injusta conclusión, quiere suavizar la postura del Gobierno serbio en las difíciles negociaciones sobre el futuro de Kosovo, la provincia (aún) serbia, con mayoría albanesa, que pide independencia, donde empezó y donde acabará el galimatías balcánico.

Y AQUÍ es donde se equivocan los políticos occidentales. Ya se lo dijo a Moratinos el ministro de Exteriores serbio. Lo dicen y lo demuestran los extremistas y radicales de este país, que tras la publicación de la sentencia salieron a la calle con signos e iconos de santos ortodoxos ya vistos en las masacres de Bosnia, convencidos más que nunca de su paranoica idea de que la guerra que empezaron y llevaron a cabo no era una agresión, un crimen ni un genocidio, sino “la guerra santa por una causa justa”. Y qué sitio mas idóneo para acabar la guerra santa que Kosovo, la tierra santa de todos los serbios.
¿Y qué decir de las víctimas, ejecutadas por las ideas y las armas de los ahora exculpados? Doce años después de la masacre, la mayoría de los asesinados todavía no están identificados, y parece que nunca lo estarán. Tras la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia, parece que sus asesinos, tampoco.